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Mentirosos y halagadores

Mentirosos y halagadores
Mentirosos y halagadores

Mentirosos y halagadores

Mentirosos y halagadores

Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres

Juan 8,32

La mentira está tan extendida en la naturaleza y tan utilizada en nuestra sociedad que su uso se convirtió en una necesidad pública. La mentira nace con el lenguaje y se fortalece y madura con el desarrollo de nuestra capacidad de percepción de estados mentales en los otros. Ya Lévinas argumentaba que la propia noción de moralidad conlleva una relación con los otros. La obligación de cada uno de nosotros para con el prójimo emana de reconocer al otro como meritorio de nuestra ayuda y consideración, premisas tan necesarias en estas aciagas horas. Nietzsche, a finales del siglo XIX, propuso un cambio en la percepción de los valores morales, fáciles de alcanzar con valentía y fuerza de espíritu; en nuestro tiempo, urge perseguir un cambio sustancial en nuestra concepción de preservar la vida y la felicidad. Nunca como ahora nos vemos enfrentados a tantas mentiras disfrazadas de verdades.

Hoy, la mentira es utilizada por algún grupo nefasto de gobernantes para intentar producir estados de bienestar. Amparados en la capacidad humana del autoengaño, buscan considerar que mentir, parte del entendido que se desconoce la verdad. Nos crean mentiras para eludir verdades. Esta artimaña no es nueva; Sartre, por ejemplo, argumentaba que el autoengaño es espontáneo e irreflexivo. Freud, por su parte, mencionaba que el autoengaño es inconsciente; sin embargo, parece que el sistema de creencias que poseemos los colombianos es tan rico y diverso, pero tan flexible que es utilizado fácilmente de autoengaño, y así ellos y ellas en cada época electoral puedan el éxito alcanzar y ubicarse en puestos de privilegio.

Hoy, una lectura de la realidad colombiana, por muy trivial que sea, debe colocar de relieve una permanente actitud de interrogación frente al quehacer falaz de nuestros gobernantes y evitar así, que se sigan robando los recursos públicos, ignorando la Constitución Nacional, repartiendo dinero al círculo más cercano, atropellando a los débiles, jugando a dioses y reyes; pero, sobre todo, utilizando como caballo de batalla a los pobres, porque según su sincretismo, heredaran el reino de los cielos o ganaran su favor.

Sin duda, tal disposición interrogativa no nace al momento de aprobar proyectos de ley que beneficien al pueblo colombiano, ni para ceder grandes extensiones de privilegios a unos pocos ciudadanos o emporios comerciales; mucho menos para ser justos y éticos. Luego, de vender las reservas de nuestros territorios o endeudar la nación por caprichos ajenos, o segundos mandatos, aparecen ante los medios de comunicación vendiendo una imagen de rebeldía y cambio. Los increpo diciéndoles mentirosos, su extrema sumisión, estrechamente asociada a la gozosa permanencia en el poder legislativo y ejecutivo, los adentra en el misterio de las falacias para continuar con la admiración de unos pocos y la rabia de miles.

Por lo tanto, si la interrogación se convierte en nuestra expresión de perplejidad, ese espíritu medroso y falaz que pretende inundar los más diversos aspectos de la realidad no tendrá cabida en el imaginario social. Sin duda alguna, las interrogaciones hoy son la máxima expresión del desconcierto ante el inexplicable holocausto causado por la violencia y el engaño; pero, frente a las actitudes inquisidoras que indagan sobre el origen de nuestro caos, destrucción y muerte, preferimos callar.

Bajo ningún concepto se pretende abrazar falsas esperanzas, lo que se intenta es aludir de una forma sutil esta capacidad humana para evitar verdades desagradables o asuntos dolorosos. De esta forma, esta capacidad innata que tiene el ser humano, sobre todo en una situación crítica y trascendental como es enfrentarse a su propia muerte, hace del optimismo y la esperanza un punto clave para obtener bienestar.

Consecuentemente, me atrevo a preguntar, ¿será que en Colombia intentar conocer la verdad, lejos de hacernos libres, nos hundirá en un mundo de desesperanza, tristeza y caos?.

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