NAUFRAGOS DE LA NOCHE

…en el abismo sin fondo de la noche todas las alegrías caen.
A Fernando Ballesteros, promotor de la paz. Y su esposa Liz.
Por Armando Orozco Tovar / Hoy, apenas ayer, recuerdo, a las chicas y a los chicos extraviados en la noche del viernes. Corren desesperados detrás del elefante rojo, sin trompa ni colmillos de mármol.
Asustados, quedan los estudiantes, suplicantes, piden que los dejen subir a sus entrañas pagando sus respectivos pasajes en esa hora de puertas cerradas. También con muros trancadas por dentro como en cualquier Turquía para que no entren los náufragos de la noche, a la acaudalada barriga del dinosaurio antediluviano.
Para que se queden apenas pasadas las once en punto de la noche durmiendo sobre las aceras como marginados, ratas, gatos y los perros, que tampoco saben a dónde ir. Pero nadie nada dice, hace, soluciona: ni el funcionario de chaleco colorado o el del anillado amarillo estatal neoliberal. Menos el que se nombra con apellido de losa rota y mármol quebrado, con aquel de palacio y rótulo de santo a punto de ser canonizado. Tampoco el dios de la semana repleta de crucificados. Nadie sabe cómo solucionar el viaje a las once y un minuto de la noche, a los muchachos universitarios… Y al viejo, que se quedó rezagado.
Salen todos felices de la taberna, después de escuchar sus canciones amadas, tomarse dos cervezas, amarse. Para luego ir a dormir a sus casas, sin miedo, ni alaridos nocturnos, en el abismo sin fondo de sus camas.
Alegría de Pio. Marzo 20/2016/6:30 a.m.



