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Domingo, 11 de octubre de 2026

Por el camino del estoico – I

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Por el camino del estoico – I
Por el camino del estoico – I
Foto: Linkedln

Por el camino del estoico – I

    «El camino del estoico / Sabiduría para una vida plena», 437 pp. Es el título de una publicación de DG Editores, 2023. Una selección de textos de tres autores representantes del estoicismo latino: Epicteto, Séneca y Marco Aurelio. Con una introducción que resume los fundamentos de esta escuela filosófica, que florece en Roma entre los siglos III a. C. y III d. C. Dos ideas forman su base: una, que debemos aceptar los eventos externos sin juzgarlos y enfocarnos en lo que podemos controlar; dos, el dominio (control) de los hechos, cosas y pasiones que alternan la vida. Y dos características: primera, la importancia de la razón y la lógica para tomar decisiones y actuar; segunda, vivir según la naturaleza y ser virtuosos.

    EPICTETO. Es poco lo que se sabe de este personaje. De origen griego, es llevado a Roma como esclavo, en tiempos de Nerón; obtiene la libertad y se hace profesor de filosofía. De su nacimiento y muerte, solo meras estimaciones: entre 50 y 60 d. C. y 100/135 d. C. En lo que dejó escrito consignó datos supuestamente autobiográficos: «En lo que a mí respecta, ¿qué soy? Un pobre desdichado, esto que compone mi cuerpo, algo enfermizo y miserable». Se cree que también era cojo.

    Un tema objeto de reflexión en esta escuela es la muerte. Un misterio con casi todas las preguntas por resolver, de un lado; de otro, la poca tolerancia en la mente de las personas, a pesar de ser conscientes de la ‘brevedad de la vida’ y la infinitud después de ella. Epicteto consuela con base en la razón y en el orden natural de las cosas: «La muerte en modo alguno es un mal; no obstante, opinamos todo lo contrario, y eso sí que es un verdadero mal».

     Otra razón para negarle hospitalidad mental a la muerte son los apegos, en las formas del amor y el deseo de seguir viviendo. Una realidad (la vida) que Epicteto advierte limitada y en el orden de lo prestado; y ahí, para que quien tenga oídos que oiga, este consuelo: «Si es en un hijo o en una mujer en quien depositas tu amor, repítete frecuentemente que amas a un ser mortal, con objeto de que, si la muerte te los arrebata, tu pesar sea mucho menor».

    Y en virtud de la ‘brevedad de la vida’, Epicteto exhorta, a fin de que el trabajo –a veces excesivo– no nos enajene, al grado de privarnos de los parabienes de otras actividades, de la familia y, lo que es peor, de uno mismo; exhorta, digo, a “darte tiempo para ocuparte de ti mismo, leer, meditar, escribir sobre las cosas más importantes…” Y como aquel poeta que algunos recuerdan, “que lo poco que le quedaba de vida estaba decidido a consagrarlo al reposo, lejos del tumulto y del peso de los negocios”. 

    En aquel tiempo los pensadores solían enseñar con máximas, y llamaban a mantenerse firmes y fieles en su obediencia, cual si fueran leyes que no se pueden violar. He aquí algunas:

  • No existe nuestro bien y nuestro mal sino en nuestra voluntad.
  • Conserva bien lo tuyo y no codicies lo ajeno. Si lo haces, nada podrá impedirte el ser dichoso.
  • No hay que tener miedo de la pobreza, ni del destierro, ni de la cárcel, ni de la muerte. De lo que hay que tener miedo es del propio miedo.
  • No quiero cartas de recomendación; guárdalas para los tímidos y para los cobardes.  
  • ¿No sabes que el origen de todas las miserias del hombre no es la muerte, sino el temor a la muerte?

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Otras publicaciones de este autor en:

Donaldo Mendoza

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