NEGRA VOZ PARA FINA MELODÍA


NEGRA VOZ PARA FINA MELODÍA

Heme aquí: respiro apenas…
Yo soy una humilde esclava
del Genio creador:
Él me ofrece el habla
yo la difundo hasta el corazón.
Yo soy el acento del verso,
el eco del drama humano,
el frágil instrumento
vasallo de la mano…
Triste, alegre, terrible,
me llamo: Fidelidad.
Un soplo es mi voz
que morirá cada mañana…
Canción de Francesco Cilea: Adriana Lecouvreur.
A las 7:00 p.m. había convocado Bellas Artes de Cali a los amantes del bel canto a una audición y charla vivencial con la soprano lírica Betty Garcés Bedoya. Su nombre es muy vallecaucano y sabe a coco, a piangua y viche. Tiene el color, el movimiento de la ola y el aire que sopla y muere cada mañana…
La figura de la diva, – porque lo es -, es alta como su voz, gruesa como la vida que le puso el reto de subir a la palmera con voz de cuchillo filudo. Su vida, matizada de penurias, anécdotas duras y felices, fue rodando por el salón alternativo de la Escuela de Artes, Antonio María Valencia, donde ella se oyó y creyó en sí misma como el Ave María.

Ser negra, pobre y discriminada fue el camino que le tocó en suerte recorrer. Sus maestros la apoyaron y vieron en ella el potencial del que podría salir una veta cristalina como las aguas del Pacífico. Superó las circunstancias y las minimizó. Hoy mira hacia atrás y cuenta sus dificultades vividas como anécdotas de muchos principiantes. No se considera una heroína. Ha llegado a lugares y circunstancias, ha escuchado las mieles del éxito y ha sentido el apoyo de grandes maestros y públicos.
No guarda resentimientos y narra anécdotas que debió vivir y ahora las cuenta como un bagaje ordinario, que no le dejó el lastre de la revancha. Recuerda feliz la vida que llevó de niña con su abuela sorda que la oía y la animaba. Su proceso para ir a especializarse en escuelas foráneas y probar que no solo en el propio país se discrimina al ser humano por su color de piel, sino también por sus dificultades económicas.
Pasó todas las pruebas académicas y el ambiente hostil y lo cambió por satisfacciones y haber podido manejar su voz y revertir la discriminación por la altivez de su frente y las afugias económicas buscando metas cada vez más altas.
Betty luce hoy una cara feliz, un ánimo alegre, un cuerpo que la soporta y una voz que sale cristalina de su garganta como las aguas de Caño Cristales, Meta. Llena de colores, de luz hecha canción que sube de entre las piedras hasta la punta de la Luna.
Tenía un regalo delicado para quienes acudimos para honrar su visita. Una canción de Francesco Cilea, sencilla, que habla de ternura humana, de su condición salida del humus de su tierra negra. Y también dice que ella es «el acento del verso» y aspira a ser «un soplo de inspiración tan sutil que muere cada mañana».
09-02-18 9:15 a.m.
Video de Betty Garcés: https://www.youtube.com/watch?v=_1oyzXKgtM4



