Polvo de volcán


No bien los rayos de la aurora llegaban a la ciudad cuando comenzó a descender una lluvia de arenisca. Pronto las calles del sector histórico adquirieron el color grisáceo. Tuvo fortuna Sebastián de Belalcazar de no encontrarse en el podio, pues de otro modo hubiese quedado cubierto de polvo. Muchos de los desocupados encontraron consuelo para el desempleo, llamados por la administración municipal para que con las escobas y las canecas comenzaran la operación limpieza.
Y la ciudad sintió los rigores del blanqueamiento. Los heraldos de la radio, la televisión y los diarios encontraron motivo para su quehacer, en lugar de hablar de problemas de orden público. Los rebeldes no se sintieron afectados. Tampoco los grafiteros salieron a pintar las paredes del sector histórico con mamarrachos y denuncias.
Las plazas de mercado: Bolívar, Alfonso López, Esmeralda, lo mismo que el comercio en el centro de la urbe siguió funcionando sin alteraciones. No se ven afectadas las ventas de los informales. No hay problemas con las motos, ni con las busetas que se detienen en cualquier parte. Tampoco protestaron quienes paralizan las vías. Alterar el orden público e iniciar batallas de piedra, bolillo y gases pimienta. La capital del departamento de zona de roja se encontró aislada pero no por aquellos que detienen el tráfico entre la capital del Valle y el departamento del Cauca, de tiempo en tiempo. Aquellos que piden vías de comunicación, caminos veredales, acueductos, electricidad e internet. Entonces, se dice que son ganas de joder y, se estremece la administración del departamento. Y se hacen necesaria las comisiones de las autoridades, dispuestas a dialogar para evitar el caos y combatir la anarquía. Y llegan y se reúnen con los “indios” y la “gentuza”. Y después de arduas conversaciones firman los acuerdos. Y entonces los alzados levantan los toldos, las barricadas y se van a sus ranchos, aldeas o pueblos. Pero como no se cumple lo acordado al poco tiempo vuelve la furrusca y el taponamiento. La obstrucción de la vía deja incomunicada a la ciudad… histérica sin transporte, y el mundo aislado de ella.
Pero el colmo de los colmos llueve en este mes de julio. El volcán hace presencia. Arroja con furor cenizas que ascienden hasta dos kilómetros por encima de la cordillera. El cielo azul se dibuja con las fumarolas descendiendo lentamente sobre los pueblos. La lluvia de polvo cae lentamente sin prisa y, bien parece que el contenido fuesen punticos de harina. Más hay que decir que ese hecho es gravísimo por ocurrir en estos tiempos, después de las elecciones. Y el volcán Puracé lanza ceniza y, hace imposible que lleguen aviones. Parece que el dios Vulcano, para no permitir que, en la Ciudad, donde han brotado tantos presidentes y hasta candidata a la presidencia, ha lanzado un saboteo de cenizas. Y el cráter en un acto de rebeldía y desacuerdo no ha querido que en la ciudad tradicional se posesione el desubicado presidente.
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