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miércoles 26 mayo, 2010 a las 11:57 am

La Nueva Ola

Por Alfonso Lunageller

Soy un nostálgico irredimible; de esos que nos volvemos cansones con los amigos, capaces de soportar las empalagosas peroratas que inútilmente pretenden demostrar que lo de ayer fue lo mejor, aunque estemos disfrutando de la reluciente tarde de hoy y seamos optimistas muy campantes de lo que se nos viene mañana.

En la esquina del parque, conversando con Jairo, no sé en qué momento me deslicé, otra vez, a mi niñez y juventud, en los ‘no muy lejanos’ años 60 y 70, y sin advertirle nada acerca de mis abstracciones, comencé a hablar de “La Nueva Ola”. ¡Ahí fue Troya! No, mi querido Alfonso, me objetó antes de comenzar mi serena añoranza, la situación colombiana no se puede resolver con zanahorias, mimos ni girasoles; Venezuela, Ecuador, las FARC, los guerrilleros vestidos de civil y la delincuencia narcoterrorista, necesitan la ‘Seguridad Democrática’ ampliada, unas fuerzas armadas que se hagan respetar adentro y por fuera… Pero, Jairo, yo me voy a referir es a… No, hombre, ya sabemos de tus referencias en temporadas pre-electorales, pero, te advierto, las mayorías de este país eso es lo que quieren… seguridad a la fija… vos, como reconocido Liberal, oposicionista, obvio que no estás de acuerdo… ahora, eso de la “Ola Verde” no calza con la situación actual, no seas iluso… Mirá, Jairo, le dije ya alterándome, la nueva ola es, o era… Sí, ya sé, que ya nos alcanzaron y sobrepasan en las encuestas, que esa nueva ola pretende arrollarnos… pero vas a ver lo que se viene, eso no es tan fácil con un gobierno fuerte como ‘el nuestro’, que impulsa con todos sus recursos a un candidato propio… vas a ver…

Como Jairo no me dejó hablar, decidí dejar constancia, como las que hacen los columnistas; sientan cátedra y nadie puede interrumpirlos mientras terminan de transmitir la idea con que pretenden formar opinión pública. Así, por escrito, alguien podrá aguantar mi cháchara, pensé.

La verdad, es que iba a aprovechar que todavía existe en el ambiente un público ansioso por recordar la nostalgia de esos tiempos, y como era viernes de esplendoroso sol proyectando un mágico atardecer quilichagueño, se justificaba la evocación. Máxime, que había entre nosotros algunos amigos con ganas de gastarse unos guaritos. “La Nueva Ola” fue el movimiento musical que surgió en Colombia en esa época, con temas románticos, con la llegada de las modas foráneas, géneros y estilos musicales que impactaron en la juventud, pero bueno, después del chasco con Jairo, se me fue la onda y tuve que volver a lo de casi siempre, a referirme a lo actual, cosa que no se hace con mucha alegría.

La ‘Nueva Ola’ que amilana a Jairo, es otra, la verde, ésa que se levanta a paso mesurado pero apremiante, que es una manera de pensar y también añorar, que ha estado pasiva y resignada en cada uno de nosotros, los soñadores, que ante los tiempos vigentes, cuando abunda la corrupción en las administraciones públicas locales, departamentales y nacionales, y la miseria es una situación tangible en una región exquisita en recursos naturales como Colombia, rechaza rotundamente las prácticas tradicionales de la política que conllevaron a este estado lamentable de cosas que padecemos todos.

La nueva ola verde, para qué negarlo, también me gusta porque son ideas frescas, las que cambiarán los modelos convencionales, las que ahora predican honestidad y transparencia, sin ensuciarse las manos, como único sendero para que el país prospere sobre una plataforma ética. Ojalá Jairo, me leyera, voy pensando, porque de verdad, la gente aborrece la esencia típica de la política y aunque tiene derecho de elegir y ser elegida, no encuentra sentido en que siempre lleguen al poder los mismos con las mismas atrocidades. Pero la nueva ola nos ofrece una impostergable oportunidad.

La nueva ola que Jairo teme, es aquella que rechaza a las reconocidas personas y familias que llegan a los puestos de mando superior a engordarse de manera descarada, para derrochar, ostentar sus riquezas y abusar del poderío que la sociedad les otorgó, y que siempre tienen una disculpa a mano para disfrazar los escándalos de corrupción que les han rodeado. Por esta razón la aparición de un candidato que promueve un estilo diferente de hacer política y que defiende la tesis de que los recursos públicos son sagrados ha atraído un número cada vez mayor de simpatizantes formando una nueva ola.

Jairo, ahora que me metiste a hablar de esta nueva ola, te diré que Colombia debe elegir un líder que saque al país de su cultura política parasitaria. No creas que porque J.J. le ha estado endilgando una pretendida debilidad de carácter acompañada de confusión de criterios, no tiene la capacidad de transformar profundamente la sociedad para que cada vida sea sagrada, cada peso público se gaste bien y la ilegalidad desaparezca. Eso los aterroriza, por eso, mi admiración por la ola verde y por eso ellos dicen que Mockus no puede llegar a ser presidente, porque es un loquito que pone todos sus huevos en el campo de la educación, de la cultura ciudadana y en el del cumplimiento de la ley. Por todo, le hago coro unánime a quien dijo que “el país está volviendo a sus cabales y que, a pesar de tantas cosas que le han ocurrido, no ha perdido la cordura, ni la fuerza, ni la esperanza”.

Nos vemos, Jairo, para ver si algún día, tranquilamente, podemos volver a añorar la verdadera Nueva Ola, la que nos hacía fantasear románticos en que la vida debía ser otra, aquella donde no existieron ‘falsos positivos’, ni Yidispolítica, ni chuzadas para perseguir y amenazar opositores, críticos y magistrados de la Corte que investigan la parapolítica. Ojalá llegue una nueva ola a la Colombia del futuro, que ya comenzó.

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