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Jueves, 1 de octubre de 2026

¿Paranoia?

Gloria Cepeda Vargas
Gloria Cepeda Vargas

Supongo que la paranoia es algo así como un delirio persecutorio cuyos laberintos solo conocen los exploradores de la mente. Esto en el caso de un paranoico real, transido por el pánico a cualquier bichito que pretenda escalar las rejas de su ventana. Pero en el caso del actual presidente de Venezuela, desaforado en esa cadena nacional de radio y televisión, orquestada con himno nacional y mano al pecho sin otro fin que anunciarle al país que el ex presidente colombiano Álvaro Uribe Vélez pretende asesinarlo, creo que la falencia va más allá de la caja craneal. Todo televidente o radioescucha venezolano la tarde del 4 de mayo de este año, tuvo la oportunidad de ver o escuchar a Nicolás Maduro transido de fervor patriótico y enfundado en la chaqueta tricolor que Chávez puso de moda cuando la vida le sonreía, vociferando: “Camaradas, nuestro cuerpo de investigación ha descubierto un plan para acabar con mi vida. Uribe Vélez y la derecha traidora, fascista, burguesa e imperialista, en este momento dan los últimos toques a la maquinación asesina. Pero eso no pasará gloriosos combatientes de esta nueva República de Cubazuela, digo de Venezuela. En el ínclito nombre de nuestro comandante, padre universal del socialismo del siglo XXI y autor de esta excelsa robolución, digo revolución, marcharemos con el corazón en alto y las manos en la masa, digo en la casa siempre abierta a quien quiera redimir este país, sueño eterno de nuestro barinés inmortal ¡Adelante bayameses, digo antiburgueses, venceremos!” Mientras el amenazado denunciaba el plan fraguado por Uribe y su combo, la “compañera combatiente” Cilia Flores, ilustre dama en flor y abnegada compañera de patrióticas componendas, sonreía beatíficamente.

Yo me pregunto, como lo hacen muchas de las víctimas de esta incontinencia verbal que orna últimamente a los gobernantes “de la patria”: ¿Estos señores que poseen desde fornidos guardaespaldas hasta perfumados celestinos, no tendrán quien les diga que el ridículo en un gobernante es peor que el sida? ¿No habrá una tierna abuelita o más efectivo aun: una amante de ésas tipo tsunami que le haga el favor de susurrarle al oído lo desnudo que va entre la multitud?

Maduro no habría podido escoger para el desarrollo de este entremés, un personaje más insólito. Álvaro Uribe no sacaría de formación una sola neurona para trinar en su contra. Entre otras cosillas, porque Nicolás Maduro solo se mueve en lo más primitivo del andamiaje orgánico y en un caso tan patético no desvela siquiera el señuelo de aterrizar en la inmortalidad literaria protagonizando una novela a lo Agatha Christie o a lo Truman Capote.