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Jueves, 1 de octubre de 2026

Popayán cubierta de ceniza volcánica

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POPAYÁN CUBIERTO DE CENIZA VOLCÁNICA.

El Puracé, montaña de fuego en dialecto indígena, es de los volcanes más activos en Colombia y hace parte de los 15 cráteres de la Cadena de los Coconucos, siendo el más joven y septentrional de ellos, cubrió de cenizas la ciudad de Popayán esta madrugada del 20 de enero de 2025. La población circundante al volcán en un entorno de 35 kilómetros, alcanza a los 530 mil habitantes.

El volcán se eleva a 4.650 msnm en la Cordillera Central, rodeado de 14 cráteres que conforman la Cadena Volcánica de los Kokonukos, su actividad se ha reportado desde 1801 y documentado desde 1827. Se han registradas 15 erupciones con daños materiales y pérdida de vidas. Está a 26 kilómetros de Popayán, a 10 kilómetros de Puracé y al 11 de Coconuco. La última ocurrió en el mes de marzo de 1977.

Sus cenizas cubrieron sus calles, techumbres, parques, avenidas y todo el inmobiliario urbano, en forma de partículas finas y ligeras producidas durante la erupción de la noche del domingo 19 de enero.

Las cenizas volcánicas se producen cuando la lava y los gases volcánicos son expulsados de durante la erupción. La lava se enfría y se solidifica rápidamente, formando partículas finas y ligeros que impulsadas por los vientos se dispersan por todo el paisaje de su zona de influencias, causando impactos significativos en el medio ambiente y en la población que la habita.

Las emanaciones de cenizas del Puracé contienen: silicatos, óxidos de hierro, titanio, carbonatos, sulfatos y partículas de vidrio volcánico que son microscópicas y muy peligrosas para el medio ambiente y la sociedad pues contaminan el aire y causan problemas respiratorios para los seres vivos, afectan la agricultura, queman las plantas y reducir la productividad agrícola.

Generando pérdidas en la producción y la disminución del turismo. Es recomendable el uso de máscaras y equipo de protección para evitar la inhalación de cenizas volcánicas, es conveniente la limpieza permanente de la zona afectada y proporcionar apoyo económico a las personas y comunidades afectadas por el volcán Puracé.

Una erupción del Puracé, devastaría los rezagos de la mina de Azufre, la población de Puracé y las veredas Tabío, Campamento, Cuaré y Pululó Paletará y la ciudad de Popayán que podrían verse afectadas por eventuales flujos de lodo o el aumento del caudal en la quebrada Río Blanco y el río Cauca.  Los piroclastos de caída por su incandescencia, constituyen la amenaza principal para las poblaciones de Coconuco, Poblazón y Timbío.

Una de los eventos más eruptivos ocurrió el 4 de octubre de 1849, registrado por el “The New York Times”, donde se relata que siendo la 2:30 de la mañana, la montaña de fuego, dejó volar por los cielos su vértice de cúpula piramidal. Ese fatídico día,  el cono  volcánico en átomos volando cubrió de cenizas el paisaje haciendo avaro el verde de las montañas aledañas;  el volcán desprendiendo sus fundidas nieves,  las que descendieron en forma de alud, mezcladas con rocas derretidas: las aldeas vecinas fueron destruidas, arropadas por el fango y hasta la ciudad de Popayán,  poco después de  la hora de la erupción, sufrió una gran avalancha, el agua del río Cauca subió más de  cinco metros, la rápida corriente provocó una empalizada agresiva, densamente cubierta por cadáveres de  cosas, cuerpos mutilados y  animales asolados por la infausta tragedia.

El relato del episodio da cuenta que siendo las 11 de la mañana de ese 4 de octubre, el río Cauca se secó por represamiento en el cañón de Vueltas de Patico. El Gobernador del Cauca, Andrés Cerón Serrano, temiendo una creciente mayor, ordenó a los habitantes de los pueblos ribereños, trasladarse con sus ganados y pertenencias a las tierras altas, mientras el Puracé con su cráter flamante, permanecía refulgente y amenazante rigor con bramidos espeluznantes, que se escuchaban de tiempo en tiempo.

Esa noche de terror, el cataclismo aterrorizó a los habitantes de Popayán; el Puracé se llenó de luces por los piroclastos incandescentes, al siguiente día, por primera vez se vio la cúspide transformada en un cono truncado con su penacho de humo que por las noches se hacía luminoso y arrojaba cenizas, enlutando la ciudad con montículos profusos que frenaban el andar de los transeúntes por las cenicientas calles de Popayán. El que no conoce la historia esta condenado a repetir sus más tristes episodios.

Más columnas de opinión de este autor aquí.
Créditos de la fotografía: El Colombiano

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