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No puede abandonarse el camino del diálogo con los grupos armados, dice comisionado de paz Camilo González.

Sobre la posibilidad de que el gobierno nacional reanude las negociaciones de paz con el ELN y las disidencias de las FARC que encabeza Iván Mordisco, el economista Camilo González Posso, cabeza del equipo designado por el presidente Petro para negociar con EMC de las FARC, expresó: “Yo estoy de acuerdo con un filósofo muy famoso, que dijo: -nunca digas, nunca jamás-. No sé si usted conoce a ese filósofo, pero yo creo que hay que tenerlo en cuenta. El diálogo no puede ser algo renunciable. Hay que tener siempre acceso al diálogo. ¿Cuándo pueden volver a una mesa? ¿En qué condiciones? Con o sin cese al fuego, es algo que ya depende de otras variables, pero yo creo que no puede abandonarse el camino del diálogo”.
Esta y otras declaraciones las hizo CGP, el viernes 20 de septiembre, en la casa de la Moneda de Popayán, durante la reunión de la “Precop16 Eco región del Macizo”, con la asistencia de delegados de los gobiernos nacional, departamental, del alcalde de Popayán, Juan Carlos Muñoz y cerca de 800 representantes de organizaciones, sociales, ambientales, productivas y políticas de los departamentos del Cauca, Nariño, Putumayo, Huila, Valle del Cauca, Tolima y Caquetá, reunidos para dar a conocer la problemática ambiental del Macizo Central Colombiano y las propuestas para llevar a la COP16 a reunirse en Cali desde mediados de octubre.
El exministro de salud y fundador de Indepaz, CGP, durante su exposición de 36 minutos y en declaraciones a Proclama del Cauca y Valle, hizo un completo análisis sobre los estragos que ha causado a las selvas, a su biodiversidad y a las poblaciones indígenas, afros y campesinas, la guerra irregular prolongada desarrollada desde hace 70 años en el territorio colombiano y especialmente en zonas como la región andina, la Amazonía, Orinoquía y el Pacífico, donde la expansión de los cultivos de coca y su procesamiento, la ganadería extensiva y la minería ilegal han generado una nueva colonización que favorece la contaminación de tierras y aguas y convierte vastos territorios en sábanas y pastizales.
También destacó, que fuera de acabar con el hábitat de innumerables especies de flora y fauna, la praderización de las selvas causa profundos desequilibrios en los ciclos climáticos al alterar los regímenes de lluvias y el flujo de los llamados ‘ríos voladores’ que hacen que la evaporación de las aguas sobre la selva del Amazonas influya en las lluvias sobre la sábana de Bogotá y sus alrededores donde están Chingaza y otras represas y, si la selva es deforestada, ya no lloverá con la misma intensidad. En ese sentido, también destacó la influencia en el clima de la evaporación que se da en las aguas del océano Atlántico, el movimiento de nubes generadas por los vientos alisios y la interrelación que se da entre el centro y sur del país con el océano y la región pacífica vinculada a los Andes del Macizo colombiano y la Amazonia, a través de la bota caucana, como puente climático y de flujo e intercambio de especies de flora y fauna que será afectado al talar los árboles.
Acerca de la importancia de la reunión preparatoria de la COP16 y si es posible integrar el proceso de paz intentado por este gobierno nacional con diversas organizaciones armadas y la recuperación ambiental de territorios deforestados y contaminados por residuos del procesamiento de coca y la minería ilegal, González Posso, expreso: “Estos eventos son una oportunidad precisamente para el diálogo y para construir propuestas ambientales, y es muy importante que estén representados sectores como las comunidades del Macizo de los 7 departamentos, porque eso va a permitir que salgan cosas positivas. Ojalá hagamos integraciones y no solamente un pacto de vida de la biodiversidad no humana y también de la gente que está siendo sometida a todo tipo de violencias en estas regiones del Macizo colombiano.
Al preguntarle si era cierto, que el proceso deforestador de las selvas para sembrar coca e instalar hatos de ganadería extensiva, se había intensificado después del acuerdo de paz firmado durante el gobierno de Santos con las FARC, dijo: “Le voy a dar cifras. Después de la firma del acuerdo de paz para hablar solamente de la zona del arco amazónico, se han deforestado más o menos unas 900.000 hectáreas. Pero en el periodo anterior, cuando no había acuerdo de paz entre el año 2000 y el año 2016 se deforestó 1.000.000 de hectáreas. Quiere decir que el ritmo de deforestación aumentó después. Ahora volvió a bajar un poco, pero no quiere decir que no hubo deforestación. Además, hubo un período de expansión de la hoja de coca que significó primero deforestación y luego la transformación de todos esos predios en sábanas ganaderas. Entonces no puede decirse que no hubo deforestación porque las FARC no dejaban, ellos regulaban. Y además hubo combinación del pequeño colono que era menos depredador, pero también de grandes proyectos mafiosos. Recuerde que allá estuvieron terratenientes, Larandia, Rodríguez Gacha y estuvieron todos los mafiosos metidos en esa región. No era solamente haciendo laboratorios, era promoviendo el cultivo de la coca, la deforestación y la ganadería. Entonces, en el área de interpretaciones, en general las zonas selváticas han sido utilizadas por las guerrillas de Colombia y el mundo como zonas de retaguardia. Y en esa medida les interesa que exista la selva y sirven de freno a ciertos sectores, a ciertos proyectos multinacionales, pero a veces llegan a acuerdos, por ejemplo, una petrolera que paga bien o una minera que paga bien coltán, oro y otras cosas. Pues en esas circunstancias, los criterios ambientalistas pasan a segundo plano. Hay externalidades de políticas que llegan a preservación ambiental, pero no porque hayan sido conscientemente ambientalistas. Una regulación que se dio y creo que tuvo contenciones mayores en las épocas anteriores. Pero que fue inmediatamente después al acuerdo de paz.
Al preguntarle sobre la reacción de las guerrillas al poner sobre la mesa de negociación controvertidos temas y políticas ambientales que cuestionan su proceder, CGP, manifestó: “Pues desde el punto de vista del discurso hay una aceptación pasiva, vamos a mirar lo ambiental como algo muy importante… pero, viene el Pero: ¿con qué políticas? y entonces vienen los conflictos y ahí hay resistencias, por ejemplo, a las políticas actuales del Gobierno en materia de conservación y recuperación forestal y de urgente e inmediata reconversión ganadera. Entonces, en la Amazonía Central el problema es la expansión de la ganadería, no es la coca. ¿Y si no hay frente a eso un acuerdo importante? A veces algunos ganaderos dicen: “estamos haciendo mejoramiento genético de razas para el ganado y también para los pastos, pero uno va a ver ¿qué es eso?: Absolutamente pírrico. Son cositas pequeñas. Lo general es la depredación de la selva con ganadería extensiva encima y eso lo regulan. Hacen de autoridad ambiental, pero no de freno a la destrucción”.
Al preguntarle, si, en las negociaciones con los grupos armados se les había cuestionado los derramamientos de petróleo sobre los ríos y tierras después de atentados a oleoductos y del robo de petróleo conectando válvulas a los tubos, CGP, afirmo: “Pues es un tema muy importante en algunas regiones sobre todo por ejemplo, en el Catatumbo donde utilizar esas piscinas después de ordeñar el tubo y quemar el petróleo, es una práctica para la producción de pasta básica que alimentan con gasolina suministrada a los campesinos como insumo para procesar pasta básica de cocaína. Y esa práctica tiene ciclos de incremento o descenso relacionados con la crisis internacional por sobreproducción y las oscilaciones del precio de la coca. Pero no porque conozcamos un planteamiento político y social fuerte de los actores armados que hay en el Catatumbo, no me refiero a ninguno en particular. Para que eso desaparezca, creo que debería haber una proscripción de la práctica contaminante. Eso debe ser un tema para la mesa de negociación, tanto con el ELN, con la Segunda Marquetalia, en el Putumayo y también con Estado Mayor y el comando de Gentil Duarte, en el norte de Santander”.
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