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Jueves, 1 de octubre de 2026

¡Órale, mi Presidenta!

¡Órale, mi Presidenta! Claudia Sheinbaum Pardo2
¡Órale, mi Presidenta! Claudia Sheinbaum Pardo

Guido Germán Hurtado Vera

A lo largo de la historia, el rol social de los hombres y de las mujeres ha sido distinto. Los hombres, los grandes protagonistas, y las mujeres, menos que invisibles.

A partir del siglo XII, las instituciones religiosas como las civiles, apoyándose en el Derecho Romano, consideraron a la mujer el “fragilitas sexus” (sexo débil) y tendieron a privarla para ejercer cualquier tipo de actividad jurídica, administrativa y cultural.

Situación que se vio reforzada en el siglo XIX por el Código de Napoleón, cuyo contenido misógino consagró la muerte civil de la mujer. Como consecuencia nacieron los primeros movimientos feministas que se organizaron en torno a la lucha por sus derechos políticos.

En 1949, la filósofa francesa Simone de Beauvoir publicó el libro “Le deuxième sexe” (El segundo sexo). En éste afirmó que no ha sido la naturaleza la que ha establecido y limitado las actividades femeninas, sino un conjunto de prejuicios, costumbres y leyes tendenciosas, que son preciso eliminar.

Ningún país puede ser una sociedad plenamente democrática mientras subsistan la violencia, la discriminación y la desigualdad contra las mujeres.

En México las anteriores situaciones son una asignatura pendiente que quebranta no sólo la dignidad de las mujeres, sino todo el tejido social.

Según el censo de población del 2020, México tiene 126 millones de habitantes, de los cuales 64 millones son mujeres. El 54% de ellas trabaja en la informalidad y más de tres mil mujeres fueron asesinadas durante el 2023, la violencia se centra en las más jóvenes.

Si bien la Revolución mexicana impulsó la lucha por el sufragio femenino, los gobiernos siguientes lo resistieron pues consideraban que las mujeres tenían una postura política conservadora guiada por la iglesia católica, al mismo tiempo de una carente formación política para votar. Solo hasta 1953 el entonces presidente Adolfo Ruiz promulgó las reformas constitucionales que otorgaron el voto a las mujeres.

Claudia Sheinbaum Pardo es una PhD. en Física e Ingeniería Energética, egresada de la UNAM. Fue jefa de Gobierno de Ciudad de México (la primera mujer electa que ejerció el cargo) y hoy es la primera mujer presidenta de México.

Escuché su discurso de protesta (así se llama en México) y afirmó que sería una “República de y para las mujeres”. Frase que me causó emoción. Qué interesante: una deuda histórica que saldar y una promesa muy optimista.

Establecerá la primera Secretaría de la Mujer y hará reformas, algunas constitucionales, para que quede clara la igualdad sustantiva de las mujeres y el derecho a una vida libre de todas las violencias.

Las reformas incluyen mecanismos para que no exista brecha salarial entre hombres y mujeres: trabajo igual, salario igual, no más discriminación laboral; y gabinetes paritarios en municipios y estados. Y a miles de mujeres campesinas, les serán reconocidos sus derechos agrarios.

Confío en que la presidenta Sheinbaum, por su formación humana, académica y política, dará todo para que su promesa sea realidad.

Para ello, por un lado, deberá impulsar un programa de “cultura ciudadana” que rompa con ese machismo históricamente incubado en la sociedad mexicana. Y, por otro lado, acordar con un sector del movimiento feminista la urgencia de dar un giro al añejo discurso que muchas de ellas impulsan.

Me refiero “stricto sensu” (estrictamente) al llamado “feminismo de la igualdad”, que aún hoy sigue anclado en la acérrima defensa de la “igualdad formal de los géneros”.

Si las acciones de la presidenta Sheinbaum giran más en torno a un feminismo orientado en mostrar que no es sólo un asunto de mujeres, sino de interés común y garantía de los derechos humanos para la “ciudadanía”, en seis años México dejará de ser el país estereotipado de meros machos y será un faro en la lucha feminista.

¡Órale, mi Presidenta!

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Foto: Facebook – Claudia Sheinbaum.

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