SALMODIA DE LOS DÍAS TRISTES
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
Amparo Romero Vásquez, poetisa caleña, acaba de alcanzar el premio de Poesía Jorge Isaacs del Concurso de Autores Vallecaucanos que patrocina la Gobernación del Valle del Cauca, a través de la Secretaría de Cultura Departamental con el libro de poemas titulado Salmodia de los días tristes.
Amparo Romero, siempre radiante y envuelta de un halo de gracia y distinción, debe sentir que las musas la siguen amando e inspirando. Desde muy joven tomó entre sus brazos la lira y ha hecho pulsar sus cuerdas y la comarca y el mundo son testigos de su dedicación y noches en vela. Es una mujer que ha tejido sin pausa por laberintos el hilo de temores, gritos, susurros y temblores.
Su poesía ha recorrido el territorio de los hombres y ha conjurado a los dioses para robar el fuego del que eran propietarios. Con tesón ha portado la insignia de la desobediencia y el color de la sangre y la ceniza aparecen en sus versos.
Amparo Romero no se ha resignado al verso fácil, al canto lisonjero ni ha dado lugar al descanso de las armas que puso en su boca Eratos. Su perfume y su aliento largo, como sus cabellos de oro han volado por salones, montes y sobre los mares. Amparo ha dejado salir el río de almendras que corre por sus laberintos y nos deja abierta la vena para beber de él como en una fuente nueva.
Salmodia de los días tristes es un recital de voces en la catedral del Monte Olimpo cuando los días mueren. Los poemas huelen a almendra, a almizcle oriental salido del laurel o la herida de árbol de la vida. Su nombre sabe a salmo de Salomón cantado en lira a la Sulamita en su imposible cofre ajeno. Es el legado de Amparo para ser leído en compañía de la soledad, lejos de los ruidos del afán y la alabanza y el alma que lo reciba quedará leve.
En este poemario Amparo muestra el fruto de su jardín y de sus noches en vela, tiene el velo de la verdad, sin más reparos que su cara límpida. En él están en breves versos impulsos necesarios para continuar de nuevo. Es el toque de gracia que dice a los escépticos que el refrán común dejó de serlo porque esta poeta de la tierra ya es profeta en propio su suelo.
En sesenta salmos en prosa Amparo Romero desgrana el rosario de su alma y nos depara el óleo de su pebetero.
Como un ángel ciego lavo mi rostro con ceniza,
Odiseo prende su lámpara, el genio esclavo en su vasija me otorga su honda profecía, las preguntas siguen siendo las mismas que me hice en el vientre de aquella mujer que era mi madre.
Tristemente soporto, como un río de almendras escribo mi alfabeto y nada más, como los solos, como los de las tinieblas.
Mío el aullidos de los perros.
Este premio honra el tesón, el pulso y la finura de Amparo Romero y se honra en él la región y la alta cumbre que es la poesía.
Leer más…








