PELÍCULA UN POETA


PAGUÉ SÓLO POR VER

Ayer fui a ver la afamada película Un poeta, en “compañía” de otros doce espectadores (fui el primero en entrar a la sala, y pude contarlos mientras iban ingresando).
Respecto a la película sólo diré dos cosas. La primera: que quienes la catalogaron en el género de comedia se equivocaron por completo; pues a excepción de uno o dos idiotas, que nunca faltan –esos para quienes es obligación reírse al más mínimo guiño de chiste o humorada, para dar la impresión de que son muy inteligentes, de que no son tontos (una de los ejemplos más comunes de la parábola o metáfora del cuento El traje nuevo del emperador, de Hans Christian Andersen)–, nadie rió durante las casi dos interminables horas que dura la película. Yo no sentí en ningún momento el más mínimo deseo de sonreír siquiera; por el contrario, todo el tiempo estuve irritado, fastidiado, asqueado.
Y la segunda: aunque no soy crítico de cine, no intentaría escribir una crítica sobre esta película ni aunque me pagaran; literalmente, no valdría la pena, el fastidio de enumerar su extensa lista de horribles defectos, exabruptos, torpezas, sandeces y etcétera. Pero si por alguna razón me viera obligado a hacerlo, mi crítica se limitaría a cuatro palabras: Una, patochada, un bodrio.
Permítanme recordarles la definición de estos dos términos, según el Diccionario de la lengua española:
PATOCHADA:
f. Disparate, despropósito, dicho necio o grosero.
Sinónimos: disparate, despropósito, tontería, necedad, desatino, bobada, torpeza, babosada, babosería, pachotada, embarrada, burundanga.
BODRIO:
1. m. Caldo con algunas sobras de sopa, mendrugos, verduras y legumbres que de ordinario se daba a los pobres en las porterías de algunos conventos.
2. m. Guiso mal aderezado.
Sin.: bazofia, guisote, comistrajo.
Ant.: manjar, exquisitez, delicia.
3. m. Sangre de cerdo mezclada con cebolla para embutir morcillas.
4. m. coloq. Cosa mal hecha, desordenada o de mal gusto. Esa película es un bodrio.
En conclusión; para decirlo en la jerga de los jugadores de póker: pagué por ver. Menos mal que fue en uno de esos días que es a mitad de precio. Aunque; siguiendo con el mundillo pokeriano, pague sólo por ver, y darme piedra al confirmar que el jugador no tenía ningún juego, que la película era pura caña, puro hype, puro bombardeo de marketing («hype, palabra que en español significa exageración, publicidad engañosa o alboroto, y es una técnica de marketing para generar expectativa y emoción sobre un producto, evento o servicio. Su origen se remonta a la palabra inglesa «hyperbole» (hipérbole en español), una figura literaria que se basa en la exageración»).
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