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martes 30 agosto, 2011 a las 11:47 am
OLGA ELENA MATTEI RESUMIDA EN UN POEMA

Olga Elena Mattei en el Museo Rayo. 21-07-11

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano

Bajo una piel de pergamino griego y cabellos robados a una nube se encuentra una de las más consagradas poetisas de Colombia. La conocí hace 16 años en el Encuentro de Mujeres Poetas de Roldanillo al lado de Mariela del Nilo, Meira Delmar, Matilde Espinosa, Dora Castellanos, Gloria Cepeda Vargas, Maruja Vieira, Cecilia Balcázar como para representar una postal de la historia de la poesía en nuestra Patria.

Desde entonces, su voz salida como de un más allá con su acento algo ansioso suena en los oídos con el mismo timbre de un cristal de baccarat. Ahora ha confesado su osadía de haber caligrafiado, siempre a mano, más de 4000 poemas que yacen en el lugar que también encontraron su familiares los escritos de aquella dama de blanco, Emily Dickinson.

Tituló su primer libro como “Sílabas de arena” en 1962. Desde entonces la historia de arena cambió porque las sílabas se convirtieron en ríos de versos y en cantos rumorosos a templos, ruinas, personajes épicos y ha poblado mundos no descubiertos hasta ahora.

Cada poema por obra de su arte se ha convertido en estatua de mármol, en cuerpo diamantino o en monumento a un héroe humano. Su oda a Abraham es la prueba de su maestría. Va labrando paso por paso, sílaba a sílaba, palabra por palabra la imagen que se mueve, como una vez Miguel Ángel talló a su Moisés. En el poema al Patriarca lo oímos hablar, lo vemos casi exánime cuando revuelve sus huesos en la tierra:

“Abraham,
el ser humano
aquel,
¡el del brazo levantado!
El que pierde de repente
su orientación vital
y el íntimo sentido
de toda realidad.
El siervo de arrodillas,
el anciano del pensamiento enajenado,
el patriarca del amor paternal,
el que incrédulo, escucha
entre la asfixia del pavor
esa voz
y aquella orden absurda
en confusión y dolor…

…

Olga Elena describe la escena que nos trae el Génesis con una visión interior como si hubiera conversado con Saray, su esposa. Es tan humana, tan desprovista del relato religioso, que revive la frustración y el despojo de su fe como pacto entre hombres y en el Oráculo sagrado:

¡Cuánto te cuesta el acto
que una suprema voluntad
te ha impuesto bajo un pacto!
Cadenas de promesas
que no te atreves a romper,
obligación ritual
de absurdo hierro.

…

Ni la razón, ni la naturaleza entienden cómo un padre puede sacrificar la vida del hijo salido de la propia entraña en obediencia a una voz terrible de entre una nube. “¿Será verdad?/ ¿El Señor de la vida, es Señor de la muerte?/ “ser o no ser”/. Vaya carga para aceptarla, de enterrar el cuchillo en el corazón del propio hijo e inocente.

“No hubo jamás angustia igual
ni tan horrendo sino
ni una duda tan cruel.
Porque un Dios contradictorio
es lo mismo que un demonio…
Todo terminaría
en un universo/ destruido.

…

La poetisa encoge sus membranas y recorta su vuelo ante tales preparativos y sufrimiento y se pone en el lugar del padre de Isaac. Se presenta ante la historia, testigo, madre y juez para servirle de luz y lenitivo:

“Y yo hoy, Abraham,
seré tu propio Yo…

…

en ese perenne ciclo interno
que congeló tu cerebro
mientras te estabas preguntando
¿Qué hago yo, qué hago?

Y es en ese transcurrir desesperado,
Padre Abraham,
cuando yo,
sobrecogida
¡te acompaño!”

Olga Elena Mattei ha subido al Monte de la Poesía desde donde se alucina y se ve claro. Desde donde el tiempo desaparece y la eternidad florece cada mañana. Se ha convertido en sibila para quitar el velo al pasado y devolver la paz a quien detuvo su brazo en alto por encima de tres vidas y bajo una nube de fe oscurecida…

28-07-11 – 17:20 p.m.
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