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Jueves, 8 de octubre de 2026
viernes 18 septiembre, 2009 a las 10:46 pm

Muchos padres entienden por educar el dar estudios.

Las autoridades policivas preventivamente están requisando los estudiantes en los distintos centros educativos del Cauca para neutralizar los jóvenes armados y en alto riesgo delincuencial o que puedan aumentar los crecientes índices de inseguridad últimamente registrados.

La violencia estudiantil tiene que ser tratada con sutileza, equilibrio e inteligencia; de poco sirven las salidas precipitadas, que obedecen más a las exigencias del momento mediático que exige una sociedad acorralada por los desafíos sociales que enfrenta el país. Esa violencia generalizada es parte de un problema mucho más amplio: el de los jóvenes.

Pero este, a su vez, no puede ser desligado de otro que lo abarca: el problema de los adultos. ¿Cuáles son las normas de convivencia y los valores que los adultos ofrecen a sus jóvenes? ¿Cuál es la sociedad que estos han legado —o, más bien, están legando— a aquéllos? No se trata, obviamente, ni de una sociedad justa y equitativa, ni se trata tampoco de unos valores y normas que fomenten la tolerancia, el respeto a la dignidad de los demás o la solidaridad.

Es verdad. Educar no es dar una beca. Uno pone dinero y el niño estudia, pero si educar fuera sólo enseñar a los hijos a ganarse la vida, habría hijos que no haría falta educarlos ¡se la van a ganar mejor que nosotros! Educar es algo más que dar conocimientos.

En última instancia educar es enseñar a querer. Por eso uno tiene que saber hacer atractivos los valores. Es una necesidad en la sociedad en la que vivimos. Tener referencias que nos hagan atractiva la verdad. En el caso de los hijos son los padres. Sin la ayuda de éstos lo que se haga en los colegios u otras instituciones formativas vale muy poco.

Educar es mucho más que enseñar. Para educar hay que ser coherente. Hay que procurar vivir lo que uno dice. Si no la educación no vale para nada. Porque los hijos perciben inmediatamente que uno dice cosas en las que no cree porque si las creyera, las viviría.

En la educación no hay recompensa a corto plazo. La sociedad tampoco es que ayude… Es verdad, por eso hay que poner más exigencia personal: El ambiente exterior se contrarresta con presión interior, con exigencia personal.

Pero los padres no somos dioses… Claro que no. Lo que educa no es vivir una serie de valores, sino el luchar por vivir esos valores; en eso es en lo que se fijan nuestros hijos. Nuestra intencionalidad. Ellos también saben en el fondo que no somos dioses alcahuetas.

Es que los hijos lo ven todo. Y nosotros tenemos que demostrarles con nuestra vida. El lenguaje de los hechos es el que más comunica. Que sepan claramente cuáles son nuestras prioridades. Ellos tienen que saber las cosas por las que no pasaríamos nunca y por qué.

La educación de los hijos es de lo más gratificante que el ser humano puede experimentar. Merece la pena porque ahí se encuentra una gran parte del éxito como persona. Y depende de todos nosotros.

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