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Jueves, 1 de octubre de 2026

Oscar Escobar Álvarez, “Chamizo”

Luis Fernando Orozco
Luis Fernando Orozco
Por: Luís Fernando Orozco Gutiérrez [email protected]

La parca en su irrenunciable y aburridor oficio, viene desgranando la promoción de ingenieros civiles de la U.N. de Manizales 1972. Primero partieron en el “”viaje sin regreso” Luis Enrique Vivas, Henry Hernández “El motudo” y ahora nos sorprende con la desaparición de “Chamizo”.

Nos encontramos en el año de 1966 en la Facultad de Ingeniería, venía de terminar sus estudios de bachillerato en el Instituto Universitario, con German Arboleda, Acisclo Burgos, Hernando Cañas, Luis Gonzalo Mejía. “Chamizo “se caracterizó por su inagotable y buen sentido del humor, fueron muchas las horas que nos depararon una sonrisa, por su oportuno gracejo. Una vez en el grupo, le solicito al ingeniero Armando Chávez, profesor de cálculo diferencial e integral, que la nota de la última composición fuera la revisión de los cuadernos. Vivía en el barrio Hoyo Frio, abajo de la veintitrés, su casa era un tertuliadero de los estudiantes de la Nacional, ya que su hermano Diego “Cicatriz”, estudiaba Administración de Empresas. Ya profesaba una frustrada admiración por el piano.

Durante los años de 1966 a 1972, nuestra historia en la Universidad, estuvo rodeada de interesantes vicisitudes, primero la rigidez de los estudios de ingeniería.

El bus de la universidad era de color verde por lo que lo llamábamos “la lora”; su chofer, Guillermo, hacía hasta lo inhumano para llenar el pequeño bus con todos los estudiantes, la cafetería manejada por don Eliseo, los paros y las huelgas de la U, las asambleas en el Aula Máxima, donde siempre se recordarán las permanentes propuestas del “Dr. No”, nuestro condiscípulo Alejandro Naranjo, para acabar la huelga. Las marchas estudiantiles por la Avenida Santander hasta la Plaza de Bolívar y los incendiarios discursos del “Mono Lema”, Toño Mejía, Uriel Álzate, Jorge Iván López. Los festivales de Teatro Universitario en el Teatro Los Fundadores. El Cine Club Universitario dirigido por Antonio Gallego, Jorge Iván López y Luis Fernando Orozco, las fiestas universitarias integradas con la niñas de la Católica Femenina una veces, otras solos o con la U. de Caldas. El programa mínimo de los estudiantes de Colombia y la autonomía universitaria, la muerte del doctor Alfonso Carvajal Escobar, decano insigne y promotor del ensanche de la U.N. con las creaciones de las facultades de Administración de Empresas, Arquitectura e Ingeniería Eléctrica. El viaje de Antonio Gallego a estudiar cine en Córdoba Argentina. La muerte accidental de Jorge Iván López Villegas en noviembre del 72.

Los estudios de ingeniería civil por esas calendas eran de seis años e integrales, si se perdía una materia en primero se perdía todo el año. “Chamizo” se caracterizó por su buen humor, en un examen le solicitaba un amigo que le “soplara” y se ponía a soplarlo al que se lo solicitaba y le echaba hasta babas. La Astronomía, aunque era una materia que admirábamos, no queríamos al ingeniero Manrique, su profesor; nos sacó de ese embrollo Carlos Enrique Ruiz, le presentamos de trabajo un reloj de sol para un parque en la facultad y le dejamos como frase testimonial la siguiente: “Para que averiguar el tiempo si lo hemos de perder” y pudimos graduarnos el 1 de septiembre del 72.

Su trabajo profesional lo inicia con la Secretaría de Obras Publicas de Caldas y Caminos Vecinales, en la construcción de una vía veredal en el municipio de Riosucio; en esos avatares de la profesión entre teodolitos, abscisas y curvas de nivel, en la vía que construía se le apareció una bella campesina de la que se prendó y fue su compañera y madre de varios hijos. Conquistó la oportunidad de especializarse en vías y fue a parar a la Universidad del Cauca en Popayán, en donde compartió sus estudios con tocar un piano que compró y escribir.

Un sábado, que departía con unos amigos en la Avenida Sexta de Cali, alrededor de unos “tragos”, abordó nuestra mesa un señor vestido de una túnica blanca y barba quijotesca y ofrecía un pequeño libro, era “Chamizo”, muchos años sin vernos, oportunidad para actualizarnos. Su vida era la de un juglar moderno que recorría los caminos del país vendiendo su literatura. Pequeños pensamientos que componía a través de la vida. Su libro no lo tengo, pero que sea esta la oportunidad de German Arboleda y Samuel Darío Prieto, para realizar un compendio de la obra de Oscar y presentarlo en el Encuentro del año 2017. Ahora desapasionadamente pienso que a “Chamizo” le faltaba un tornillo, esto lo hacía más brillante e inteligente.

Llamado por los políticos conservadores de Caldas regresó y ocupó interesantes y altas posiciones; allí le picó el bicho político, raro en un pianista y escritor, que necesariamente son hombres buenos, y vivió momentos amargos en su vida tanto profesional como personal.

Distintas partes de la patria le sirvieron de sede: en el Casanare, Yopal; finalmente lo vi en Cartago. Departimos alegremente con todos los compañeros y señoras en el Encuentro de Graduados del 72 que realizamos en el Hotel del Café en Chinchiná, en el año 2002.

Con el “Mono” Lema, vino a un Festival de Petronio Álvarez, y tuvieron la idea de visitarme en mi finca de la Cordillera Central y en Miranda, Cauca. Esta fue la última vez que lo vi, era el año 2004.

Lector permanente de mis escritos, en mi libro “Cuatro grandes de Miranda y otros relatos”, quedó consignado en la solapa el siguiente escrito de Oscar: He dado un vistazo a la colección de artículos que has enviado. “Desde Miranda para todo el mundo”, “Mirando a Miranda” o “Reflexiones acerca de Miranda”, podrían ser un epígrafe a esa colección donde se entretejen la historia, la literatura, los problemas sociales, el reclamo, la protesta, el homenaje, en fin, la mirada de un hombre sobre su entorno a través de las palabras. Esa manera tuya de pensar a Miranda es una bendición que da la vida a los pueblos cuando les llega empujado por el destino, un hombre de finas maneras y de lejanos territorios, que se vuelve uno entre ellos, que ve con sus mismos ojos, que respira sus mismas necesidades y que, en una afortunada síntesis de formación técnica y de vocación humanista, revela a los habitantes de la comarca, que no importa donde se nace sino donde se sueña. De veras que me alegro por Miranda, porque los pueblos necesitan quien los piense, quien trace caminos, quien proponga proyectos. Y me alegro por ti, que has encontrado en una aldea maravillosa del Valle del Cauca, una razón de vivir y de soñar. Óscar Escobar Álvarez.

A todos los familiares y amigos un abrazo y la esperanza de un encuentro en la Eternidad.