OBITUARIO MORTAL PARA PABLO DE ROKHA

¡Ahí está la obra de Pablo de Rokha! Nacido en el 19 del siglo XX en Licatén a orillas del río Mataquito provincia de Curicó en Chile. Lo demás son cosas no pertenecientes a la poesía de todos los tiempos porque ella es, según el guatemalteco Luis Cardoza y Aragón: “El único testimonio verdadero de la existencia del hombre”.

Esto se siente al leer al chileno Pablo de Rokha en su:”Epopeya de las comidas y las bebidas de Chile”. Sus gestos atormentados y palabras maldicientes, envidias, extravagancias, trompadas, rencores, que nada tienen que ver con la altura lírica de sus composiciones.
Sus enemigos lo consideran como un “Poeta de megáfono” (como a mí algunos dueños de la lírica en Colombia, un poeta periodista por cantarle a lo social). Sin embargo, Carlos Díaz Loyola, que era su verdadero nombre y Pablo II su seudónimo, recibe en 1965 el Premio Nacional de Poesía de Chile.
Rokha II, nació dos años antes del suicidio en 1896 de José Asunción Silva en Bogotá. Su poesía es antecesora de todas las demás vanguardistas conocidas incluyendo a Vallejo, Huidobro, y Neruda con memoria de rencoroso como lo demuestra con su autobiografía, “Confieso que he vivido”.
Encontré en los versos de Rokha: Versos de infancia (1916) logros de su propio idioma poético como son: “Fracaso total del mundo”, “Mi dolor chorrea de sangre la ciudad”, “Hipo de cien perros”, “Ir por la vida cultivando un jardín con flores de hierro”, “Soy nieto de Dios, hijo del diablo y con ganas de hacerme cura”.
Del Folletín del diablo (1916-1922): “Como iglesias, como garitos”, “Versificar a bofetadas sobre la vida y la muerte”. Del libro Los gemidos (1919-1922): “Una flor que oliese a hojas caídas”, “Las tristezas dan frutos dulces”, “Amo la ociosidad ilustre de lo bello”, “Todo se hace canto en mis huesos”, “Las semanas ruedan inútilmente al fondo del tiempo”, “La angustia adoquinada, del color del periodismo y del color del cementerio”.
Y de: Epopeya de las comidas y las bebidas de Chile (1949) (…) “Flor de la caballería parece una gran araña dominando la montaña entre la nieve bravía forjada en hierro de hombría, la tropilla nacional, y brama un genio inmortal con Chile entero a caballo, si entre el jinete y el rayo se suicida el temporal”.
Tanta tristeza, rencor, resentimiento espantó la inmensa riqueza de su obra. El pesimismo tenaz lo condujo al suicidio a los 74 años en 1968.




