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Martes, 13 de octubre de 2026
martes 21 junio, 2011 a las 5:13 pm

Política y Periodismo, un maridaje inconveniente

Por Alfonso J. Luna Geller
No estoy de acuerdo con mi compañero de labores periodísticas, el Editor de Proclama, Luis Alberto Barrera Moreno, cuando afirma que Política y Periodismo es un maridaje conveniente. Contrariamente, considero que es una alianza absolutamente incompatible y mucho más si la base sobre la que él se sustenta para semejante creencia es la expectativa de la retribución económica que eventualmente puedan recibir los periodistas, de manera oportunista, frente a las campañas electorales.
La gente común, el lector confiado, considera que lo fundamental del periodismo es la noticia, y así es. Por esta razón no puede ser embaucado o defraudado con noticias manipuladas buscando un objetivo diferente al de informar e ilustrar.
Claro está que el periodismo comprende otros géneros diferentes a la noticia, muchos de los cuales se interrelacionan, como la entrevista, el reportaje, la crónica, el documental y la opinión, y en consecuencia, el periodismo puede ser informativo, interpretativo o de opinión. Estas diferencias muchas veces no las tiene en cuenta el lector, inclusive algunos periodistas, que confunden información con opinión. Para entenderlo mejor: “Los hechos son sagrados, la opinión es libre”, como dice Rosa María Calaf.
Mientras el periodista redactor de noticias, el reportero en su oficio, debe atenerse a una serie de deberes éticos que postulan la independencia de la noticia respecto a los poderes políticos y económicos y debe estar siempre sujeto a su obligación de presentar cualquier tipo de noticia con objetividad y veracidad a partir de fuentes seguras y por tanto verificables, el editorialista, el columnista, valora y juzga un hecho noticioso formulando una opinión, a veces en concordancia con la línea ideológica del medio. El columnista se basa en su experiencia y conocimientos, y hasta en su audacia, volviéndose un referente dentro de la publicación. Con él, los lectores se identifican o lo rechazan, lo mismo da porque la narración es personal, subjetiva, expresa la posición del autor con su propia visión del mundo y de la vida, que puede ser diferente a la del lector.
Por eso mismo, Proclama del Cauca sí tiene, como casa editorial, una posición política, la defiende y la cultiva haciendo uso del derecho fundamental a la libre expresión, a la libertad de prensa y a la libertad de empresa, con criterios de respeto extremo por la verdad narrada en las noticias, pero también por la libre difusión de las ideas en sus editoriales o en la voz de cada uno de sus columnistas, y con ello pretendemos formar el debate. La posibilidad del disenso fomenta la auténtica participación política, tan necesaria para la vida de los pueblos. La controversia y la réplica son esenciales para el descubrimiento de la verdad y para motivar a la acción. Para nosotros, la existencia de opiniones disidentes permite poner a prueba, mantener viva y fundamentada la opinión verdadera y evita así que se convierta en dogma o prejuicio infundado. Mi maestro, el periodista polaco Kapuscinski, no entiende el periodismo sin una «intención»; para él, el signo que delata el buen periodismo es el carácter intencional con que se ejerce la profesión; los deseos de cambiar algo, de obtener algo, de conseguir modificar el estado de cosas con la narración de los hechos.
Por otra parte, como empresa, la casa editorial debe financiarse, debe crecer, extenderse, generar empleo, hacer uso de los medios tecnológicos que estén a su alcance y todo eso cuesta dinero, mucho dinero. Y debe buscarlo en el mercado, volverse un buen negocio, ser una empresa exitosa; además de no ser un pecado, es su obligación social. Un medio de comunicación que no es viable económicamente no tiene sentido porque a la larga estará abocado a las deudas y a su desaparición. Pero las cosas no pueden ser como dice nuestro colega Barrera, por temporadas, menos en las electorales y menos a cambio de orientar la noticia. No, la empresa debe contar con los mecanismos apropiados para que sus periodistas no vendan las noticias. Nosotros sí vendemos servicios publicitarios, asesorías profesionales, nunca las noticias. La opinión es otra cosa: hace parte de la multiculturalidad del mundo, es un tejido vivo, subjetivo, palpitante, en la que nada está definido de una vez para siempre sino que no cesa de transformarse, de cambiar, de crear nuevas relaciones y nuevos contextos, por eso el editorialista y el columnista crean una evidente influencia en la sociedad, son dueños del debate y la controversia.
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