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Jueves, 1 de octubre de 2026
martes 12 julio, 2011 a las 10:29 pm

“NOSOTROS NO NOS MERECEMOS ESTO…”

CREPITACIONES 2011
POR LIC. JAVIER ENRIQUE DORADO MEDINA
Correo electrónico: [email protected]
Lo que sucedió el pasado sábado 9 de julio del presente año, en el norte del Cauca, no tiene antecedentes en nuestra historia como departamento. En un mismo día, los guerrilleros de las Farc, atacaron a Toribío, Corinto (con sendos carros bombas), Siberia, Mondomo y Jambaló (con hostigamientos), dejando a su paso destrucción, lágrimas, miedo, dolor y tristeza en sus habitantes compungidos, víctimas inocentes de un conflicto armado que sigue desangrando a Colombia por más de cuarenta años, pero con más frecuencia en nuestro departamento del Cauca, ante la mirada insípida de los Presidentes de Colombia, autoridades militares, políticos, gobernadores, etc., quienes sabiendo lo que estaba pasando en esa zona neurálgica y estratégica por muchos años, se olvidaron de las inversiones sociales y no hicieron nada para contrarrestar un posible ataque, haciendo declaraciones ostentosas ante los medios de comunicación, del tipo de “vamos a”, como por ejemplo: “vamos a construir un batallón de alta montaña”, “vamos a traerles 500 soldados”, “vamos a…”, “vamos a…”, etc., etc.
Y por estar en esas elucubraciones, ese día nefasto, 9 de julio, se dejaron sorprender olímpicamente por ellos y no reaccionaron después de los atentados como debía ser, rasgándose las vestiduras, dando más declaraciones a diestra y siniestra y pensando en soluciones salomónicas, pero ya era demasiado tarde. Los resultados de los cruentos ataques, no pudieron ser más dramáticos: 4 personas asesinadas, más de 90 heridos, más de 400 casas destruidas.
De los 5 lugares atacados, Toribío fue el más destruido y afectado, pues la chiva bomba destruyó parte del cuartel de Policía y casi todo el pueblo (las imágenes televisivas son tristes y dantescas). Ha sido atacado en 14 ocasiones desde 1983 y hostigado en más de 50. Desde su fundación en 1735, hace 235 años, es un ejemplo de fortaleza espiritual, paciencia infinita y valor ante la adversidad. Los testimonios de sus habitantes son dolorosos y se convierten en pruebas fehacientes de lo significa sufrir en carne propia toda la maldad de otros seres inhumanos.
Precisamente, el título de esta columna fue expresado por una señora de Toribío, entre lágrimas y dolor supremo, quien perdió su casa y su negocio. Esas palabras salidas del alma, se pueden trasladar al resto de los habitantes del Cauca, como una súplica general, como una especie de ¡basta ya! para que no sigamos sufriendo lo indecible por culpa de un conflicto que hace rato debería haberse acabado.
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