Popayán requiere buenos gerentes públicos en sus dependencias


Popayán requiere buenos gerentes públicos en sus dependencias.
En el escenario contemporáneo, hablar de administración pública es hablar de un pasado que ha dado paso a la era de la gerencia pública. Esta transición no es simplemente un cambio de terminología, sino una transformación profunda en la forma en que concebimos y ejercemos el servicio público. Hoy, más que nunca, quienes ocupan cargos de gerencia pública deben estar dotados de una amplia gama de habilidades que van mucho más allá de la simple capacidad administrativa. Liderazgo, visión estratégica, sentido humano y experiencia son esenciales para quienes asumen la responsabilidad de guiar a nuestras ciudades y departamentos.
Ser un gerente público en una ciudad capital como Popayán no es tarea fácil. Implica tomar decisiones que afectan directamente la vida de miles de ciudadanos. Por ello, la selección de quienes ocupan las secretarías de despacho y otros cargos clave no puede basarse en criterios débiles o caprichosos. Lamentablemente, en los últimos tiempos hemos visto cómo algunas posiciones estratégicas han sido ocupadas por personas sin la experiencia necesaria para enfrentar los desafíos que estos roles demandan. Esta situación es preocupante y debería llamar la atención de todos aquellos comprometidos con el bienestar de nuestra ciudad.
En un mundo globalizado, los gerentes públicos deben ser capaces de interlocutar con actores no solo locales y regionales, sino también internacionales. La complejidad de los problemas públicos actuales exige soluciones innovadoras que solo pueden surgir de líderes preparados para pensar en un contexto global. No basta con gestionar lo cotidiano; es necesario anticiparse, planificar y articular esfuerzos con múltiples actores que trascienden las fronteras de nuestra ciudad.
Además, la normativa que rige la gestión pública es cada vez más estricta y compleja. Ejecutar un solo peso del erario implica realizar estudios y diseños exhaustivos, análisis de mercado, evaluaciones del sector y justificaciones bien fundamentadas. Todo ello bajo un marco normativo que exige precisión y transparencia en cada paso. Es decir, la gerencia pública no es solo cuestión de voluntad; es un proceso técnico que requiere conocimientos especializados y una preparación integral.
Es imprescindible comprender que la inexperiencia en cargos de alta responsabilidad no solo es un riesgo para la eficacia de la gestión pública, sino que puede tener consecuencias nefastas para el desarrollo de la ciudad. Popayán no puede permitirse el lujo de esperar mientras las nuevas administraciones cumplen su curva de aprendizaje. Cada día perdido, cada decisión mal tomada, tiene un costo real para nuestra comunidad, un costo que pagamos todos los ciudadanos en términos de calidad de vida, oportunidades perdidas y deterioro de la confianza en nuestras instituciones.
Al mismo tiempo, debemos recordar que las decisiones públicas deben estar fundamentadas en tres pilares fundamentales: recursos, legitimidad y valor público. Estos elementos no se alcanzan de la noche a la mañana ni se justifican con simples palabras o promesas. Lograrlos requiere de una gestión pública competente, fundamentada en la experiencia y la capacidad de quienes la lideran. Los recursos deben ser gestionados de manera eficiente, la legitimidad se construye con transparencia y participación ciudadana, y el valor público es el resultado de decisiones que verdaderamente mejoran la vida de las personas.
Es triste ver cómo, en algunos casos, se ha dejado de lado la importancia de estos principios, priorizando intereses personales, partidistas o algunas inexplicables, sobre el bien común. Mi esperanza es que quienes hoy asumen roles clave en la administración de nuestra ciudad comprendan la magnitud de la responsabilidad que tienen en sus manos. Popayán necesita líderes capaces, comprometidos y con la experiencia necesaria para enfrentar los retos que se avecinan.
En definitiva, es urgente que se entienda que los cargos públicos no son simples posiciones de poder, sino espacios de servicio a la comunidad que requieren una dedicación absoluta y una preparación integral. La gerencia pública no es un juego; es una misión que exige lo mejor de quienes la ejercen, por el bien de todos.




