LOS SUEÑOS SON MÍOS, DÉJAME SOÑAR


MARI TRINI

“Déjame, déjame soñar, déjame, tengo que llegar. No quiero quedarme atrás. Los sueños son míos, déjame soñar”. Son los versos de una de las canciones más emblemáticas y valientes de esta gran compositora española que dignificó la imagen de la mujer en plena dictadura franquista, en la década del setenta. Se llamaba María Trinidad Pérez de Miravete Mille. La conocimos en esos años como Mari Trini.
En 1970, cuando nuestra adolescencia se alimentaba con algunas baladas más bien convencionales y conservadoras sobre la imagen de la mujer, esta guerrera de la palabra y de la música lanzó a la cara de la cultura represiva, mojigata ese “Yo no soy esa”. Desde ese momento le pusimos cuidado, la escuchamos y seguimos su derrotero hasta caer seducidos por aquellas increíbles composiciones.
Había nacido en Murcia el sábado 12 de julio de 1947. Se trasladó con su familia a Madrid en 1953. A los seis años se enfermó de una nefritis, o inflamación de los riñones, que duró hasta los catorce años. Recluida en su habitación leyó, estudió inglés, perfeccionó el francés, hasta que su madrina le regaló una guitarra enseñándole algunos acordes. Entonces empezó su vocación. Recibió clases de guitarra del que fuera luego integrante del grupo Los Brincos, Fernando Arbex, y compuso sus primeras canciones. Cuando al fin superó la enfermedad, a los 16 años ya se presentaba en el Nikka’s, establecimiento fundado por Nicholas Ray, legendario director de películas como “Rebelde sin causa”, “55 días en Pekín”, “Rey de reyes”. Era 1963. Ray escuchó a Mari Trini, quedó hechizado con su voz, y desde ese momento se volvió su representante artístico. Les pidió permiso a sus padres para llevarla a Londres. Allí estudió arte dramático e interpretación y se presentó en algunos programas de la BBC. En 1965 se instaló en París fascinada por la música de Gilbert Bécaud, Edith Piaf y Jacques Brel. En la ciudad luz graba sus primeros sencillos con canciones de compositores franceses, incluyendo algunas de sus composiciones como la famosa “»Ce n’est pas moi» o “Yo no soy esa”, escrita por Mari Trini cuando tenía 14 años y que, en 1971, la dio a conocer en español.
A su regreso a España, en 1968, en un programa televisivo se atrevió a cantar en pantalones, llamados también vaqueros, vestimenta mal vista por una dictadura que obligaba a la mujer a usar faldas. El escándalo no se hizo esperar y las críticas llovieron, pero ella se mantuvo firme con su dignidad infranqueable. En una de las múltiples entrevistas afirmó: “Al principio vestía de negro porque yo quería que se me escuchara por lo que cantaba. Yo tampoco es que sea ninguna belleza, y soy muy menudita. No es que sea fea, pero tampoco puedes decir que tuviera un tipazo. Veía a todas las artistas con todo el pecho y todo el aire (…) y yo, pues no, al revés. Reivindicaba el existencialismo, del que estaba muy empapada”.
Tal era el ambiente bajo la dictadura franquista. Adaptarse a esa España después de vivir en París con mayores libertades de expresión en casi todos los campos fue difícil. “Cuando salieron esos primeros sencillos, comentaba, yo tenía ya compuesto el álbum entero de Amores, pero el director de la casa de discos decía que una mujer no era capaz de componer canciones, así que no prestó atención a mis temas. Imagínate, parece que estamos hablando de la Edad Media y fue a mediados de los sesenta. Yo creo que fui de las primeras autoras en grabar un disco de larga duración. Eso era como un tabú. Se suponía que las mujeres no tenían derecho a escribir. Cartas a sus amigos, sí, pero canciones, no, ni poemas ni nada que se les pareciera”.
Con ello, Mari Trini, junto a Cecilia, abrieron unos espacios para las cantautoras de las próximas generaciones. Fueron pioneras a contracorriente.
De este modo, ella fue creando un tipo de canción de gran calidad poética, con una fuerte personalidad al cantar ante el público, que le garantizó un puesto de honor en esa cultura de tradiciones moralistas muy arraigadas en el mundo del disco. Presentándose casi siempre de negro, desafiaba las vestimentas seductoras de las cantantes yeyé de la época. Era la puesta en escena de su rebeldía: demostrar que no importaba la apariencia física, sino la calidad de sus composiciones. Discreta, sencilla, pero con una fuerza y pasión interpretativa que hechizaba. Esa era la gran Mari Trini, haciendo respetar su condición de creadora.
Con toda libertad creadora, en su primer álbum Amores encontramos una canción que afianza su identidad y autonomía como mujer: “Déjame” marcó su propio camino, su individual derrotero:
Siempre hay un sueño / que hace olvidar, / noches en blanco, / de soledad. / Siempre hay un refugio / junto al calor / para guardar una ilusión. // Déjame, / déjame soñar. / Déjame, / tengo que llegar, / no quiero quedarme atrás, / los sueños son míos / déjame soñar (…) Siempre habrá tiempo para esperar / promesas y cartas / que nunca llegarán. // Siempre quedan días / para llamar a falsas puertas que nunca se abrirán. // Déjame, / déjame soñar / Déjame, / tengo que llegar / no quiero / quedarme atrás, / los sueños son míos. / Déjame, / déjame soñar…
De igual forma, también nos invitó al amor carnal y a reivindicar las pasiones libertarias en la canción “Cuando me acaricias”: Cuando la lluvia cae se funde el hielo / y cuando me acaricias se quema el fuego. / Aún es tan temprano / nos queda tiempo…
Por eso, cuando en 1971 salió su segundo álbum titulado Escúchame, le hicimos caso y escuchamos una de las canciones más controvertidas en aquellos días: “Yo no soy esa”, irónica, crítica, satírica con las condiciones tradicionales de lo que se consideraba fuera la mujer y proponiendo lo contrario, lo que no se debe ser y decir, lo que se debe callar y que fue callado durante mucho tiempo:
Yo no soy esa, que tú te imaginas/ una señorita tranquila y sencilla / que un día abandonas / y siempre perdona. / Esa niña sí, no / esa no soy yo. // Yo no soy esa / que tú te creías / la paloma blanca / que le baila al agua / que ríe por nada / diciendo sí a todo. / Esa niña sí, no, / esa no soy yo. // No podrás presumir jamás / de haber jugado con la verdad / con el amor, de los demás. // Si en verdad me quieres / yo ya no soy esa / que se acobarda / frente a una borrasca / luchando entre olas / encuentra la playa. / Esa niña sí, no / esa no soy yo // Pero si buscas tan solo aventuras / amigo, pon guardia a toda tu casa / yo no soy esa / que pierde esperanzas / piénsalo ya. No… Yo no soy esa que tú te imaginas / una señorita tranquila y sencilla / que un día abandonas / y siempre perdona. / Esa niña sí, no / esa no soy, sí, no / esa no soy yo.
Compuesta originalmente por Mari Trini en francés y grabado en la misma lengua, la versión castellana produjo escozor entre el régimen. Rompía cánones de noviazgos, de matrimonios, de padres e hijas, de obediencias. Con una letra sencilla, hundía, sin embargo, su aguja en la herida de una sociedad dominada por la ideología patriarcal y machista apabullante. La cantaba mirando al público como desafiándolo a que escuchara esa valiente determinación soberana de mujer libertaria, por lo que la censura franquista no demoró en llegarle. Se prohibió por un tiempo su trasmisión en la radio; fue considerada “no radiable”, pero se volvió un susurro, un rumor cantado en secreto por una generación que despertaba de aquella noche monacal que llevaba más de tres décadas.
Otra de sus canciones censuradas, esta vez no por el franquismo, sino por la dictadura argentina de 1976 a 1983, fue “Entre la lluvia y el viento”, tal vez por aquellos versos sugerentes y subversivos para los regímenes autoritarios: Entre la lluvia y el viento / tuve el primer pensamiento / y como miré a la izquierda / alguien me tiró una piedra. // ay! ¡ay! ay! / Entre la lluvia y el viento / nació el primer desacuerdo. (…) Qué fácil es dejarse arrastrar / negarse a luchar por la libertad. (…) Miedo me dan las palabras de todo aquel que no duda…
Desde 1978 comienza a trabajar con María de las Nieves Callejo, más conocida como Maryní Callejo, la primera mujer que fue productora musical en España. Pianista, cantante, arreglista, compositora y directora musical de los grupos Los Brincos, de Massiel, Marisol, Rocío Dúrcal, Juan & Junior, Fórmula V, Nino Bravo. Estas dos grandiosas mujeres produjeron álbumes con temas maravillosos a lo largo de casi dos décadas, tales como “Ayúdala”, “Te amaré, te amo y te querré”, “Una estrella en mi jardín”, “Palabras”. Esta última contiene unos versos que fueron espinas en la memoria de aquella España que mantenía abiertas las heridas producidas por la dictadura de Francisco Franco, quien había fallecido en 1975: “Pero nos quedan algunas palabras / palabras de amor, palabra de honor / en nuestras miradas. / También nos quedan palabras de poetas en el exilio, / en el destierro…”
En 1985 organizó con Maryní un maravilloso concierto en el cine-teatro El Salamanca de Madrid, grabando un disco en directo con Maryní como directora musical, arreglista, pianista y corista. “Casi todas las cantautoras de esa época defendimos el derecho de la mujer a trabajar, a ser respetada en casa, a ser respetada por los padres, por los curas también (…) En fin, a tener un derecho autónomo de alma y de cuerpo dentro de la sociedad. Estamos en ello, pero todavía se dice eso de ‘sólo es una mujer’”. Son palabras de Mari Trini defendiendo su álbum de 1984 titulado Diario de una mujer, donde apuesta por la defensa de su dignidad. Esa era Mari Trini, ese es su legado. Tan guerrera, tan decidida y tan vigente aún.
Con el trío Los Panchos, en el 2001, graba algunos boleros junto a canciones de su propia autoría. Así escuchamos en su voz boleros inmortales como “Quizás”, “Historia de un amor”, “Nosotros”, “Si tú me dices ven”, “Caminemos”, “Sabor a mí”.
A principios de este siglo, retornó a su Murcia natal y allí falleció en el 2009 de un cáncer de hígado. El martes 7 de abril, en Semana Santa, se fue “marchando como las olas del mar”. Dejó escritas más de 300 canciones, 25 discos publicados e infinidad de conciertos. Tenía 61 años. Marchó dejándonos sus versos sembrados en nuestro sonoro jardín, canciones que siguen marcando huellas de valentía y libertad en el corazón de la tierra.
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