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Lunes, 19 de octubre de 2026

María Elena Campo Perlaza, 80 años sembrando cultura y memoria

A los 80 años, María Elena Campo Perlaza habla de la vida con la serenidad de quien ha dedicado buena...

A los 80 años, María Elena Campo Perlaza habla de la vida con la serenidad de quien ha dedicado buena parte de su existencia a enseñar, bailar, preservar las tradiciones y formar generaciones. En Santander de Quilichao, su nombre está ligado a la educación y al folclore, pero también a una manera de entender la cultura como una herencia que debe transmitirse para que no desaparezca.

Profesora, cultora, danzarina y, como ella misma recuerda con orgullo, profesora de profesores, María Elena llega a ocho décadas de vida haciendo memoria de los caminos recorridos y agradeciendo a quienes hicieron parte de ellos.

Su historia está atravesada por las aulas. Enseñó cultura general y folclore, trabajó con estudiantes de distintas instituciones educativas y llevó la danza tradicional a escuelas y colegios. Entre los establecimientos que recuerda aparecen el Colegio Fernández Guerra y la Escuela Centenario, además de otros espacios educativos de Santander de Quilichao en los que compartió sus conocimientos.

Pero su labor no terminó con los estudiantes.

María Elena Campo Perlaza, 80 años sembrando cultura y memoria

María Elena también tuvo la responsabilidad de enseñar a docentes, experiencia que convirtió su trabajo en una especie de cadena de transmisión cultural: enseñar a quienes, posteriormente, tendrían la misión de enseñar a otros.

Por eso, cuando recuerda su trayectoria, habla con gratitud de sus compañeros, colaboradores y profesores. Reconoce que también aprendió de ellos y menciona especialmente los conocimientos relacionados con la psicopedagogía y la formación cultural.

El folclore como una responsabilidad

Para María Elena Campo Perlaza, el folclore nunca fue simplemente una presentación sobre un escenario.

Fue una forma de reconocer de dónde venimos.

Como bailarina y conocedora de las expresiones tradicionales, enseñó ritmos colombianos y buscó que sus alumnos comprendieran que detrás de cada danza existe una historia, una comunidad y una identidad.

A sus 80 años, su mensaje sigue siendo el mismo: no olvidar el folclore de Colombia.

María Elena Campo Perlaza, 80 años sembrando cultura y memoria

Lo dice pensando especialmente en las nuevas generaciones.

Durante su conversación recuerda que la cultura colombiana ha despertado admiración incluso fuera del país y destaca la riqueza surgida del encuentro histórico de las raíces indígenas, africanas y españolas.

Para ella, conocer esas raíces significa entender una parte fundamental de lo que somos.

Su enseñanza, por eso, iba mucho más allá de aprender determinados pasos. Consistía en reconocer los ritmos, interpretarlos, comprender su procedencia y mantener vivo aquello que generaciones anteriores habían construido.

Ese puede ser uno de sus mayores legados: haber sembrado en estudiantes y maestros la convicción de que la cultura necesita personas dispuestas a custodiarla.

Una vida compartida durante más de medio siglo

En su cumpleaños número 80 también hay espacio para hablar del amor y de las ausencias.

Hace cerca de seis meses quedó viuda. Su esposo, Hernán Jaramillo Díaz, fue su compañero durante más de medio siglo.

Al recordarlo, María Elena habla de gratitud.

Fueron alrededor de 55 años de matrimonio, una historia que hoy presenta a las nuevas generaciones como ejemplo de convivencia, comprensión y acompañamiento.

Su reflexión está lejos de idealizar la vida matrimonial.

Dice que en un matrimonio existen dicha y alegría, pero también tristezas y dificultades. Por eso considera indispensables la colaboración, el apoyo y la capacidad de caminar juntos.

Es una enseñanza nacida de la experiencia.

Después de tantas décadas compartidas, la ausencia de su esposo ocupa inevitablemente un lugar importante en esta celebración. Sin embargo, al recordarlo predomina el agradecimiento por una vida construida conjuntamente.

Su familia también ha conocido momentos dolorosos, entre ellos la pérdida de uno de sus hijos. Son episodios que María Elena menciona desde la memoria de una mujer que ha atravesado alegrías profundas y pruebas difíciles sin perder su vínculo con los demás.

Ochenta años para agradecer

María Elena Campo Perlaza, 80 años sembrando cultura y memoria

Al llegar a esta edad, María Elena no hace un inventario de reconocimientos. Hace uno de personas.

Agradece a sus profesores, estudiantes, compañeros, colaboradores, familiares y amigos. A quienes todavía la recuerdan y también a quienes quizás ya no tengan presente su nombre.

Porque buena parte de la tarea de un maestro ocurre precisamente así: queda sembrada en otras personas, incluso cuando pasan los años.

María Elena utiliza una imagen sencilla y poderosa para explicar esa misión: sembrar raíces para que puedan florecer junto a las nuevas generaciones.

Tal vez esa frase resuma su vida.

Sembró cuando enseñaba.

Sembró cuando bailaba.

Sembró cuando explicaba un ritmo colombiano.

Sembró cuando preparaba a otros profesores.

Sembró cuando defendía la importancia de conocer las raíces indígenas, africanas y españolas de nuestra cultura.

Y sigue sembrando ahora, a los 80 años, cuando pide que el folclore no sea olvidado.

La profesora de profesores

En Santander de Quilichao quedan generaciones que conocieron a María Elena Campo Perlaza desde diferentes lugares: como maestra, como bailarina, como formadora cultural o como aquella profesora que enseñaba que detrás de una danza había algo más importante que la coreografía.

Había identidad.

Había memoria.

Había territorio.

Cumplir 80 años representa para ella una oportunidad para agradecer y, al mismo tiempo, para volver a enseñar.

Porque incluso cuando habla de su matrimonio termina dejando una lección. Cuando recuerda a sus maestros, enseña gratitud. Cuando habla de sus pérdidas, habla de continuar. Y cuando menciona el folclore, vuelve a insistir en la necesidad de transmitirlo.

Ese es quizá el privilegio de quienes han dedicado su vida a educar: nunca terminan completamente de ser maestros.

Hoy María Elena Campo Perlaza celebra ocho décadas rodeada del afecto de familiares, amigos, antiguos alumnos y personas que reconocen su aporte a la cultura quilichagüeña.

Y en medio de la celebración permanece la misma mujer que durante años se paró frente a estudiantes y profesores para hablarles de ritmos, raíces y tradiciones.

Una mujer que hizo de la enseñanza una forma de servicio y de la cultura una manera de permanecer.

María Elena Campo Perlaza cumple 80 años. Y buena parte de su historia continúa viviendo en quienes alguna vez aprendieron de ella.

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Redacción Proclama del Pacífico

Periodismo verificado desde Santander de Quilichao, Cauca.

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