Marcha y Tolerancia
Por: Luís Barrera
En honor a la verdad algunos medios de comunicación pretendieron subestimar y poca difusión quisieron darle a llamada marcha democrática que según algunos observadores políticos logró convocar algo más de 70 mil asistentes provenientes de todos los rincones del país.
Esta jornada de movilización realizada en Bogotá culminó con un evento político cultural, tuvo lectura la declaración política surgida de los encuentros y discusiones de los días anteriores que también estuvo acompañada de la presentación de artistas que hacen parte de este nuevo movimiento social y político, en el cual también se congregaron invitados internacionales y simpatizantes de diferentes lugares del mundo.
Las autoridades aunque prevenidas por el multitudinario encuentro terminaron resaltando el buen comportamiento de los asistentes que concluyeron y prometieron “actuar por una patria grande, digna y soberana”.
Pero en el fondo lo que se pudo analizar es que funcionó pese a las opiniones encontradas, un ligero tufillo de tolerancia política en el respeto irrestricto a la convicción ideológica y partidaria hacia una nueva oposición y movimiento de izquierda.
El tener ideas divergentes no debe ser motivo de escarnio, insulto, denuesto o maltrato físico o emocional. Así como nuestra Constitución Política decreta libertad de cultos, igualmente consigna libertad de ideas.
Los colombianos debemos ir acostumbrándonos a que la tolerancia política sea la libertad de la oposición, libertad de partidos, libertad de opiniones, el no exigir a los empleados públicos y a las Fuerzas Armadas pertenecer a un partido.
Un segundo dilema absuelto por la marcha es la relación entre tolerancia y política, y se refiere al hecho que la tolerancia ha dejado de encarnar solo una concepción de quienes militamos en el Liberalismo para representar un nuevo perfil pluralista ya no vinculado solamente a los individuos inquietos sino también a los grupos que tiran más a la izquierda y le apuestan a la contienda electoral, como el camino civilizado para ejercer el poder.
En efecto, uno de los desafíos no resueltos cabalmente por la promesa de quienes defendemos la democracia y Estado social de derecho, ha sido el de la coexistencia cooperativa, solidaria y fraterna. Aún estamos convencidos que es una necesidad la existencia de mecanismos de carácter pacífico para el procesamiento de las diferencias que tiende a reproducir el pluralismo democrático.
Un sistema pluralista debe basarse en la reciprocidad: al ser tolerantes esperamos, a cambio, ser tolerados. El consenso permite compartir algo que nos vincula, mientras que el disenso nos separa o nos convierte en una nueva minoría.
A muchos no les cae bien la exsenadora Piedad Córdoba y por ello no se le debe desmeritar sus propuestas de paz. La tolerancia en las sociedades modernas representa el mínimo consenso social necesario para que un régimen funcione en modo civilizado, renunciando expresamente al uso de la violencia para la solución de los conflictos y de las discrepancias políticas.
Queda demostrado entonces que se pueden organizar marchas sin atropellar el orden establecido y sin alterar la tranquilidad de los demás. Creo que es importante conservar nuestra libertad de expresión, no abandonar nuestro modo de pensar de esa manera demostraremos que la tolerancia de ideas no se puede derrotar con el uso de la fuerza.
El diálogo y la tolerancia son los que deberían predominar en la sociedad colombiana, pero desgraciadamente no es así, debido a la existencia de enemigos como los acuerdos obligatorios y opresores que aún estigmatizan desde ese punto de vista. Si estos no existieran habría mayor tolerancia y por tanto una mejor relación entre todos los sectores en una sociedad.
Sin tolerancia no puede haber paz y sin paz no puede haber desarrollo ni democracia. Es cierto la tolerancia es una de las virtudes más importantes para que una sociedad cambie y se desarrolle si todos pusiéramos una cuota de tolerancia todo sería diferente aceptaríamos la libre opinión de cada uno reinaría la democracia pero todo eso sería posible gracias a una buena educación inculcando a la generación de hoy estos valores.
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