¿PARA QUÉ SIRVEN LOS BESOS?


Loco-mbiano

http://bocadeluz.blogspot.com/2012/07/el-beso-infinito.html
En su cumpleaños a Carolina, mi hija
¿Para qué sirven los besos?, se pregunta Emol-GDA en El Tiempo de hoy en una sección de sexo y amor. Esa buena pregunta nos sirve para reflexionar y pasar la lengua por sobre los labios pensando en nuestro último beso a la novia.
El beso, ese roce de rosa o viento, esa furia de fuego y lava, ese retorcer mutuo de labios hasta enrojecer de sangre. ¿Es acaso signo de amor, ocasión para satisfacer el secreto deseo de probar los sabores de la persona amada? O una manera de disimular el instinto sexual que se desea prolongar luego de la consecución del primer encuentro carnal con la otra boca?
Conocemos variedad de besos. Desde aquel famoso que dio Judas a su Maestro. Ni sabemos si fue dado como seña a un agente escondido de la guardia pretoriana. No importa si es en la cara o en la boca o si es uno en cada mejilla. Los hay de simple cortesía en los grupos sociales, aunque muchos se cuidan de darlo porque no se acomodan a sus ritos de relación personal. Y los hay, de muchas formas, entre amantes, esposos corrientes, novios y hermanos.
Los besos pueden ser la expresión de amor intenso, de aprecio, de respeto, de caridad, de costumbre cortesana o de pasión extrema. Besos de niño, de joven, de adulto, con ternura o por compromiso. Apretados, de boba y baba, de película, con lengua y chicle, retorcido como tirabuzón, en la boca, en el cabello, en la mano, en el cuello, en el pecho o más abajo.
Pero, aquí intentamos hablar de para qué sirven los besos. ¿Qué busca, qué interés mueve al dador o qué resorte impulsa a quien siente que su boca se abalanza sobre la otra boca en un arranque de amor? ¿Le sucede lo que al volcán cuando empieza a erupcionar o lo que sucede al miura cuando corre hacia el estoque sin sopesar lo que le espera a su testa? Las santas se cubren la cara cuando hablan en sus versos de este momento mayúsculo.
Emily Dickinson dice de su alma enclaustrada: «Sorbe, Duende, de los mismos labios Que el amante – buscaba –». Con el beso se pueden tocar los labios, sorberlos, chuparlos, rozarlos, morderlos, saborearlos, recorrerlos con la lengua y amenazar con llegar hasta ellos. El efecto más o menos será el mismo. A Adán el beso le supo a paraíso y a Romeo a ponzoña sobre la tumba de Julieta.
Los besos, en fin, sirven para calmar la sed de una comisura roja, para hacer gritar, para adular, para aprender a ensoñar, para pasar un rato en el cielo, para devolver el aliento o para detener la muerte.
El beso es el artilugio más sofisticado que los humanos han perfeccionado a través de los siglos. Ha servido de prueba de amor, de engaño, de conquista, de botín de guerra, de señuelo, de venganza, de oasis o espejismo. Los animales tienen bocas, fauces, picos y belfos pero nunca darán un beso. Ese placer no está reservado ni para el rinoceronte cuando bebe el agua y ni siquiera para el Colibrí cuando extrae el néctar a una Flor.
13-11-13 11:55 a.m.



