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Lunes, 5 de octubre de 2026

Los sombreros de la Patria Idiota

Los sombreros de la Patria Idiota 1

Los sombreros de la Patria Idiota

Alfonso Luna Geller

El irrespeto se volvió política. Se normalizó, como dicen ahora, y se ha vuelto rutina. El Congreso de la República —ese lugar que debería encarnar el debate de altura, el pacto social, el pensamiento colectivo— parece hoy más bien un nido de bochincheros desconocidos con ganas de figuración. Gente que no sabemos de dónde salió, pero que encontró en el grito, el insulto y el disfraz una ruta expedita a la viralización.

El 20 de julio, día en que la democracia colombiana renueva su pulso legislativo, presenciamos otro espectáculo que, más allá de la formalidad, reconfirmó la peligrosa tendencia.

Yo, que me precio de estar más o menos bien enterado, nunca había oído nombrar a la tal representante del partido Cambio Radical. Pero bastó un sombrero y una descarga de vulgaridades para que la congresista por Arauca, se hiciera famosa. No por su trabajo legislativo, ni por una gran idea, ni por representar con dignidad a su gente, sino por gritar falsedades, lanzar agravios, y convertir una sesión del Congreso en un ring de esquina política.

Para esa desafiante vulgaridad que nos asqueó, para esa ignorancia expeliendo insultos, no se requiere ni formación académica ni educación general; solo el descaro suficiente para saltar a la fama en un instante. Y claro, la protagonista de aquel bochorno, Lina María Garrido, venía embutida en un sombrero, un accesorio que, fuera de su desfachatez, era lo único que la distinguía.

Los sombreros de la Patria Idiota

Pero no es la única. En esa pasarela legislativa hemos visto senadores del Centro Democrático como Alirio Barrera y Andrés Guerra convertir el sombrero en sello personal, no como expresión cultural auténtica, sino como táctica para llamar la atención y hacer campaña con apariencia de pueblo. Como si portar un símbolo rural los hiciera automáticamente voceros del pueblo.

Qué deduce uno: a falta de argumentos sólidos y propuestas significativas para sus electores, aquellos que parecen más disminuidos intelectualmente se inventan otros medios para tratar de equilibrarse ante la opinión pública: el sombrero en el Congreso se ha convertido en una declaración de identidad vacía, un símbolo político desprovisto de contenido.

De la Patria Boba a la Patria Idiota

La historia nos legó el amargo recuerdo de la Patria Boba, un periodo de disputas, guerras civiles e inestabilidad política que nos sumió en enfrentamientos armados entre colombianos. La incapacidad de nuestros próceres para unirse, para priorizar la nación sobre los egos, facilitó la reconquista. Hoy, doscientos diez años después, podríamos decir que somos aún más bobos, pues seguimos padeciendo esa fragmentación con mayor crudeza.

Lo que vivimos hoy es, sin duda, una nueva patria boba contemporánea. Una donde los símbolos como el sombrero, o cualquier otro oropel, reemplazan las ideas, donde la apariencia disfrazada de tradición oculta la mediocridad política. Es, en una palabra, la Patria Idiota. Una «Patria Idiota» donde se premia la impostura sobre el pensamiento, el disfraz sobre el debate, y el sombrero se convierte en un atajo vulgar hacia la curul.

El futuro de la desfachatez

De aquí al próximo 8 de marzo, fecha crucial para nuestra democracia, este país seguirá sumido en esta espiral de superficialidad política. Y estoy seguro de que, en esta «Patria Idiota», algunos de estos personajes serán re-elegidos, perpetuando el ciclo de la ineficiencia. El país no va bien, es evidente, pero no solo por acciones y omisiones del Ejecutivo, sino, principalmente, por las del Legislativo y, en algunos casos, por el Poder Judicial.


Imágenes destacadas: https://n9.cl/i4a8mm

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