OTRO NOMBRE EL VIENTO


OTRO NOMBRE EL VIENTO

Bocas hambrientas me asaltan…
Me niego a morir cuando la neblina
deja entrever tus muslos lozanos,
como los del jovenzuelo que aun brilla en tus ojos.
…Entonces me rebelo cuando el violín
de tus labios tararea una sonata.
De su poema: La alberca
María Helena Giraldo es alta, de ojos profundos y poeta. Ríe su cuerpo y también su boca. Es alegre por fuera y por dentro. Es leve y su paso va lento por las calles y veredas. Va al compás el viento. Ora es suave y ora es fuerte y veloz, hace volar su estro y salen de su boca voces y versos. Su mirada es fina y desafía a la distancia. Ve en la refracción de la luz y a pesar del paso de las horas. No escapan las palabras que nacieron entre los segundos.
Quien ve y conversa con María Helena halla y siente que es telúrica, apegada a la tierra, la luz, al viento, a la sangre o a la lluvia. Toda esta realidad vive en ella y se fracciona para darle su esencia y el melos de su sinfonía.
Toda la poesía que vuela en las páginas verdes de su libro lleva tierra, sed, noche, horizonte, mar, hierba, abismo, paraíso, jazmín, alberca, luz, desnudez y un arpa. Se mece el viento de las horas y los días.
El viento es un elemento, como el fuego, que al correr, volar y tiritar deja que cuanto está cerca se airee, eleve, refresque y transmita en sus ondas sensaciones saludables. No se ve pero se inocula por los poros hasta los rincones más ocultos de los cuerpos de hombres, montes, mares y riachuelos.
Para uno las páginas y el libro no se acaban. Quedan volando inquietas las palabras. Porque ellas son viento. Al abrirlas vuelan las letras a los ojos y los ojos las echan a volar por la boca o se quedan en el viento quieto que es la imaginación que no solo las revuelve allá adentro sino que inquieta y las hace mover más que una borrasca.
Al abrir el libro de 93 páginas, poemas – delgados y al parecer inocuos -, se emocionan y salen al encuentro. Unos son grávidos, unos son resbalosos, unos asaltan, otros causan sueño y los últimos son peligrosas dádivas que hacen caer al abismo. Sin mirar uno se hunde en su lectura.
Un reloj allá adentro no mueve el segundero y peligra uno caer al abismo cuando lee los poemas del olvido. María Helena es una poeta fatal. A este final lo va llevando en el correr de las páginas con cuerpos, raíces, espejos y fugas que conducen al abismo. Solo al final quien lee se da cuenta que iba de la mano hilarante de Tiresias.
Leer y volver sobre las páginas a releer a esta larguirucha y sonriente poeta lo hace sonreír de lado con sorna y complicidad con ella. Su poesía atrapa. Debe atrapar. Invita a meterse en el jardín de Alicia o entrar al mundo del silencio con Pandora. Habrá cerrar detrás de si los cerrojos de la inocencia que murió con Eva.
24-09-18 10:43 a.m.
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