Nueva invasión de predios urbanos desafían a Santander de Quilichao

Nueva invasión de predios urbanos desafían a Santander de Quilichao
A tres cuadras de la Alcaldía de Santander de Quilichao, la ley parece ceder terreno ante una nueva ola de invasiones.
Dos predios urbanos —uno junto a la Casa de Justicia, otro en El Canalón— fueron ocupados ilegalmente en las últimas horas.
Es martes por la noche y los vecinos protestan hastiados por la inacción estatal, protestan frente a las instalaciones oficiales mientras la tensión escala.
Los testimonios recogidos en el lugar revelan un patrón recurrente. «Siempre es gente de otro lado», afirma una residente, refiriéndose a los invasores. Según los afectados, muchos de los ocupantes ya han recibido lotes en asentamientos anteriores, como Nueva Colonia, y ahora repiten la estrategia. La falta de controles efectivos ha convertido estas prácticas en un ciclo difícil de romper.
La escena no ocurre en la periferia rural ni en una vereda olvidada. Se trata de una nueva invasión urbana en pleno casco urbano, junto a la Casa de Justicia y en el barrio El Canalón.
Mientras tanto, crece el desconcierto. Lo expresan residentes que llevan décadas allí. Lo exponen quienes temen por su seguridad, por la depreciación del entorno, por la inacción de las autoridades.
Una mujer frente a la Alcaldía lanza una frase que resume el ánimo general: “Vienen, se quedan, reciben todo… y luego desprecian el pueblo”.
El descontento ciudadano no se limita al hecho de la invasión en sí, sino a la incertidumbre y el silencio oficial que los envuelve como primeros damnificados.
La pregunta «¿qué va a suceder?» resuena en la puerta de la Alcaldía, sin eco en la respuesta institucional. A este vacío se suman denuncias directas, testimonios de residentes que señalan la reincidencia de invasores, algunos con recientes adjudicaciones en otros sectores, y la inquietante afirmación de que muchos de los ocupantes provienen de fuera de Santander de Quilichao y del Cauca.
La frustración alcanza su punto álgido en la percepción de una cultura de la dádiva y la apropiación indebida. «Quieren todo regalado. Peor lo han conseguido», sentenciaba una voz en la protesta, un eco de un resentimiento arraigado en la sensación de que quienes llegan sin arraigo se benefician a expensas de la comunidad local, para luego, paradójicamente, menospreciar la tierra que los acogió.
La situación actual no es un hecho aislado. Santander de Quilichao ha sido escenario de invasiones previas a predios legalmente titulados, una afrenta al derecho fundamental de la propiedad privada que genera una profunda inquietud.
La ocupación de predios urbanos desestabiliza la convivencia, exacerba los conflictos entre comunidades, mina la seguridad pública y erosiona la economía local.
La persistencia de estas invasiones exige una respuesta contundente y efectiva por parte de las autoridades. Las denuncias interpuestas claman por la protección de los derechos de propiedad y la seguridad de los habitantes.
La ley debe reafirmar su presencia en cada metro cuadrado de Santander de Quilichao, sin importar su cercanía al poder político. La inacción no solo legitima el despojo, sino que siembra la semilla de la anarquía en el corazón de la comunidad.



