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Sábado, 3 de octubre de 2026
lunes 28 febrero, 2011 a las 7:15 am

 

EL OTRORA VANIDOSO MUAMMAR EL GADAFI
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
Cómo cambian los tiempos. Lástima que hayan pasado 42 años para hacer girar, de un lapo, el reloj del orgullo y del poder. Tanto tiempo gozó de lujos, reverencias de otros gobernantes, del temor de sus enemigos y del dinero de su país. Lo vimos hace dos semanas con un manto y un medio turbante inusual, de color casi beige, medio barbado, sin la arrogancia de otros días, sin la fastuosidad acostumbrada, por la TV. Su faz estaba nublada por la duda y la rebelión de la masa enfurecida.
Pero, otra vez lo vimos hace menos de una semana por TV, amenazante contra su propio pueblo que se lo aguantó tanto tiempo y le cultivó su ego. Habló de nuevo de que él era el único, el fundador de la nación con su familia y sus amigos. Pero se le escapó un lapsus. Dijo en público la verdad que no había dicho. Lo que temía era perder el poder y el goce sobre el dinero del petróleo que produce el territorio donde se asienta tanta pobreza. Lanzó un ruego a los seguidores que lo escuchaban en la Plaza Verde de Trípoli: “Está en juego nuestro petróleo”.
Ahí está el detalle. De él y de los gobernantes que a lado y lado, han ido aprendiendo cómo se engolosina a los pueblos y se medra con la riqueza del suelo, del subsuelo, de los mares y glaciares. Cómo se inflan el índice de exportaciones, el PIB y se pregona que las naciones van por el sendero correcto, mientras las condiciones sociales, como el empleo, la productividad nacional, la esperanza de vida cada día se agrietan y se deprimen.
No sabemos cómo aceitó la maquinaria para sostenerse por tantos años. Qué dispositivos usó para mantener callado al pueblo. La verdad es que lucró para sí, su familia y su corte miliciana y virgen por tres décadas con pompas de realeza, sin ser jeque ni califa. Lo único que sabía el mundo de puertas afuera era que tenía amigos en el Asia, en Europa, en la ONU, en América del Sur y el Norte. Todo aparentaba que Libia, caminaba, no por un desierto, sino por entre ríos de petróleo y bienestar con democracia.
Lo que ocurre hoy en el centro del ojo del mundo y en África, naciones veneradas por su arte y glorias pasadas es una lección real que no se aprende en libros ni películas. La dicta el pueblo, la masa que despierta de su letargo, una generación que secularmente calló y tapó con el hiyab a sus mujeres para que no vieran la injusticia. Ahora las hemos visto con su saya negra en las calles y levantar los brazos y gritar contra la opresión.
Estos pueblos, como una masa de papel, han sentido tras su espalda caer barreras como las tabletas de dominó y también se suman a esa ronda por la liberación del yugo que los mantuvo atados por décadas y centurias.
Gobernantes de otros países del área y de fuera, miran con asombro, y hasta con admiración, cómo lo que antes se denominaba “masa ignorante”, se mueve como el gigante Sansón y desmorona las columnas de reinados y tiranías en busca de aire fresco, de prosperidad con riqueza para todos en empleo, seguridad social y defensa de los recursos propios.
27-02-11 – 11:36 a.m.
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