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Sábado, 10 de octubre de 2026

Nietzsche visto por Lou Andreas-Salomé

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Nietzsche visto por Lou Andreas-Salomé
Nietzsche visto por Lou Andreas-Salomé
Foto: IA
León Gil

El 15 de octubre de 2024, se cumplen 180 años del nacimiento de Friedrich Wilhelm Nietzsche (Röcken, 15 de octubre de 1844 –Weimar, 25 de agosto de 1900): Filósofo, poeta, escritor, compositor, pedagogo, filólogo clásico, crítico musical, experto en estudios clásicos y dramaturgo.

A continuación, mi modesta celebración y homenaje:
«Al joven Káiser alemán no le concedería el honor de ser mi cochero»
Friedrich Nietzsche, en Ecce homo.

Retrato de Friedrich Nietzsche, por Lou Andreas-Salomé

     Lo que fascinaba en la figura de Nietzsche era aquella primera y poderosa impresión que suscitaba ese misterio, la sospecha de una callada soledad. Al contemplador fugaz no se le ofrecía ningún detalle llamativo. Aquel varón de estatura media; vestido de manera muy sencilla pero también muy cuidadosa, con sus rasgos sosegados y el cabello castaño peinado hacia atrás con sencillez, fácilmente podía pasar inadvertido. Las finas y extraordinariamente expresivas líneas de su boca quedaban recubiertas casi del todo por un gran bigote caído hacia delante; tenía una risa suave, un modo quedo de hablar y una cautelosa y pensativa forma de caminar, inclinando un poco los hombros hacia delante; era difícil imaginarse a aquella figura en medio de una multitud, tenía el sello del apartamiento, de la soledad. Incomparablemente bellas y noblemente formadas, de modo que atraían hacia sí la vista sin querer, eran en Nietzsche las manos, de las que él mismo creía que delataban su espíritu. En Más allá del bien y del mal se halla a este respecto una observación muy acertada: «hay hombres que inevitablemente tienen espíritu, por mucho que quieran andarse con rodeos y pretextos y pretendan cubrir con las manos sus ojos delatores… (¡Como si la mano no fuese delatora!)».

     Similar importancia concedía a los oídos muy pequeños y modelados con finura, de los que decía que eran los verdaderos «oídos para cosas no oídas». Un lenguaje auténticamente delator hablaban también sus ojos. Siendo medio ciegos, no tenían, sin embargo, nada de ese estar acechando, de ese parpadeo, de esa no querida impertinencia que aparece en muchos miopes; antes bien, parecían ser guardianes y conservadores de tesoros propios, de mudos secretos, que por ninguna mirada no invitada debían ser rozados. La deficiente visión daba a sus rasgos un tipo muy especial de encanto, debido a que, en lugar de reflejar impresiones cambiantes, externas, reproducían sólo aquello que cruzaba por su interior. Esos ojos penetraban en la intimidad, y a la vez, mucho más allá de los objetos cercanos en la lejanía, o mejor: tanto en lo más próximo como en lo más lejano. Pues, en definitiva, todo su trabajo como pensador no era sino una exploración del alma humana en busca de mundos aún por descubrir, de sus posibilidades aún no apuradas que nacen y perecen sin cesar. Cuando se mostraba como era, en el hechizo de una conversación entre dos que lo excitase, entones podía aparecer y desaparecer en sus ojos una conmovedora luminosidad: mas cuando su estado de ánimo era sombrío, entonces la soledad hablaba en ellos de una manera tétrica, casi amenazadora, como si viniera de profundidades inquietantes, de esas profundidades en las que se hallaba siempre solo, que no podía compartir con nadie, frente a las que él mismo se sentía a menudo sobrecogido de terror y en las que finalmente  naufragó su espíritu.

     Una impresión similar de misterio y secreto provocaba también el comportamiento de Nietzsche. En la vida normal era de una gran cortesía y de una suavidad casi femenina, de una constante y benévola ecuanimidad; le agradaban las formas elegantes en el trato social y les concedía gran estima. No obstante, siempre residía en ello cierto goce en el disfraz; abrigo y máscara para una vida interior que casi nunca descubría. Recuerdo que, conocí a Nietzsche por primera vez, fue un día de primavera, en la basílica de San Pedro, en Roma, durante los primeros minutos me chocó y me confundió en él esa rebuscada formalidad. Pero poco duraba el engaño en ese solitario que portaba su máscara con tanta torpeza, a semejanza de aquel que llega del desierto y la montaña y se viste con el traje del hombre de mundo; enseguida aflora la pregunta que el mismo formuló con estas palabras: «de todo lo que un hombre deja traslucir podemos preguntar, ¿qué ocultará?, ¿de qué pretenderá desviar la mirada?, ¿qué prejuicio le animará?. Y aún más, ¿hasta dónde llegará la sutileza de ese disimulo?, ¿qué equivoco desea provocar con ello?.

Lou Andreas-Salome, según Friedrich Nietzsche

Así decía en una de sus cartas:

Lou:

Que yo sufra mucho carece de importancia comparado con el problema de que no seas capaz, mi querida Lou, de reencontrarte a ti misma. Nunca he conocido a una persona más pobre que tú. Ignorante, pero con mucho ingenio. Capaz de aprovechar al máximo lo que conoce. Sin gusto, pero ingenua respecto de esta carencia.

Sincera y justa en minucias, por tozudez en general, en una escala mayor, en la actitud total hacia la vida: Insincera. Sin la menor sensibilidad para dar o recibir. Carente de espíritu e incapaz de amar. En afectos, siempre enferma y al borde de la locura. Sin agradecimiento, sin vergüenza hacia sus benefactores…

En particular: Nada fiable. De mal comportamiento. Grosera en cuestiones de honor… Un cerebro con incipientes indicios de alma.

El carácter de un gato: el depredador disfrazado de animal doméstico. Nobleza como reminiscencia del trato con personas más nobles. Fuerte voluntad, pero no un gran objeto. Sin diligencia ni pureza.

Sensualidad cruelmente desplazada. Egoísmo infantil como resultado de atrofia y retraso sexual. Sin amor por las personas, pero enamorada de Dios. Con necesidad de expansión. Astuta, llena de autodominio ante la sexualidad masculina.

Tuyo.

15 POSTRINOS

1. «La cara de Silver era un poema. Los ojos le brillaban de ira». Robert Louis Stevenson, en La isla del tesoro.

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2. Discriminación de género en la RAE:

Ramera: f. Prostituta.

Ramero: m. El pollo recién salido del nido, que salta de rama en rama.

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3. Aprender de la tolerancia entre los jóvenes y los viejos: aquellos desprecian a estos, estos detestan a aquellos. Y se mofan los unos de los otros.

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4. Hay una fantasía sexual que, sin darnos cuenta, todos hemos realizado muchas veces: tener sexo con una gran actriz…

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5. Cada día los jóvenes se inician a menor edad en el consumo de alcohol y estupefacientes. El futuro de estos está asegurado.

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6. El español es tan rico que la gran mayoría no alcanza a gastarse en toda su vida ni siquiera una décima parte.

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7. Ser blanco, bonito e inteligente no te libra del estigma de ser pobre.

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8. Pregunta capciosa. ¿Por qué a un tierno y bello efebo se le llama ‘Bocatto di Cardinale’?

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9. Con la adopción por parte de parejas gay deja de ser válido ese viejo adagio de que «madre hay una sola».

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10. Una pregunta a las parejas gay: ¿qué harían si alguno de sus hijos les saliera bien heterosexual?

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11. Hay quienes sugieren que los viejos y los feos también tengamos pico y placa.

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12. No se le puede perdonar a la naturaleza el que haya mujeres tanto o más feas que un hombre.

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13. Con los años adquirimos el suficiente grado de sabiduría o idiotez como para sentirnos medianamente felices y satisfechos.

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14. ¿Sentirse feliz y satisfecho podría ser síntoma de alguna deficiencia mental e intelectual?

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15. Algunos escritores, artistas y poetas confunden el hecho de evacuar los intestinos con un parto.

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Otras publicaciones de este autor en Proclama del Cauca y Valle:

León Gil

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