
Resiliencia, desavenencia y cinematografía literaria

Anoche tuve problemas técnicos con algunas escrituras y con el proceso de “Guardar” o “Guardar Como”. Eso me obligó a escribir unas líneas de nuevo; algo parecido me ocurrió el viernes con mi hojita mágica que se perdió y me tocó reconstruir de la nada, de las cenizas. Diría yo que soy un resiliente literario. Sin embargo ustedes no lo ven; así como en un restaurante les llegan los platos ya bonitos, la causa llega sin conocer sus causas, el mousse llega intacto, la paella llega perfection así no sepamos lo que pasó en la cocina, pues ustedes mis lectores también reciben este manjar diario sin notar algún problema previo en la cosecha de letras. Resiliencia literaria.
Rescato entonces lo que hay que rescatar. Estamos llegando ya casi al final del mes, además contablemente es el final del trimestre y pues los datos se relajan, el dólar llega a 2.799 pesos y los Tes son comprados hasta el 6.10% en la referencia famosa que ya sabemos cuál es. No me gusta mucho emplear esta analogía pero no tengo otra: se cuadran los datos para la «foto» de fin de mes y de trimestre. Me gustaría emplear otra analogía y no esta tan floja y predecible, pero no encontré otra. Desavenencia literaria.
Ayer también repasé algo que me encanta: las matrices de monedas de Bloomberg. Yo sé, no es algo tan sofisticado, simplemente es una tabla en la que, en tiempo real, se ven las diferentes paridades de monedas (euro vs yen, peso vs dólar canadiense, qué sé yo). Lo que me encanta es que los datos cambian en tiempo real, entonces yo me siento como en una película de Robots. De verdad. Sí, es cinematografía literaria.