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Domingo, 11 de octubre de 2026

Otra mirada de la novela “Patria” de Fernando Aramburu

Otra mirada de la novela Patria de Fernando Aramburu2

Otra mirada de la novela “Patria” de Fernando Aramburu.

Felipe Solarte Nates

“Las nueve de la noche. En la cocina, la ventana abierta para que saliera a la calle el olor a pescado frito. El telediario empezó con la noticia que Miren había oído en la víspera en la radio. Cese definitivo de la lucha armada. No del terrorismo como dicen esos, que mi hijo no es terrorista. Y se volvió a su hija: -¿Has oído? Paran otra vez. Ya veremos hasta cuándo. Arantxa parece que no se entera, pero lo capta todo. E hizo un leve movimiento con su cara medio ladeada, ¿o es el cuello el que está torcido?, como para expresar una opinión. Con ella uno nunca está seguro; pero por lo menos Miren tuvo la certeza de que su hija había entendido.

Con el tenedor le fue partiendo los dos trozos de merluza rebozada. Los bocados, no muy grandes para que pueda ingerirlos sin dificultad. Así lo recomienda la fisioterapeuta que es una chica muy maja. No es vasca, pero bueno. Arantxa se tiene que esforzar. Si no, no hará progresos. Y el borde del tenedor, al chocar contra el fondo del plato, hacía un ruido enérgico, de loza enfadada, y por un momento, rota la capa del rebozado, salía de la carne blanca del pescado una nubecilla de vapor.

-A ver qué excusa inventan ahora para no dejar libre a Joxe Mari …”

En este párrafo inicial del capítulo 4, se marca el suceso que rememora la historia de dos familias vascas cuyas madres, después de haber compartido la niñez, en un pueblito donde todos se conocen, el intento frustrado de convertirse en monjas, sus matrimonios y la convivencia con sus esposos e hijos, se convierten en enemigas, al Joxé Mari, el grandulón y estrella del balonmano, hijo de Miren, irse dela casa para integrar una célula de la guerrilla separatista ETA y es el principal sospechoso de haber asesinado a Txato, el que de niño le enseñó a montar en bici, le gastaba helados y era el esposo de Bittori, la hasta entonces mejor amiga de Miren, casada con Joxian, el mejor amigo de Txato, con quien compartían sus dominicales excursiones ciclísticas y juegos de cartas.

Después de años de no volver al pueblo donde mataron a su marido, al conocer la noticia del cese al fuego por parte de ETA, Bittori, decide regresar desde San Sebastián, donde Txato, le había comprado un apartamento con vista al mar, después de que los terroristas intensificaron las pintadas frente a su casa, la sede de su compañía transportadora y las cartas exigiéndoles cada vez más altas sumas de dinero para no atentar contra sus camiones, él,  o su hija Nerea, a quien ha decidido mandara estudiar derecho a Zaragoza, para salvarla del peligro.   

En el pueblo, donde hasta el cura y el tabernero ayudan al grupo armado, el estar o no de acuerdo con la lucha separatista es decisivo para no ser mirado con desconfianza, declarado sospechoso, chivato y hasta objetivo militar.

“…En el televisor se sucedían los comentarios. Bah, políticos. Paso importante para la paz. Exigimos la disolución de la banda terrorista. Se abre un proceso. Camino a la esperanza. Fin de una pesadilla. Que entreguen las armas.

-Dejan la lucha a cambio de qué. ¿Se han olvidado de la liberación de Euskal Herria? Y los presos que se pudran en la cárcel. Cobardes. Hay que acabar lo que se empieza. ¿Te suena la voz del que ha leído el comunicado?

Párrafos y situaciones que se nos hacen similares a los vividos en Colombia durante procesos de paz antes emprendidos con el EPL, el M19, el Quintín Lame, el ERP y recientemente con las FARC y que en el caso de la novela “Patria” de Fernando Arambaru, se enfoca en la lucha psicológica y en sus actos cotidianos de Bittori, por exigirla verdad a los victimarios de su esposo y en especial a Joxe Mari, que después de 17 años de cárcel, consciente de su vida y lucha arruinada, por temor al escarnio de sus paisanos, sumado al orgullo de no mostrarse derrotado, desde la cárcel aún no se atreve al arrepentimiento, a pedir el perdón público y a confesarle a Bittori que al buscar una excusa de última hora para no matar al mejor amigo de su padre, fue otro compañero de célula el que asesinó a su esposo Txato, arruinando su vida y las de las familias enemistadas.

Es el drama de aceptar los errores y trágicas consecuencias como fruto de bandos enfrentados que creyéndose con superioridad moral y mayores justificaciones que sus rivales, a sangre y fuego y pasando por encima de viejos lazos de amistad y generaciones de convivencia pacífica en sus pueblos, de la noche a la mañana se ven enfrentados y odiándose sin atreverse a desnudar la verdad como paso previo al perdón y la reconciliación, que tanto ha pregonado la religión que dicen profesar.

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