MILAGRO EN ROMA (1989)



«El amor hace breve la muerte». Pero el abrazo de la muerte es intempestivo, y la vida queda como oscuro designio que a veces produce sorpresas; y entonces se buscan razones sobrenaturales: «la niña es una santa». La noticia cunde, la admiración es soberana. «Es asombroso, ni siquiera está fría». Pero todo puede ser tan sólo «un curioso episodio de la vida rural», la alta jerarquía eclesiástica es escéptica. Y entonces, ¿el cielo es una señal? Se ha oscurecido de repente, el pueblo reza asombrado. Por todo ello se hace necesario ir a Roma, todos colaboran con alguna ayuda económica.
Se enredan conjeturas. «Los países de alto desarrollo raramente necesitan de un santo; mientras que los países de poco desarrollo, como Colombia, necesitan de esos estímulos». Y por supuesto, el prestigio social y político son cuñas inevitables en un mundo donde todo es manipulación de intereses.
Roma, aun con su deterioro, es epicentro donde lo maravilloso pervive de manera natural, con todos sus monumentos y bellezas; entre ellas esa hermosa, hermosísima canción de Donizetti, «Una furtiva lágrima».
Campanas suenan, todo tiene clima religioso; hasta el andar de los clérigos es ceremonioso. Pero nada es fácil, la vida es más complicada que la muerte. Como un diálogo operático, unas cosas son, otras no; todo es un caminar de aquí para allá, un trasegar de influencias y conveniencias. El Vaticano no se libra de esos falsos protocolos; es un mundo hecho de privilegios, sus concesiones no son más que privilegios. La niña, aún muerta, debe esperar, todo tiene su tiempo bajo el sol. Además, «¿quién ha visto una santa que no esté enterrada?» todo es engañoso, como el obispo que se aprovecha de la inocencia de Margarito, padre de la niña.
Pero entonces, como en la leyenda de Enrico Caruso, el vidrio se rompe, parece una señal. «Esto es un milagro». «¡Estás muy necia, Evelia; así no se puede, y tú lo sabes!» Y de repente la niña muestra su esperada sorpresa. ¡Aleluya!

Dirigida por Lisandro Duque Naranjo, coproducción TVE S.A – ING S.A., y el auspicio de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, con Frank Ramírez, Gerardo Arellano, Amalia Duque García (la niña), con Santiago García, Lisandro Duque, Enrique Buenaventura y Horacio Dorado, producción ejecutiva de Gloria Zea en Colombia, basada en una historia de Gabriel García Márquez, y con música de Blas Emilio Atehortúa, esta producción colombiana fue galardonada como «Mejor Guion» en el Festival Internacional de Televisión de Montecarlo, 1989, y «Mejor Película» en el Tercer Encuentro de Televisiones Europeas de Reims, Francia, 1990.
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