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Jueves, 8 de octubre de 2026

¿Por qué yo SÍ y Uribe NO?

javier-uribe

CREPITACIONES 2015

Como me considero un ratón de biblioteca, me gusta coleccionar y aprenderme de memoria algunas frases célebres entresacadas de mis lecturas y autores favoritos, para luego aplicarlas en mi vida y en mis columnas semanales. Al respecto, hay por allí una frase célebre muy importante, la cual considero muy práctica en la vida diaria y que recomiendo muy especialmente a ustedes mis amables lectores, para dirimir cualquier asunto espinoso de la misma, vale decir para seguir adelante en su camino, a veces lleno de espinas, a veces de rosas y que se aplica muy bien en la presente ocasión, para los efectos de esta columna. Esa frase afirma: “LAS ACTITUDES SON MÁS IMPORTANTES QUE LOS HECHOS”, haciendo énfasis a la importancia de saber enfocar al lado correcto nuestra manera de pensar acerca de cualquier situación que tengamos en la vida y no al hecho en sí mismo, no importando cuál sea su dimensión o circunstancias. Les cuento que esta frase me ha ayudado mucho a sortear dificultades que parecían difíciles al comienzo y luego seguir con buen ánimo y confianza.

Dentro de este orden de ideas, vamos al grano. La vorágine de la violencia colombiana de parte de las FARC, la cual está a punto de concluir merced a las conversaciones de La Habana, que ya llevan cuatro años, alguna vez en su zigzagueante y tenebroso recorrido de muerte nos tocó con su horrible guadaña y cercenó vidas inocentes de nuestros familiares más cercanos, llenando de luto, dolor y lágrimas nuestras vidas y las de miles de colombianos durante más de 50 años. Incluso, en mi caso personal, era muy optimista y pensaba que nunca esa vorágine nos iba a tocar, pero lo hizo, y de qué manera tan dramática, llevándose a mi santa madre en el año 2000, igual que al expresidente Uribe, llevándose a su señor padre en el año 1983.

El padre de Álvaro Uribe, el señor Alberto Uribe Sierra, fue asesinado por tres guerrilleros de las Farc el martes 14 de junio de 1983, en la hacienda Guacharacas, en el municipio de San Roque (Antioquia). Dos disparos (uno en el pecho y otro en la cabeza) acabaron con su vida. Mi santa madre, Amelia Medina de Dorado, fue asesinada por varios guerrilleros las Farc, durante un ataque a un CAI de la policía el 8 de diciembre de 2000, en Popayán. Un disparo de fusil, en su abdomen, cercenó su vida, a los 65 años. Era madre de 11 hijos, siendo yo el mayor.

Ahora bien, aparece en escena la frase ya comentada. Ambos, Uribe y mi persona, tenemos sobrados motivos para odiar de por vida a las Farc, pues nos quitaron a nuestros padres con 17 años de diferencia, imagínense ustedes, pero nuestras ACTITUDES ante semejantes HECHOS son muy opuestas. Desde que empezaron los diálogos en La Habana, he sido partidario de ellos, creo en la paz, votaré por el SÍ en el plebiscito y LOS PERDONO A ELLOS. En cambio el señor Uribe, es todo lo contrario, su actitud es ególatra, vive obnubilado por el poder y por un capricho personal pues no pudo doblegar a las Farc cuando pudo hacerlo, vive en otra galaxia, en otra dimensión, fuera de este hermoso país que es Colombia, el cual merece un porvenir mejor, con un nuevo ambiente de paz que ya se vislumbra en el horizonte para todos los colombianos de bien.

Yo sí creo en la paz y en el perdón. En cambio, Uribe no ha querido hacerlo, por los motivos ya expuestos. Ojalá que algún día su corazón de colombiano se ablande y cambie de ACTITUD. El odio es dañino y carcome el corazón y la conciencia. Como dijo Daniel Samper Ospina: “Banderas y camisas negras pide vestir Uribe como homenaje a su propia conciencia”.

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