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Miércoles, 14 de octubre de 2026

MARÍA MERCEDES CARRANZA Y OLGA ELENA MATTEI

MARÍA MERCEDES CARRANZA Y OLGA ELENA MATTEI
MARÍA MERCEDES CARRANZA Y OLGA ELENA MATTEI
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

MARÍA MERCEDES CARRANZA Y OLGA ELENA MATTEI

MARÍA MERCEDES CARRANZA Y OLGA ELENA MATTEI
MARÍA MERCEDES CARRANZA Y OLGA ELENA MATTEI

El joven poeta Andrés Arango disertó anoche en Plenilunio sobre dos lumbreras que han llenado noches enteras. Las mujeres son capaces de titilar en el Olimpo y atraer con su perfume y encanto a los seres que vivimos aquí, abajo, en el mundo llano.

Son mujeres y poetas. Dos condiciones juntas. Doble encanto a dos voces. Su poesía es una piedra de toque dentro del firmamento de voces y tendencias. María Mercedes, no heredó el canto de su padre. Tenía voz propia y en su parcela florecieron poemas de variado aroma femenino. Y el candor y dulzura de Olga Elena recogió los ecos del Universo y el titilar del mismo firmamento.

María Mercedes, desde el fuerte de Bogotá, su ciudad nativa, innovó, desdijo, ensayó y nos dejó una mina de joyas nuevas. Su poesía son surcos de antimetáforas, de anémonas en huerto de manzanas, pequeña revolución en el jardín de su casa. Y logró permear la poesía en manos de los hombres y abrir la brecha para que sus congéneres probaran un manjar con todas sus delicias.

Y, la inmensa y blanca, Olga Elena, bajó a las montañas de Antioquia la poesía que florecía en jardines universales y cósmicos. Su poesía parece un eco salido de entre mundos lejanos con lenguajes nuevos y colores de ámbar y trueno y luz. Es otra invitación, otro modelo de escritura, más intimista, cósmica y sonora. Posee melodía lejana, traída sobre el lomo del tiempo y los otros mundos.

Las dos mujeres tienen un timbre distinto y, sin embargo, pretenden cambiar el panorama en el que solo dominaban los señores. Su lenguaje, su intención, su proceder es casi contestatario. Así, lo dejó entender Andrés Arango, amigo de la belleza y el cambio. Demostraron, si de eso se trataba, que la mujer también puede abrir surcos en el donde el terreno es hosco y salvaje.

María Mercedes en «Cuando la Viuda arrancó sus cabellos» contradice lo que se venía haciendo por la poesía con el sello masculino. Rafael Núñez y su himno nacional quedó en ruinas en su mano. «El colgar los cabellos de un árbol da el tono de desespero bíblico». «Y, si se dice esclavos, habrá quien crea que después de cantarlo todos seremos libres. Se debe cantar un himno distinto a este, hecho para damas que toman chocolate y para caballeros que juegan golf los martes»…

Y Olga Elena: «Mis libros se pasan de moda como mis vestidos. Las ideas se pasan de moda como los libros. Esto parece a simple vista, algo muy malo. Pero gracias a eso se pasaron de moda los esclavos.»

No son poemas sumisos, románticos, con lenguaje y lágrimas, como Isaacs y Rafael Núñez en Termópilas. La poesía tiene un tinte de victoria sobre la letra muerta anterior y llorona. Sus letras son libertarias, contestatarias. Ejemplo para generaciones que superaron tiempos idos y cantos inexistentes ya a una vida de tristezas, sin esperanzas.

12-07-18                                     9:15 a.m.

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Otras publicaciones de este autor: http://www.proclamadelpacifico.com/tema/noticias-proclama-del-cauca/opinion/leopoldo-de-quevedo-y-monroy/

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