No es suficiente condenar en palabras

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Estamos cansados de escuchar condenas verbales a la violencia siempre y por todas partes, autoridades nacionales, regionales y municipales salen a los micrófonos a condenar los actos violentos y lo hacen todos enfáticamente y con vehemencia, pero luego no vemos acciones de ninguna clase a no ser el consabido Consejo de Seguridad que protocolariamente se cumple y que reiteradamente no da resultados y las declaraciones formales de llevar las investigaciones hasta las últimas consecuencias. ¿Qué es lo que realmente pasa en Colombia? ¿Por qué tenemos que estar condenados a vivir bajo la violencia? A diario hay retenciones, secuestros, extorsiones, bloqueos de vías, amenazas, hostigamientos, destrucciones, explosiones, drones, desapariciones, reclutamientos de menores, violaciones y toda una serie de delitos contra la vida, honra y bienes de los ciudadanos que vulneran los derechos humanos, y lo más grave, es que pasan los años y en lugar de disminuir aumentan todos estos crueles delitos y en lugar de registrar acciones contundentes y firmes del Estado lo que vemos es una entrega diaria que termina favoreciendo a los grupos criminales. ¿Cómo es posible que ante esta avalancha de duros hechos la respuesta sea solicitar por el gobierno la suspensión de 29 órdenes de captura del Clan del Golfo para seguir dilatados y fracasados procesos de paz? Ante estas situaciones de impunidad, la criminalidad se dispara y crecen más y más grupos armados bajo el nombre de disidencias, clanes, grupos terroristas, grupos organizados delincuenciales, grupos de drogas y delincuencia común e ingresan a territorios claves para ejercer sus acciones desbordando la escasa autoridad existente y ocupando vastos territorios. La respuesta sigue siendo débil e improvisada, en lugar de fortalecer la Fuerza Pública y el Estado hacer presencia con sus respectivas instituciones sociales, se retira del servicio a importantes miembros de la Fuerza Pública para producir relevos a pocos días de terminar la administración nacional en una forma inexplicable de proceder, que solo parece tener la intención de politizar la fuerza pública y crear sectores de conflicto para el próximo gobierno. Cuánta falta hace una Procuraduría fuerte que sancione y detenga las arbitrariedades, las intromisiones y la politiquería de funcionarios, empleados y contratistas.
El Presidente de la República se ha convertido en un actor más de la campaña electoral visitando regiones definitivas electoralmente para abrir y abonar el campo a su candidato, haciendo alocuciones dirigidas a la propaganda y promoción de su candidato, desatando en pleno debate una lluvia de avisos publicitarios, cuyos mensajes son un pedido subliminal de la continuidad del gobierno e impulsando una Asamblea Constituyente paralela al certamen, con firmas que no son necesarias legalmente para presentar el proyecto, pero que delatan el objetivo electoral. La proliferación del narcotráfico y el crecimiento de los cultivos ilícitos es plata líquida para las manos de grupos terroristas que ayudan a financiar campañas y la presencia de la subversión en regiones indica un dominio territorial que facilita la votación hacia el candidato gubernamental. Es decir, la participación e intromisión en el certamen electoral es enorme y observada por todos desde cualquier ángulo. Esta injerencia indebida parece no terminar nunca, no tener final.
En Roma, cuando las puertas del templo de JANO estaban abiertas era anuncio de tiempos de guerras, pero llegaba el momento de cerrarlas cuando la paz hacia su aparición, en Colombia parece que no pudieran cerrarse esas puertas de la guerra, siempre están abiertas alimentadas por la retórica, el engaño y las negociaciones sin límites ni rumbos.
Hoy quiero referirme al fallecimiento de Germán Vargas Lleras, un gran colombiano que luchó por su País en todas las formas democráticas y en las posiciones públicas más elevadas. Fue un patriota, servicial, de fuerte carácter y convicciones, honesto, que le hará mucha falta a Colombia en esta situación de tan enormes dificultades. A toda su familia y amigos les expreso mi solidaridad y mis sentimientos de pesar en estos momentos de dolor. Que el Dios de la vida y de la paz lo reciba en su gloria.
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