Más allá del Unanimismo


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Es cierto que el quehacer político colombiano ha estado tradicionalmente en contravía al resto de Latinoamérica.
Por ejemplo, mientras que a finales del siglo XIX y principios del XX en Latinoamérica se acogieron ente otros el pensamiento de Martí, se abrazaba con fervor la teoría liberal, antimperialista, positivista y anticlerical, en Colombia se acogía el pensamiento de Los Regeneradores, del centralismo y de Monseñor Carrasquilla “decano de la intelectualidad conservadora”. En el siglo XX, mientras que en América proliferaron las dictaduras militares en Colombia hubo una sola y predominó más el pensamiento liberal. En el siglo XXI mientras que en Latinoamérica se impuso popularmente un pensamiento de corte socialista, de autodeterminación de las américas, de mirarse más así mismo; en Colombia ocurrió exactamente lo contrario.
Apartándonos de la discusión de la conveniencia del pensamiento político reinante, lo cierto es que Colombia a pesar de haber estado en poca sintonía ideológica con sus vecinos, no ha estado exenta de las olas reinantes en la región. Por ejemplo, en la primera década de éste siglo se impusieron los caudillos de derecha o de izquierda pero que al unísono y valiéndose de su inmensa popularidad arrasaron y descontextualizaron el marco legal de sus países.
Ahora bien, en ésta segunda década lo que hemos visto es que esos caudillos al imposibilitárseles continuar con el poder han dejado, valiéndose también de su inmensa popularidad, personas de su confianza y defensores de su gestión. Brasil: Lula-Dilma Rousseff; Argentina: Néstor Kirchner – Cristina de Kirchner; Venezuela: Chaves – Maduro y en Colombia: Uribe – Santos.
Pero, cómo se le ocurre decir que Uribe es igual a Santos, dirán algunos. Para todos es fácilmente comprobable que no hay la más mínima diferencia en el proceder de gobernar entre Santos y Uribe, lo que pasa es que éste último se puso furioso porque el primero logró sentar a la guerrilla rápidamente mientras que él no pudo a pesar de haberles rogado ocho años para que lo hicieran. Y Santos furioso porque Uribe tiene la empatía con el pueblo que él no ha podido lograr a pesar de contar con mejor billetera. Pero de resto es lo mismo: Confianza inversionista sacrificando la industria local, disminución de la pobreza con la entrega de subsidios, gobiernos montados sobre gigantescos sistemas de propaganda, el congreso cooptado, y finalmente, ambos gobiernos tienen los mismos amigos, con la diferencia que Santos tiene a los liberales afines ideológicamente al procurador Ordoñez.
Pero insisto, no se trata de calificar si es bueno o malo, que cada uno tome sus propias conclusiones, pero en lo que sí creo que hay consenso es que el unanimismo no es conveniente para ninguna nación y ejemplos hay en toda Latinoamérica. Así pues y por defecto, se concluye la importancia de que existan partidos fuertes para que no sean arrasados por estos shows mediáticos impuestos en nuestro continente y aún más importante lo es para Colombia, que fortunosamente va hacer la paz con las FARC, pues a la opinión pública no la pueden poner en sólo dos bandos, entre amigos de las FARC o del gobierno, cuando lo que hay aquí son procesos sociales que merecen ser escuchados.
Todos queremos partidos fuertes que enriquezcan la democracia y la controversia por el bien común.



