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Jueves, 1 de octubre de 2026
jueves 14 septiembre, 2017 a las 12:44 pm

OXIGENACIÓN PAPAL

Recibe la bendición del Papa Francisco y la indulgencia este 27 de marzo
CREPITACIONES 2017
Lic. Javier Enrique Dorado Medina

En buena hora. En el momento justo y adecuado. En el instante escogido por la divina providencia por medio de su representante en la tierra, su santidad el papa Francisco para venir a Colombia. En los días precisos, del miércoles 6 al domingo 10 de septiembre del presente año. Justo cuando estábamos aterrados y compungidos por la debacle del otrora omnipotente poder judicial, mejor dicho cuando la sal se corrompió, siendo lo peor que le puede pasar a un país cualquiera que se precia de llamarse democrático, aunque sea por las solapas o por el nombre. De igual manera en los mismos días cuando estábamos hasta la coronilla por el escándalo de Odebrecht, lamentando y señalando a los políticos que se “untaron de él”, personajes sin escrúpulos ni ética de ninguna clase. Asimismo, cuando ya algunos politicastros comenzaron a hacer “su septiembre”, buscando firmas a la fuerza, yendo en contra vía de lo reglamentado, convirtiéndose en verdaderos oportunistas de la política, queriendo llegar primero a la presidencia, sin importar los medios.

Es decir, justo cuando el papa Francisco inició su periplo desde Italia, en la madrugada del miércoles 6 de septiembre (hora colombiana), hacia Colombia, todavía ese ambiente “maluco y desastroso”, descrito antes, llenaba el ambiente colombiano y nos sentíamos atosigados y asfixiados por el mismo. Nos sentíamos como los israelitas esperando al Mesías Prometido, que nos diera la salvación anhelada, porque no aguantábamos más la pestilencia causada por la corrupción, el desgreño administrativo, la polarización política, los malos manejos del erario público, las declaraciones de Uribe, la recolección amañada de firmas para ser presidente, etc., etc. Los colombianos estábamos hartos de tantos escándalos al por mayor y necesitábamos con urgencia manifiesta la llegada del Mesías en forma de Papa, que nos diera una “manito” y produjera el milagro del punto de quiebre, para mirar en otra dirección y nos hiciera cambiar el semblante y el corazón adormilado por la hecatombe social de los últimos seis meses.

Y el día anunciado llegó. El miércoles 6 de septiembre siendo las 4:36 de una magnífica tarde capitalina, tuvimos el primer regalo del día: vimos al Papa Francisco, con su magnífica sonrisa cautivadora y tranquilizadora y desde ese momento, estuvimos hechizados por su magnífico carisma, su personalidad arrolladora y sobretodo, por sus palabras y mensajes cautivantes que aún resuenan en nuestras mentes y en nuestros corazones, que tienen ese poder enervante para cambiar de actitud. Fueron cinco días de tranquilidad total, con una reducción de los hechos delictivos en las principales ciudades visitadas. Y lo más importante, más de cuatro millones de personas asistieron a los diversos actos religiosos programados, mostrando así el refuerzo de la fe católica y la necesidad imperiosa de necesitar un líder carismático que canalizara ese desencanto anterior con tantos problemas internos.

Fueron días de oxigenación papal. En cinco días de visita de su Santidad el Papa Francisco, nos olvidamos de tantos problemas nacionales y cotidianos y nos dedicamos a escucharlo con atención y a hacer un examen de conciencia pleno y necesario. Incluso, Uribe comentó: “Su Santidad, muchas gracias por dejar impresiones en mi alma, me esforzaré por mejorar sobre mis flaquezas”.

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