Por el camino del estoico – II


Foto: CurioSfera
Por el camino del estoico – II Séneca

Lucio Anneo Séneca (Córdoba, 4 a. C. – Roma, 65 d. C.), es el segundo autor en «El camino del estoico / Sabiduría para una vida plena». A Séneca se le recuerda con frecuencia por su escrito “De la brevedad de la vida”, que en el día a día se repite como una verdad incontestable. Salvo que para Séneca no hay tal, dado que una vida breve no debería tener tantos abismos de aburrimientos, tedios, angustias…; debería ser un sosegado paseo. Ni la vida ni el tiempo son tan breves como parece. “El tiempo que tenemos no es corto; pero perdiendo mucho de él, hacemos que lo sea, y la vida es suficientemente larga para ejecutar en ella cosas grandes, si la empleáramos bien”.
Asimismo, Séneca sugiere actividades que en esencia muestran cómo hacer del tiempo un aliado; entre las más saludables se mencionan leer y escribir, tan oportunas cuando los años van pasando cuenta de cobro desde la memoria. “…escribe para ocupar el tiempo y para tu provecho, con estilo sencillo y no con afectación. […] que su lenguaje también sea profundo y que el discurso esté a la altura del asunto”. La escritura, en cuanto oficio, es una evidencia notable de cómo se pueden llevar a buen puerto el tiempo y la vida.
Mientras Séneca escribía en Roma, los primeros cristianos, en Palestina/Israel, recogían en sentencias la doctrina de Jesús de Galilea; en sentencias, como era usanza en esa época. Séneca puntualiza un aspecto que es oportuno mencionar: esas escrituras de los primeros siglos de nuestra era tenían una costura literaria que arropaba con velos el verdadero sentido (leer la mera letra enajena el camino): “…no vivo de un modo y hablo de otro, sino que vosotros oís mal; solo llega a vuestros oídos el sonido de mis palabras; no buscáis su significado”.
Otro tema, caro a los intereses espirituales de Séneca es la ira, asunto al que dedicó muchas páginas dado su carácter asaz nocivo para la vida y para la persona en sus relaciones sociales, al punto que la ira puede traer, “…el luto a los padres, el divorcio a los esposos, el odio a los magistrados, a los candidatos el fracaso”. En esencia, la ira es la pasión más sombría y desenfrenada de todas; luego hay que caminar siempre con el mayor sigilo para no caer en sus deleznables celadas, como la ‘demencia’ de “irritarse contra cosas que no pueden merecer ni sentir nuestra cólera”. Séneca trae la escena, un tanto cómica, de ‘Sócrates con su esclavo’: «Te azotaría si no estuviese encolerizado». Y dejaba para momento más tranquilo la corrección del esclavo, “y al mismo tiempo se corregía a sí mismo”.
Cierro con estas sentencias de Séneca.
- Algunas dolencias han de curarse ignorándolas los enfermos. Causa de muerte fue para muchos conocer su enfermedad.
- Tenemos delante de los ojos los vicios ajenos, y a la espalda los nuestros.
- Cada cual encuentra en su propio corazón aquello mismo que reprende en otro.
- Mejor es que pasemos en reposo y en paz los pocos días que nos quedan.
- Felicidad es que todavía queda algo que esperar.
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