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Domingo, 11 de octubre de 2026

Periodismo en tiempo de guerra

Aleve emboscada y guerra de comunicaciones
Felipe Solarte Nates
Por: Leandro Felipe Solarte Nates

Oportuno habría sido el mensaje del presidente Santos, enviado a los periodistas a través de Juan Roberto Vargas, director de Noticias de Caracol TV, invitándolos a “desescalar” el lenguaje a la hora de informar sobre acciones de guerrilleros de las Farc y el Eln, si ellos, en este momento, con sus acciones depredadoras no estuvieran haciendo méritos de sobra para calificarlos utilizando los peores términos del idioma español, cuando antes del 20 de julio, fecha anunciada para cesar acciones violentas, están en una orgía de terror: rompiendo tubos de oleoductos, abriendo válvulas de carro-tanques para regar petróleo, contaminar quebradas y humedales, matar peces, aves, insectos y todo vestigio de vida, arrasar bosques, quemar buses, matar a mansalva a militares, dinamitar carreteras y torres de energía; haciéndole apenas cosquillas al gran capital; pero afectando a miles de humildes campesinos y habitantes de pueblos que con razón se llenan de odio contra quienes dicen ser sus ‘Robin Hoods’ modernos y estar luchando por su ‘liberación’; y se arriesgan a que cuando, de pronto, acepten desmovilizarse y organizarse políticamente para buscar electores, no recojan más corriente que la de un aljibe de los que tanto buscan en sus poblados las víctimas de la contaminación de sus fuentes de agua.

Sin duda que los periodistas en su información noticiosa, no deben aceptar sin digerir términos en que son redactados los boletines de prensa de la Policía y el Ejército, en el que abusan de adjetivos como: “narcobandoleros, narcotraficantes, narcoterroristas, malandrines, etc, etc”; pero columnistas de diarios y en los escasos programas de opinión que cada vez ganan mayor audiencia en radio y televisión, invitados de distintas visiones políticas e ideológicas, pueden confrontar respetuosamente sus planteamientos y utilizar las palabras que consideren apropiadas, sin llegar a las ofensas desentonadas. Sin embargo, el llamado del presidente Santos habría sido más oportuno y pertinente, si con la actual escalada violenta, los guerrilleros no estuvieran haciendo méritos de sobra, para que la información de los desmanes causados por frecuentes atentados no afecten su imagen y aliente el escepticismo sobre el proceso de paz y los traten no sólo en esos términos, sino que en los corrillos de ciudades y pueblos usen otros peores, propios de peleas a gritos entre gamines, recordándose sus seres queridos y oscuros orígenes con expresiones aumentadas al doble, triple y catre.

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