PESCADOR


PESCADOR
(De mi libro «Jesús, el Íntimo»)

Y una vez, un hombre estaba junto a su pequeña barca de remos en la playa; se lo veía apesadumbrado y cansado.
Jesús se acercó y le preguntó: «¿Por qué estás así?»
«No pesqué nada en toda la mañana», contestó.
«Yo soy la red que colma toda esperanza; quien viene a mí no volverá a sentir hambre por cosas de la tierra, ni sed por el agua de los manantiales», respondió Jesús.
Y en esas, súbitamente el resplandor del mediodía se tornó noche oscura.
Y los discípulos, que estaban a alguna distancia, se miraban temerosos y musitaban:
«¿Quién es éste, por quien ocurren todos los prodigios?»
Jesús adivinó sus pensamientos y contestó:
«Yo soy las doce horas del día y las doce horas de la noche; sin mí, el tiempo es trastorno eterno; conmigo, el tiempo es éxtasis imponderable»; y al instante volvió la luz del mediodía.
Y después vino un niño, se acercó a él, juntó las manos, y bajando la cabecita le pidió:
«Por favor, llévame a tu mañana eterna».
«En verdad, algunos niños vendrán a mí para iluminar sus corazones», expresó Jesús.
Y entonces lo tomó de la mano, lo llevó junto al pescador y le dijo:
«Llévanos adonde el sol se junta con el mar, el cielo con la tierra».
Los discípulos vieron cómo se alejaba la barca poco a poco con los tres ocupantes, hasta volverse un punto casi imperceptible en el horizonte.
Y he aquí que se abrió una nube en el cielo, y brilló con la fuerza como de siete soles, mientras una voz anunciaba:
«Él es la luz que no envejece nunca, mi Hijo muy amado en quien descanso mi mirada complaciente».
Y el mar irisaba con destellos deleitables.



