MUERTES POR DEFICIENCIAS MÉDICAS


MUERTES POR DEFICIENCIAS MÉDICAS

Las deficiencias en los tratamientos médicos son la tercera causa de muerte en el Cauca. Esto significa que cuando se acude a una Institución Prestadora de servicios de Salud, veintisiete pacientes mueren al mes y más de trescientos al año con total impunidad y sin ningún tipo de responsabilidad médica, según datos suministrados por la Superintendencia Nacional de Salud.
Una investigación de la Universidad de La Sabana asocia los problemas de salud con la mala administración de medicamentos, entre ellos la falta de información, los errores de prescripción, el abuso de fármacos y la automedicación, enmarcándola como la sexta causa de muerte en Colombia con un costo de $1.600 millones al año. Más del 7% de las consultas por urgencias están relacionadas con la mala administración de medicamentos. Se estima que el aumento en los medicamentos falsificados es responsable de hasta un millón de muertes al año. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), uno de cada 10 medicamentos que se vende a nivel mundial es falsificado.
El panorama de riesgos que afrontan los pacientes al interior de los hospitales y clínicas son caídas, mala administración de medicamentos, fallas en los equipos médicos y errores humanos como dejar instrumentos quirúrgicos en el cuerpo de los pacientes. Al año se calcula que mueren más de 180.000 personas por este tipo de accidentes, siendo los niños y los adultos mayores de 75 años las más frecuentes víctimas.
Según Beatriz Pérez, directora del programa de Enfermería de la Universidad de La Sabana las cifras demuestran que el 70% de eventos adversos se asocian con procedimientos quirúrgicos equivocados, falta de atención oportuna, demora en traslados y carencia de recursos médicos, tal como consta en los informes publicados por el Ministerio de Salud relacionados con la Política Nacional de Seguridad del Paciente.
A principios del Siglo XIX la medicina era un campo más o menos equilibrado entre los quiroprácticos, los osteópatas, los homeópatas y los médicos, pero las empresas farmacéuticas invadieron las facultades de medicina, los consultorios y hospitales con millonarias regalías hicieron de los médicos profesionales formados para recetar fármacos.
Ese fue el principio del fin, los grandes negocios de medicamentos acabaron con la salud de la gente. Los Carnegie y los Rockefeller, dueños de las grandes industrias de fármacos crearon un negocio extraordinario, un verdadero monstruo que ahora domina el mundo. La mayoría de la gente piensa que la medicina predominante es la farmacológica dirigida por médicos y piensan que su suministro lo sana todo, porque su terapéutica es mejor que la de los homeópatas, neurópatas o quiroprácticos. Desde entonces todas las escuelas de medicina enseñaron farmacología y renunciaron a las horas de estudio de nutrición y fitoterapia. Así, todas las escuelas que permanecieron en su interés por la nutrición, la homeopatía y otras disciplinas semejantes acabaron en la bancarrota.
Las grandes multinacionales lograron coaliciones políticas y financieras con los sectores públicos y privados, con estímulos cuantiosos en sobreprecios que han disparado el consumo de medicamentos, mientras la salud de los afiliados al sistema integrado de seguridad social, decrece.
Para afrontar sus graves deficiencias, el Sistema Integrado de Seguridad Social debe fortalecer la promoción de la salud y prevención de la enfermedad con enfoque holístico, entendiendo como tal la capacidad del cuerpo y la sociedad para repararse a sí mismo, si se les suministra la materia prima necesaria: empleo, vivienda, agua potable, saneamiento básico, nutrición, deporte y salud mental. Así la población será más sana y el uso desmedido de medicamentos se reducirá a su mínimo consumo.
La transformación de las EPS es inevitable, la Ley Estatutaria pretende desvirtuar el ánimo de lucro para que estas entidades dejen de comportarse como administradoras y lo hagan como aseguradoras, es importante ese cambio para que dejen de actuar como competidoras y se conviertan en socios sanitarios, con un enfoque más humano y menos economicista.



