Palabras del director de Proclama del Cauca, en el acto ‘Periodismo: Daño, Memoria y Reparación’

Insistir ante periodistas sobre las condiciones sociales que padece el norte del Cauca, es llover sobre mojado. No voy a derramar una gota más sobre este océano de conocimiento que aquí está reunido. Pero sí creo importante aprovechar este excepcional y trascendente escenario para poner en evidencia nuestro ejercicio del periodismo como oficio habitual en esa región colombiana. Somos interlocutores de una sociedad en conflicto, no solo del armado sino por las condiciones que evidenció el DANE comenzando el presente año: lo ejercemos en medio de una sociedad que registra los mayores índices de pobreza absoluta en Colombia.
Y hago la comparación con los grandes medios, que obviamente puede ser odiosa pero indispensable para ubicarlos en nuestra situación, porque el cubrimiento incesante es el nuestro mientras que la coyuntura o la gran noticia sí es la de ellos. La cotidianidad nuestra y la oportunidad que no desaprovechan los grandes, nos diferencia. Nosotros, transitamos diariamente las vías o trocha y conflictos, y miserias, que caracterizan nuestras regiones, por eso, a veces, estamos abocados a la estigmatización, a la injuria, a la amenaza, como me ha tocado denunciarlo varias veces en mi personal caso, al peligro de muerte provocada o accidental. Un día estamos en medio de los inexplorados, por el miedo que producen, asentamientos de las padillas juveniles de los barrios del oriente de Puerto Tejada, de allí salimos para el evento de violencia o decomiso de marihuana cripy en Corinto, pasando por el corregimiento de El Palo, donde las personas viven con los pelos de punta, para descansar un poco antes de subir a Toribío. Pero no es menos riesgoso transitar el trayecto Caloto-Miranda o Pescador-Siberia-Caldono, para no hablar de la llegada a cubrir algún evento en Jambaló, Suárez o Buenos Aires. Y qué no decir de Santander de Quilichao, donde da temor hablar durito sobre los comercializadores de heroína y otras drogas, que las distribuyen en dosis personales en todos los parques de la ciudad, o de los extorsionistas que tienen sometidos hasta a los pequeños comerciantes de esta ciudad. Nosotros sentimos, mejor, escuchamos las esquinas cuando dicen, “aquel que va allí, ése es el periodista que dirige el periódico Proclama del Cauca, ¡ojo!”. A Pirry, el del documental sobre la heroína en Santander de Quilichao, nunca lo ven sentado en una banca del parque.
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| Hebert Erazo entrevista a Alfonso Luna |
En nuestra región, tal vez por el impacto de nuestro trabajo periodístico, nos hacen, equivocadamente, también protagonistas de la noticia y de los editoriales, inclusive algunos funcionarios públicos denunciados por corrupción. No ocurre lo mismo con el periodista o el redactor de editoriales de los grandes medios; a ellos no los ven como actores directos del conflicto, son desconocidos en el entorno y pueden, con el tiempo disponible y los recursos puestos a su ejercicio profesional hacer excelentes trabajos periodísticos, que inclusive ganan premios.
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| Hollman Morris – Alfonso Luna Geller |
En este sentido, además de tratar de constituirnos como vectores cruciales de la población y de la transmisión de la cultura, representamos una garantía contra el aislamiento de las poblaciones que se encuentran atrapadas en el fuego cruzado de este interminable conflicto armado. Pero tenemos dificultades. La organización indígena padece el mismo problema aunque tiene mejor organización y apoyo económico. De ellos, demos unos ejemplos: Dos de estas estaciones de radio, Voces de Nuestra Tierra, de Jambaló y Nasa Estéreo, en Toribío, se han visto obligadas a suspender sus actividades. La banda de la primera de ellas fue destruida. Igual ha ocurrido con Radio Pat’Yuma, de Santander de Quilichao.
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| Alfonso Luna Geller, director Proclama del Cauca – Fidel Cano, director de El Espectador |
Quiero significar que esta de una lucha por la libertad de expresión debiera armonizarse con políticas públicas que garanticen el pluralismo y la diversidad, preservando el interés colectivo. Pero resulta que en el Cauca, los periodistas, a quienes nos toca financiar nuestros medios independientes más que todo con la pauta oficial, además somos víctimas de la censura oficial a través de los presupuestos públicos. En el Cauca la pauta la distribuye el mandatario de turno según el medio se ponga a disposición de sus intereses politiqueros y los de sus jefes o secuaces. Es otro atentado o intención del mandatario de acabar con los medios que no se ponen a sus órdenes precisas. Nosotros, el diario Proclama del Cauca, puede dar testimonio de esta otra persecución oficial que nos acosa, porque contra nosotros se ejerce la censura con la negación arbitraria y discriminatoria de esa pauta oficial.
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| Alfonso Luna Geller – Herbin Hoyos Medina |
¿Qué pediríamos entonces aprovechando esta gran oportunidad? Que el Estado, a través de la Unidad de Víctimas, puede ser, creara un sistema de monitoreo del conflicto armado en el norte del Cauca a través de un sistema de procesamiento de información, construido con base en la gestión periodística. Uno de sus objetivos sería hacerle seguimiento a los casos de violación de los derechos en medio del conflicto armado en el norte del Cauca. Una plataforma que sería administrada por los periodistas organizados y con apoyo de estructuras gremiales de mayor orden.
Por otra parte, bajo la premisa de que en materia de comunicación la mejor ley es la que no existe, los medios sostienen que la autorregulación es el mecanismo idóneo para preservar la libertad de expresión y que el verdadero control está en manos del lector, del oyente, del televidente, quienes en cualquier momento pueden decidir no seguir con tal o cual medio o programa; sin embargo, someto a consideración de esta importante audiencia, teniendo en cuenta que el periodismo tiene tan solo una ley que adopta algunas normas, con meros propósitos declarativos, que estudiáramos la posibilidad de crear una “Ley de Responsabilidad Social” para fomentar medios independientes. Una norma legal que más allá de demandas específicas considerara establecer las obligaciones del Estado no solo para garantizar y respetar el conjunto de derechos, sino también sus obligaciones de proteger y de cumplir para la realización plena de los derechos de la comunicación e inclusive de la responsabilidad social de los medios de comunicación.










