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Domingo, 11 de octubre de 2026
viernes 27 marzo, 2009 a las 11:49 am

“No se puede confundir un atentado contra la libertad de expresión, bajo el disfraz de un simple atraco callejero”: Gustavo Adolfo Valencia Ayala

Foto El Liberal

Luego del atentado criminal del que fue víctima el lunes 16 de marzo el reconocido periodista de Popayán Gustavo Adolfo Valencia Ayala, ocurrido al interior de su propia vivienda en el barrio El Recuerdo, al norte de la capital caucana, decidió aclarar todas las versiones sobre los hechos ocurridos.

La siguiente nota se publica en su totalidad teniendo en cuenta que inicialmente las autoridades policiales y judiciales no entregaron mayores detalles sobre este caso, limitándose a informar que adelantarían las investigaciones con el fin de determinar móviles y dar con el paradero de los agresores. Igual actitud habían asumido sus familiares y la empresa radial, quienes mantuvieron silencio con los medios de comunicación sobre las circunstancias que rodearon este delicado caso de sangre.

Gustavo Adolfo Valencia Ayala es abogado egresado de la Universidad del Cauca, cuenta con 56 años, y hace muchos años es directivo de la emisora ‘La Voz de Belalcázar’, afiliada al sistema Todelar.

La siguiente es su propia versión de los hechos y sus mensajes de agradecimiento a quienes le ayudaron en el difícil trance que tuvo que afrontar:

Desde cualquier lugar de nuestro querido terruño payanes, donde continuo satisfactoriamente mi recuperación.

Sea lo primero, mi obligado y rendido agradecimiento a toda la ciudadanía por esas estimulantes voces de afecto y la inmensa solidaridad demostrada ante el grave atentado del que fui objeto.

Los hechos se presentaron el lunes 16 de los corrientes, a las 8:40 de la noche. A esa hora abrí el garaje de la casa para guardar el carro, cuando dos sujetos, blandiendo tranquilamente en la calle, sin temor ni recato alguno, sus revólveres, me empujaron hacia adentro y me dijeron que obedeciera sus órdenes, si no quería que acabaran con todos los de la casa, porque iban a realizar un operativo de las AUC.

La amenaza como se entenderá era más que intimidante. Sobra decir que eso bastó para reducirme a la indefensión. De allí en adelante, siempre encañonándome, comenzaron a recorrer toda la casa, al tiempo que nos bolsiqueaban. Cuando les pregunté qué era lo que querían en concreto, uno de ellos sólo se limito a decir “espérate que estamos esperando órdenes del Comandante … y, permanentemente hablaba por celular pero yo no podía escuchar lo que decía.

El tiempo pasaba y mis temores crecían. Les ofrecimos plata y dijeron que de eso no se trataba. Una de mis hijas trataba de calmar una pequeña mascota que les ladraba. Entonces uno de ellos intentó agredir a una de mis hijas y mi reacción no se hizo esperar. Cuando trate de agarrarlo, me disparó, creo que en dos o tres oportunidades. Uno de los balazos atravesó mi pierna izquierda, fracturándome el fémur y lesionándome la arteria y la vena femoral. Cuando sonaron los disparos, los vecinos, que ya habían sido alertados por una de mis hijas, la que logró ganar la calle en un descuido de uno de los maleantes, se arremolinaron en la puerta de mi residencia, pero los malandrines ya habían escapado. El médico Duban Quintero y una médica interna del Hospital San José, vecina, me dieron los primeros auxilios, conteniendo con un torniquete la hemorragia, mientras mis hijas llamaban desesperadamente a un servicio de ambulancias.

Lo que vino después fue confusión, gritos y mi lucha denodada por seguir aferrado a la vida. Una vez en el hospital San José, la capacidad y profesionalismo de los médicos Sory Agredo, experto traumatólogo y Alexei Rojas, consagrado cirujano, acompañados de un idóneo equipo de enfermeras, auxiliares y el anestesiólogo Justo Revelo, comenzaron su primer trabajo. Había que parar la hemorragia y mantenerme con vida. Apareció entonces unida a la sapiencia de estos inigualables galenos, ese amplio y generoso abrazo de los payaneses. Miles de voces amigas llamando a las emisoras y canales de televisión, solidarizándose y ofreciéndose como donantes. Mi tipo de sangre A negativo el cual es muy escaso. Los médicos no podían operar sin tener las suficientes reservas de plasma. Gente humilde, amigos de la niñez, vecinos, funcionarios públicos, colegas, compañeros de muchas jornadas, militares y conocidos de siempre, fueron hasta el Hospital para completar las 25 unidades de sangre que se requerían. Cuando se hizo el llamado, solo había tres unidades del vital liquido en el banco de sangre, pero a las 12:00 de la noche se completó la cantidad requerida.

El competente equipo médico del Hospital San José, comenzó su labor. Tres horas duró la primera cirugía. Otras cuatro horas más la segunda, a cargo del prestigioso médico cirujano vascular Victor Bonilla y el anestesiólogo Francisco Zaa con el equipo de quirófano …. pero el dictamen seguía siendo reservado. Los médicos pidieron esperar con paciencia para conocer el resultado y aconsejaron que el paciente permaneciera en sueño inducido por cinco días más. Pero mi Buen Dios decidió darme una segunda oportunidad y el miércoles en la mañana me llamó otra vez a la vida.

Tres días antes de lo previsto, los médicos vieron con asombro el fruto de su esforzada labor: Esta vez le ganaron el pulso a los malos.

He decidido salir del ostracismo, consultando previamente a mi familia, para contar este nuevo milagro, una simbiosis de lo avanzado que está la ciencia médica en Popayán y las cadenas de oración de quienes elevaron sus rezos, implorando la piedad divina, que como bien lo dijo el párroco del Hospital, sacerdote Hernando Silva, cuando me administró la extrema unción y me llamó de regreso al rebaño del Nazareno: Ellos aplican sus conocimientos, pero solo mi Buen Dios decide…

Después de superar este protervo episodio, quedan lógicamente muchas cosas por reflexionar. Tenemos una ciudad construida por inspiración celestial, pero no podemos permitir señor Alcalde, que nos la sigan arrebatando los malévolos. No es el momento para analizar las causas socio – económicas que generan tanta violencia, pero lo que sí es cierto, es que hay que revisar y crear nuevos esquemas de seguridad ciudadana: ¿cómo pueden deambular tranquilamente por las calles de tan apacible sector residencial, el barrio El Recuerdo, dos desadaptados con armas más grandes que ellos.¿… Se acabaron las requisas policiales…?. No podemos regresar a los tiempos en que los violentos, no nos dejaban ni siquiera circular por la Vía Panamericana.– De otra parte … ¡¡¡No se puede confundir un atentado contra la libertad de expresión, bajo el disfraz de un simple atraco callejero!!!. Se deben mirar todas las aristas de la investigación… Recordemos que por estos micrófonos se han denunciado verdades… sin compromiso y siempre en beneficio de lo publico.

Últimamente el escándalo de Probolsa S.A. La impunidad con la que se pretende ocultar a quienes no solo confesaron sus crueles delitos con la Ley de verdad, reparación y justicia en los casos del paramilitarismo en nuestro Departamento, sino también a quienes los protegieron y se confabularon con sus brutales acciones. Los frecuentes aquelarres en el manejo de los recursos públicos y en fin, todo lo que está afectando el bien común. Los bribones, no nos pueden dejar colgando del hilo del progreso. Necesitamos la seguridad para seguir creciendo cosidos a la Historia de Colombia.

Se debe pedir ayuda urgente al Presidente Álvaro Uribe, que tanto aprecio siente por nuestra región, para que se redoblen esfuerzos, en torno a la Seguridad Ciudadana.

Ayer fui yo… pero cuántos caros y valiosos coterráneos no pudieron regresar para contar el cuento.

Señor Alcalde: con todo respeto, primero garantícenos al menos el derecho a la libertad de movilidad, que el resto vendrá por añadidura.

El Gran Creador bendiga tantas almas buenas y generosas que siguen haciendo de Popayán, una urbe cálida, acogedora e inigualable. A esos Ángeles que Dios me ha dado por hijos … solo te pido Señor que me los sigas protegiendo. Qué lección de abnegación, amor y entrega me dieron. Mis hijas y su madre (cuyos nombres debo mantener en el anonimato para intentar garantizar su seguridad); con qué entereza y valor afrontaron el trágico episodio.

Cada una en el campo de sus profesiones, sin dejarse derrotar por el escepticismo, se batieron como leonas para salvarme la vida. No obstante sufrir, en la primera intervención quirúrgica, dos paros respiratorios y una insuficencia renal, mortales para cualquier persona, no se abatieron y decidieron por si solas, correr todos los riesgos, autorizando una segunda cirugía. Una de ellas no solo es médica, es la encarnación misma del Ángel Guardián, que a su admirable talento suma el poder de obrar con precisión, para no incurrir en errores, cuando la adversidad ha iniciado su conteo regresivo. Demorar cinco minutos un solo procedimiento, hubiera sido letal. No había tiempo para equivocaciones y acertó. Dios me la siga iluminando para beneficio de su comunidad.

A toda mi familia, los Valencia Mosquera, Valencia Ayala, Valencia Legarda, Valencia Astudillo, Valencia Muñoz, Paredes Valencia, Valencias y Valencias, que la bondad del Señor los siga cobijando.

A mis colegas de la prensa local y nacional, mi fraternal abrazo de agradecimiento.

A todas las autoridades, mi gratitud perpetua.

Discúlpenme por ser tan hermético, pero mientras no terminen las investigaciones, desafortunadamente por recomendación de los organismos de seguridad debo proceder así.

El señor irrigue bendiciones para todos y que ilumine a quienes hoy dirigen los destinos de nuestra comarca, para que encuentren la luz que nos sacará de la oscuridad y la inseguridad. Confiemos en que así sea.

Que tengan todos el mejor de los días. Hasta otra oportunidad. Con todo mi afecto:

Gustavo Adolfo Valencia Ayala.

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