MACHETE, BALA, MARTIRIO Y BEATIFICACIÓN



El hilo de diferencias entre las realidades buenas y malas en situaciones de guerra a veces se vuelve muy delgado, siempre en hechos de guerra habrá circunstancias complejas, contradictorias, acertadas, cuestionables y ambiguas. Y tristemente en últimas, todos los ciudadanos, gremios e instituciones de Colombia hemos puesto muertos, la sangre derramada por la guerra ha teñido el escritorio, los pasillos de la escuela, el altar, la calles del barrio, el Palacio de Justicia, el atrio de la Iglesia, el salón de la universidad, el elegante club y el rancho del campesino.
El horas de la mañana del sábado 10 de abril de 1948 en Armero, una turba enojada mataba a machete al Padre Jesús María Ramírez Ramos. El día anterior había sido asesinado Jorge Eliécer Gaitán, echándose las culpas o librándose de ellas, liberales y conservadores entablaron pugna. La Iglesia acusada de apadrinarse con el conservadurismo, fue blanco del odio. Sí es cierto que algunos ministros desde el púlpito lanzaban fuertes afirmaciones contra liberales o conservadores o contra la guerra en sí, es cierto que muchos también sufrían con el pueblo, buscaban calmar los alterados ánimos del momento.
-“Lo vi arrodillado. Trataba de coger la sangre con las manos y miraba hacia el cielo. Estaba en esa posición cuando vino otro hombre a darle otro machetazo por detrás. La gente solo miraba (…) Amarraron el cuerpo a unas bestias y lo llevaron al lado de la acequia. Lo dejaron al pie de la puerta del cementerio, ahí donde llegó años después la avalancha de Armero”.
-¿Es verdad que el padre lanzó una maldición?
-“No, el padre lo único que dijo era que los perdonaba”.
(Entrevista revista Semana a Juan Antonio Londoño, “Cocoy”. Testigo directo del asesinato, quien dio nombres de los autores y de quien motivó el asesinato).
Años después, un Obispo encaraba a quienes atentaban contra la sociedad, y ante su báculo y mitra los violentos sólo vieron las balas como el único medio de callarlo, ya que no tenían argumentos mientras que el obispo tenía un arduo trabajo entre la comunidad. Él era Monseñor Jesús Emilio Jaramillo, obispo de Arauca que fue retenido y luego asesinado en octubre de 1.989. Él había dicho: «Le tenemos miedo a los grupos armados. Todos nos tenemos miedo, todos nos callamos por miedo. Nadie ve. Y lo más grave hermanos, hasta matamos por miedo».
El Obispo y el Sacerdote serán beatificados por el Papa Francisco en su visita a Villavicencio el próximo 8 de septiembre de 2017.



