PICHÓN DE HITLER


Cuando leí la noticia de que el presidente Trump se había saltado todos los límites de la prudencia, que permitieron mantener apagada la fogata del medio oriente, y que como cualquier buscapleitos de barriada había decidido dizque cumplir su promesa de campaña y reconocer a Jerusalem como la capital de Israel, pensé que no andaba equivocado hace unos meses cuando dije, en mi programa diario con el doctor Peláez por podcast, que estábamos en presencia del nuevo Hitler.

Así empezó la bestia apocalíptica que recorrió al mundo de 1933 a 1945 cegando vidas e ilusiones con la suástica, convencido que el nuevo orden mundial lo iba a imponer él, en venganza por haber perdido Alemania la primera guerra mundial. Comenzó persiguiendo judíos, construyendo la imagen del puro alemán y con una perversidad (que se denota también en Trump cuando persigue inmigrantes) terminó quemando a millones de hebreos en campos de concentración.
Para Hitler no hubo límites y para el mundo no hubo asombro. Jamás le imaginaron peor aunque cada semana tenía una nueva metodología criminal. Para Trump no hay límites y con la misma perfidia construirá el muro con México y bombardeará Korea y arrasará a Irán en nombre del americano puro. Para ello destruye la imagen de ciudad neutral que tenía Jerusalem y espera que israelíes y palestinos se destrocen. De allí saltará por los iraníes que apoyan a los palestinos y para distraernos atacará al dictador de Korea del Norte y removerá las estructuras del arte y la política con un macartismo sexual. No hay duda. Es un pichón de Hitler y está sembrando la perversidad.
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