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Domingo, 4 de octubre de 2026
lunes 18 mayo, 2015 a las 3:34 pm

“NO MATEN AL PERRO QUE AÚN LADRA”

Óscar-Collazos_MN

Dijo Oscar Collazos días antes de partir hacia la nada. Acosado por una extraña enfermedad. Mensaje que escribió desde su correo virtual, desmintiendo lo que ya muchos sabían: que Collazos era un muerto vivo.

Armando Orozco Tovar
Armando Orozco Tovar

Siempre Oscar lo fue como buen negro que era de la costa pacífica colombiana de donde salió niño: primero a Buenaventura, luego a Cali, la capital vallecaucana, y después hacia Bogotá. En todo su inicial periplo se hizo escritor leyendo y asimilando lo leído como nadie. Había que oír sus disertaciones magistrales. ¡Qué labia dios mío! Se paseaba por la literatura universal y latinoamericana con una propiedad envidiable, que pocos tenían en este medio pacato e ignorante de feudo pseudo intelectual.

Él sí lo era de verdad. Y como todo verdadero pensador literario siguió su trashumancia hacia otras regiones más afectuosas. Dicen que estuvo en la Francia del “¡Prohibido, prohibir!” Luego en Barcelona donde residió años. Suecia. Y quién sabe qué más sitios europeos. De lo que sí estoy seguro es que un día lo visité en el Hotel Nacional de La Habana, donde en un sexto piso residía con una tremenda sueca, y su aire permanente de príncipe afrodescendiente chocoano.

Muerto de risa me recibió con su característica amabilidad. No poseía ningún tipo de pedantería mediocre a la colombiana de senador de la República. Oscar era el mismo que conocí en la Bogotá de mediados del 60 saliendo de la revista Letras Nacionales, con su libro de cuentos “Son de máquina” debajo del brazo. Pose, como según Gabo dice, se estilaba desde la época de Eduardo Carranza, paseándose por la Carrera Séptima, nuestra Vía Apia.

Óscar-Collazos_MN
Oscar Collazos

Ya que nombré al poeta del movimiento poético “Piedra y Cielo”, recuerdo cuando ante un elogio hecho en la Casa de Poesía Silva, viéndolo fumar como un actor de cine, le dije: “Te estás pareciendo a Humphrey Bogart”. La directora, María Mercedes Carranza, que con oído de tísica, desde su oficina escuchó mi ironía, me llamó la atención con tono furioso: -“Cómo se atreve a comparar a Collazos, con uno de los hombres más hermosos que han existido”.

Siempre vi a Oscar fumando pero no lo conocí, porque nadie conoce a los demás. Ni a uno mismo llega a hacerlo. Uno pasa por la vida siendo desconocidos de uno mismo, y cuando ya se tiene algún dato próximo, que revele quién se es… ¡Saz! llega la gran “Señora, que se va llevando todo lo bueno que en nosotros topa…”

No sé si Oscar tuvo tiempo a sus 73 años, que dice tenía, de conocerse. En su mayoría empleados en construir historias, hacer artículos de prensa, y ensayos literarios, entrevistas, crónicas, como las que permanente hacía para periódicos y la revista desaparecida El Librero, distribuida gratuitamente por la librería del Centro Cultural García Márquez… Y novelas, que era como escritor lo que más le atraía. Dejando a su público lector en espera de un gol olímpico.

Oscar mejor hablaba. Lo oí con la boca abierta, en conferencias haciendo sus exposiciones teóricas de literatura. En Cuba trabajó un tiempo con el poeta Retamar, que va a cumplir pronto 90, en la Casa de las Américas. Para la serie de Valoración Múltiple. Del cual conservo un volumen dedicado a: “Tres novelas ejemplares”. Varios textos, que me colaboraron en mis clases universitarias y donde aparece su ensayo “La otra violencia”. Al lado de Ciro Alegría, Juan Marinello, Horacio Quiroga y otros…

Al comienzo de su escrito citado, Oscar dice: “La suerte de muchas obras que alcanzan el prestigio inmediato, no suele ser afortunada en las críticas que le corresponden: asediadas por generalizaciones, lugares comunes y afirmaciones muchas veces exteriores al proyecto que desarrollan, generan una literatura de la literatura, esencialmente laudatoria. Los lugares comunes seguirán circulando hasta que la perspectiva del tiempo y el reposo del entusiasmo provoquen una revalorización…”

Algunas pocas me lo encontré en el Automático de tercera generación, al frente de la Librería Gran Colombia. Otras en las primeras ferias librescas, cuando asistía a ellas. Y alguna en el apartaco del escritor Germán Espinosa, de quien era buen amigo, uno de los olvidados, no se sabe por qué. Situación, con las persecuciones habituales mediáticas, y el ninguneo, que llevan a los “Maestros” a pisarse, antes que los eliminen de verdad, o los pongan presos con cualquier pretexto. Antes son marginados, no les perdona el establecimiento “supe democrático”, ni tampoco el curato.

La máxima obra “Suenan Timbres” de Luis Vidales, a quien siempre se le persiguió por comunista, duró 50 años para sacarla de nuevo a la luz, después de su primera edición de 1928. “Todo esto sucede desde los tiempos de Vargas Vila, pasando por los de Julio Flórez, Gabo se metió durante el Estatuto de Seguridad de Turbay, a las carreras en una embajada. Y muchos otros, como Oscar, que les tocó marcharse buscando aires menos contaminados, hacia otras regiones más hospitalarias…

Antes que les ocurriera lo del calumniado José Asunción Silva, que amaneció un domingo como hoy con un tiro en el corazón.

Alegría de Pío./5/17/15/ 6:15 a.m

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