¿NO PASÓ NADA?


El expresidente del Uruguay había dicho que tendríamos que ser un país esquizofrénico si llegáramos a votar el NO. Por la forma como han reaccionado las actores de este proceso, parece que se quedó corto calificándonos.
El domingo el país quedó oficialmente dividido en dos opiniones muy parejas y se suponía que las dos cabezas de cada uno de esos sectores actuarían en consecuencia, para salvar la paz y salvar al país.
Pero Santos no renunció, como si lo hizo De Gaulle cuando perdió el plebiscito por los días de la guerra en Argelia. Y como también lo hizo Cameron hace unos meses con el Brexit. Y Uribe, que podía haber salido a exigir, prefirió dar las gracias y no puso las cosas en su punto, como si aquí no hubiera pasado nada. Solo Timochenko leyó el mensaje de las urnas y salió a decir que las Farc no volvían a las armas y que continuarían usando las palabras, abriendo paso a la renegociación que las urnas dieron por mayoritariamente pedida.
Abrir esa renegociación con Santos como presidente, a quien el país dejó de creerle, es difícil que tenga éxito. Santos no puede recular tanto en sus derrotadas tesis de ceder todo a la guerrilla y como tal, para que tenga validez y credibilidad la nueva negociación, debería dirigirla otra persona. Por eso, es de lógica su renuncia.
Pero el problema es que a Vargas Lleras (a quien por Constitución le corresponde sucederlo), tampoco le creen los de la clase política o, más bien, le tienen miedo por razones personales o ideológicas.
Se necesita claridad meridiana, reconocimiento real de lo sucedido el domingo y capacidad de mediación para convocar a todo el país alrededor de la paz. Si no es así, aquí no pasó nada.
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