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Viernes, 2 de octubre de 2026
domingo 17 abril, 2011 a las 9:11 am

 

SALMODIA DE LOS DÍAS TRISTES
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
Amparo Romero Vásquez, poetisa caleña, acaba de alcanzar el premio de Poesía Jorge Isaacs del Concurso de Autores Vallecaucanos que patrocina la Gobernación del Valle del Cauca, a través de la Secretaría de Cultura Departamental con el libro de poemas  titulado Salmodia de los días tristes.
Amparo Romero, siempre radiante y envuelta de un halo de gracia y distinción, debe sentir que las musas la siguen amando e inspirando. Desde muy joven tomó entre sus brazos la lira y ha hecho pulsar sus cuerdas y la comarca y el mundo son testigos de su dedicación y noches en vela. Es una mujer que ha tejido sin pausa por laberintos el hilo de temores, gritos, susurros y temblores.
Su poesía ha recorrido el territorio de los hombres y ha conjurado a los dioses para robar el fuego del que eran propietarios. Con tesón ha portado la insignia de la desobediencia y el color de la sangre y la ceniza aparecen en sus versos.
Amparo Romero no se ha resignado al verso fácil, al canto lisonjero ni ha dado lugar al descanso de las armas que puso en su boca Eratos. Su perfume y su aliento largo, como sus cabellos de oro han volado por salones, montes y sobre los mares. Amparo ha dejado salir el río de almendras que corre por sus laberintos y nos deja abierta la vena para beber de él como en una fuente nueva.
Salmodia de los días tristes es un recital de voces en la catedral del Monte Olimpo cuando los días mueren. Los poemas huelen a almendra, a almizcle oriental salido del laurel o la herida de árbol de la vida. Su nombre sabe a salmo de Salomón cantado en lira a la Sulamita en su imposible cofre ajeno. Es el legado de Amparo para ser leído en compañía de la soledad, lejos de los ruidos del afán y la alabanza y el alma que lo reciba quedará leve.
En este poemario Amparo muestra el fruto de su jardín y de sus noches en vela, tiene el velo de la verdad, sin más reparos que su cara límpida. En él están en breves versos impulsos necesarios para continuar de nuevo. Es el toque de gracia que dice a los escépticos que el refrán común dejó de serlo porque esta poeta de la tierra ya es profeta en propio su suelo.
En sesenta salmos en prosa Amparo Romero desgrana el rosario de su alma y nos depara el óleo de su pebetero.
Como un ángel ciego lavo mi rostro con ceniza,
Odiseo prende su lámpara, el genio esclavo en su vasija me otorga su honda profecía, las preguntas siguen siendo las mismas que me hice en el vientre de aquella mujer que era mi madre.
Tristemente soporto, como un río de almendras escribo mi alfabeto y nada más, como los solos, como los de las tinieblas.
Mío el aullidos de los perros.
Este premio honra el tesón, el pulso y la finura de Amparo Romero y se honra en él la región y la alta cumbre que es la poesía.
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EL ACUERDO DE LIBRE COMERCIO CON EE.UU.
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
El Embajador de Colombia ante Estados Unidos Gabriel Silva Luján advirtió la semana pasada que Colombia desistirá del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos ya aprobado hace dos años por el Congreso colombiano, si no lo pone en su agenda ahora el Congreso de Estados Unidos.
Estuve buscando en internet el texto del Tratado para enterarme de primera mano sobre su contenido. Pero no lo encontré. Tocaría ir a Anales del Congreso a hacer cola y solicitar por medio de derecho de petición su bendito texto – que se supone ya sabido y comunicado a todos los habitantes por su mera publicación en el Diario Oficial-. Pero no. Del TLC sabemos lo que dicen la radio, los emisarios del Gobierno en sus peleas de gallo fino por TV, y lo que dicen los industriales y algunos comerciantes mayoristas de artesanías.
Coca Cola, General Motors y Wal-Mart han sido los primeros en apoyar tal Acuerdo. Y los Republicanos. Aquí se han oído voces de los arroceros y lecheros en contra. Y los agricultores que llevarán la peor parte si se hiciera efectivo no se han percatado del peligro en que van a quedar. 
La realidad es que a nadie convence el tal Acuerdo de Promoción Comercial, que así se llama. ¿Quiénes se verán beneficiados? Y la pregunta más dura, ¿quiénes se verán perjudicados? ¿Por qué en Estados Unidos hay tanto interés de su aprobación? Lo de menos es la razón política de la violación de derechos humanos para su dilación. Son razones de preocupación por su impacto social.
Se verán beneficiados los bancos, los empresarios petroleros, las productoras de medicamentos, los explotadores de carbón, las compañías mineras extranjeras, los agricultores norteamericanos, los exportadores textileros y automotrices norteamericanos, sus grandes cadenas de almacenes, como Wal-Mart. Este es el gran interés que tiene EE.UU. en su aprobación. Ganará más para su economía ese país que el nuestro, porque Colombia se ha convertido por el contrabando y sin TLCs, en una plaza inmensa de mercado para países como China, Taiwán, Corea y, obvio, EE.UU. Pulularán más los sanandresitos, las tienduchas en las aceras, los vendedores informales en las calles y esquinas. ¡Qué buen propósito el del famoso TLC, que favorecen más al vecino rico!
Se verá perjudicado nuestro mercado nacional en productos del campo, como maíz, trigo, arroz, fríjol, papa, tomate, frutas, leche y sus derivados. Nuestro principal renglón, la agricultura, tan floreciente en otras épocas, por fin se vendrá a pique. Lo poco que dejaron los paras, la guerrilla y la indolencia del Gobierno en dar estímulos y capacitación a nuestros campesinos lo acabará el famoso TLC. ¿Qué podrán hacer, de qué podrán vivir, entonces, nuestros campesinos que madrugan a arar con bueyes y burros, a echar azadón a sol y agua, sin tractores ni tecnología?
Si no se protegen nuestros productos agrícolas, nuestros textiles, nuestra mano de obra necesitada, tantos años de lucha y experiencia, tantos campos de trabajo, tantas bocas van a quedar sin pan, sin trabajo, sin educación, sin soporte técnico. Colombia va a resultar vendida, literalmente, con esta clase de “tratados” que empobrecen, en lugar de mejorar el panorama laboral, productivo y el empleo decente.
14-02-11 – 9:51 a.m.
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ÍCARO VUELA EN SU TERCER INTENTO
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
El mito del atrevido Ícaro suspendido tras el fracaso del primer intento cuando chocó, ingenuo, contra las ondas del mar, no cesó allá en Creta, hace siglos. Su padre, el arquitecto Dédalo, hábil en viajes por laberintos, le fabricó alas pegadas unas sobre otras con hilo y cera. Su forma era de pájaro. La ilusión de dominar el cielo y de llegar al paraíso pudo menos que el calor del sol y derritió sus ganas.
Otro Ícaro del aire, con más experiencia y de apellido Lindberg, voló sobre el Atlántico en un ave monomotora y quiso cruzar la mar impávido hasta el París de sus sueños. La hazaña le valió un premio de 25 mil dólares en 1927 aunque luego su felicidad la truncó la pérdida de su hijo.
La competencia y la tecnología y el ansia de volar, como en los sueños, no merman con los accidentes de cohetes, boeings y airbuses. Puede más el riesgo, el afán de rapidez y la sensación de saber que el hombre es más veloz que el camello, los caballos y el eurostar que patina sobre rieles a más de 300 kilómetros por hora. El cine nos ha mostrado, fuera de la escena de Aladino montado en ese avión sin ojos ni patas y de alas de felpa, en La historia sin fin, a seres interplanetarios fantásticos, como el perro de Michael Ende, con cara tierna y orejas como alas. En Avatar grandes pterodáctilos sirven de helicópteros a protagonistas azulados con narices carnosas y eróticas, que viajan a un planeta llamado Pandora.
Viajar por los aires ya es un lugar casi común en películas de ficción. Es sinónimo de modernidad, de libertad, de evasión de la realidad. Conlleva la sensación de liberación de la pesadez del cuerpo, de la adquisición de poderes sobrenaturales, de dominio de las alturas. En películas con personajes como Superman, Batman, El hombre araña, ya es no es sorpresa hallar a humanos volando en pequeños vehículos y detenerlos en las ventanas de rascacielos para dialogar o espiar.
La Nasa ha confiado a grandes constructoras como la Boeing, la Lockheed y la Northrop Grumman la presentación de diseños de los aviones que usaremos en un próximo futuro. La forma que la Boeing ha lanzado a la publicidad pone a soñar otra vez al hombre a montar dentro del cuerpo de un reluciente pájaro con dos y tres turbinas sobre el lomo, como paquete amarrado en una paloma blanca. Su cuerpo en V tiene sus alas tensas que parecen levitar sin esfuerzo, su cabecita lisa tiene los ojos abiertos y su boca esboza una sonrisa. No parece contener 50.000 kilogramos, o 500 pasajeros ni sostener un crucero de 7.000 millas al 85 por ciento de la velocidad de la luz.
¿Usted será tan afortunado que muy pronto en su aeropuerto suene el altoparlante y la voz anuncie que el vuelo de su sueño está próximo a cumplirse e irá junto a la silla de Ícaro?
25-01-11 – 9:14 a.m.
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