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Viernes, 2 de octubre de 2026

Luces, cámara y acción

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Imagen cortesía de: https://bit.ly/2YEttSw
Luces, cámara y acción

Luces, cámara y acción

Decís que sus voces primeras son llantos. Yo lo creo; desde que nacen los atormentáis; las primeras dádivas que de vosotros reciben son cadenas y el primer trato que experimentan es de tormento. No quedándoles libre otra cosa que la voz, ¿cómo no se han de servir de ella para quejarse? – Rousseau

Debemos luchar por recuperar el significado del concepto de educación, cuya raíz viene del latín educare que significa “extraer” y así liberarnos de aquellos que siguen empeñados en sostener la idea de que la mayoría de los colegios y universidades del siglo XXI deben seguir con su enfoque de “excavar” y “apilar” información en las cabezas de los estudiantes en lugar de enseñarlos a pensar.

Para que todo cambie o se transforme, urge que la generación de “clones” que las universidades tradicionales están distribuyendo por toda nuestra nación acabe, porque se ha comprobado que es una de las principales razones de los males y del descalabro social, político y empresarial de esta época. De hecho, los estudiantes entrenados en algunas instituciones educativas nunca sienten el deseo de “cambiar el mundo” o la situación actual; en vez de ello, se adaptan al entorno y creen que todo está bien, al punto de sentirse orgullosos.

En la sociedad actual, el conocimiento y la mayor parte de la información desaparecen constantemente; es por ello que debemos reinventar la escuela y la universidad como un todo, en el que cada estudiante sea el actor principal de su proceso de enseñanza- aprendizaje y no un número más que cuidar y multiplicar. Si de vedad queremos que todo cambie, urge humanizar la educación.

La educación de este siglo debe crear nuevos conocimientos, aunque esto signifique su separación tanto de la burocracia administrativa como de ese corpus docente tradicionalista que se niega a transformarse. Es un imperativo pensar que la escuela y la universidad deben estar cada vez más integradas al “mundo real”, a la sociedad, a la economía, y al ser humano en toda la extensión de la palabra. Y como tal, debe concentrarse en los estudiantes que es su meta última, solo así se puede formar una permutación profunda donde todos los actores del acto sagrado de educar estén inmersos en una práctica diaria de cambios de paradigma; se debe junto con el Internet y la investigación sumergir los en el mundo fantástico que genera el aprender y conocer.

Nos corresponde ver a la escuela y la universidad como el escenario donde se valora la diversidad y el talento. No debemos olvidar que, en Colombia, los estudiantes deben ser responsables de descubrir sus propios talentos y potencial. Por esta razón, es necesario que, la postura de los entes de control en temas de educación esté en contra de la idea del campus como un escape a la presión diaria, porque se ha demostrado que, verdaderamente se aprende es a través del pensamiento, la lluvia de ideas y del ejemplo que lleva a nuevas soluciones para de esta manera motivar el renacimiento del ser humano integro. Asimismo, se debe promover una educación que esté actualizada más desde adentro que desde cualquier punto externo, esto significa, influir en vez de pedir, ideas más que poder.

Solo desde la educación se puede crear una sociedad en la que se dé prioridad a la solidaridad, la cultura, la vida, no a racionalismos políticos, económicos, raciales y religiosos que nada bien le hacen a la sociedad. Señores directivos docentes, es ya hora de verificar si las características de sus estudiantes y egresados siguen siendo independencia, creatividad, autoconfianza y habilidad para tomar riesgos hacia nuevos proyectos. Señores docentes, debe ser un imperativo despertar el valor de la persona que se educa, basado no en lo que saben, sino en lo que hacen con lo que saben.

Y, por último, pedimos a gritos al estado y a la sociedad una educación comprometida en construir una sociedad basada en la justicia social y económica y así incrementar el bienestar humano, sin violentar ni desconocer que los principios fundamentales se basan en el derecho básico a la educación que estipula la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

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