POR FAVOR, ¡NO MÁS!


POR FAVOR, ¡NO MÁS!

No sé si uno es muy ingenuo o por el contrario es esta «realidad» la extremadamente ahogada en su ingenuidad, y más, hundida en extrema-incurable perversidad desde siempre. Porque es indudable que este mundo, montado en tres únicos dioses falsos: «lo político, económico y social», no tiene otros rumbos hacia dónde mirar para construir una civilización mejor, del orden, la equidad, la justicia y el bien universales. Los últimos acontecimientos de brutalidad y tropelías urbanas lo confirman suficientemente; y el germen de la violencia parece no apaciguarse; por el contrario, hemos visto cómo esta odiosa e indigna situación se cierne en nuestro país con más fuerza cada día, propagando un clima impune de miedo e inseguridad generalizados, y el gobierno de turno se ve obligado, como tantos otros, a guarecerse en dialécticas discursivas falaces que ya cansan con su odiosa, detestable aparatosidad ineficiente.
Es obvio que esta sociedad, este mundo, necesitan cambios estructurales que a todos, absolutamente a todos nos conciernen. Pero ninguna política cambiará el mundo; todas son perversas visiones particulares que reducen el mundo a esos tales tres únicos dioses falsos mencionados arriba.
Sí; cambios estructurales es lo que necesita este mundo; pero cambios en el interior del ser humano, en su corazón, sensibilidad e inteligencia, porque no es otro sino el mismo ser humano el responsable de la construcción de esta sociedad cada vez más alienada e insaciable, obsesionada con sus treinta monedas de plata y no otra cosa.
Detestable, deplorable y penoso, lo sucedido anoche en cuanto a orden público en nuestro país. Y lo que necesita este mundo es, definitivamente, una espiritualidad que cambie el corazón e inteligencia del ser humano, y lo haga ver en otra dirección más profunda y humanitaria; una moralidad y ética comprometida que lo haga más luminoso y bondadoso, solidario, justo y responsable consigo mismo y los demás. En un mundo así no se necesitan políticos astutos odiosos, ni gobernantes zorros amparados en su hipocresía, que lo único que persiguen es el lucro personal y el de sus clanes a ultranza. En un mundo así sobran estas trampas y argucias de la degeneración y la perversidad. Pero esto es utopía, idealismo. Nunca sucederá.
Mientras tanto, seguiremos en manos del diablo disfrazado de bien. Estaremos hundidos para siempre en el «reino de la cantidad y los signos de los tiempos», deplorable Babel que nos ha encastillado en lo más bruto de una «civilización» materialista, hinchada en su fétida enfermedad de muerte y horror generalizados.
¡Dios se apiade, si es que existe!
**RVQ**
*************************
Otras publicaciones de este autor en Proclama del Cauca y Valle:




