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Jueves, 1 de octubre de 2026

Los que debieran controlar no controlan

Los que debieran controlar no controlan

«Todo el mundo lo sabe, lo calcula, lo presiente… y ocurre. Las autoridades aparecen a hacer levantamientos de cadáveres.»

Alfonso Luna Geller

Hay un lugar en el centro del Cauca que se ha convertido en el símbolo más elocuente del fracaso del Estado colombiano. No está en una zona remota e inaccesible. No está escondido entre selvas impenetrables. Está sobre la vía Panamericana, el corredor estratégico más importante del suroccidente del país. Se llama El Cofre, y sus alrededores, municipio de Cajibío. Y allí, en ese puñado de kilómetros, los criminales hacen y deshacen mientras las Fuerzas Militares y la Policía Nacional ejercen ausencia preventiva y se presentan, puntualmente, solo cuando ya hay muertos que contar.

A manera de ejemplo, en los últimos nueve meses, entre septiembre de 2025 y junio de 2026, ese mismo sector ha sido escenario de un ataque con drones a una estación de policía, un ataque armado filmado por los propios disidentes, un secuestro de alto impacto nacional, el robo de vehículos blindados de la UNP en al menos tres ocasiones distintas, una masacre con artefactos explosivos que dejó 21 muertos, el asesinato de un líder social, el intento de incendio de una estación de gasolina, el hurto de 17 camionetas nuevas con tractocamiones incluidos, y un nuevo ataque armado esta misma semana. Todo en el mismo sector de ese corredor. Todo ante la misma inacción estructural.

Las fuerzas reactivas

Colombia se acostumbró a unas fuerzas armadas oficiales que responden, pero que no previenen. Que investigan, pero que no anticipan. Que comunican resultados operacionales —capturas, bajas, decomisos— pero que no evitan que la población civil siga pagando con su sangre la factura de una guerra que el Estado ya no controla.

La prevención exige inteligencia. La inteligencia exige presencia. La presencia exige voluntad política y estrategia. Y de las tres, en el Cauca, hoy no hay ni rastro.

¿Cómo es posible que un corredor de la importancia estratégica de la Panamericana, que conecta Colombia con Ecuador, sea tierra de nadie? ¿Cómo es posible que los mismos puntos —El Cofre, El Túnel, Las Fresas— sean golpeados una y otra vez, y que las instituciones de seguridad del Estado no hayan sido capaces de desactivar esa amenaza? ¿Dónde están los puestos de control? ¿Dónde está la presencia permanente? ¿Dónde está la inteligencia que debería haber identificado estos patrones hace meses?

La cronología del horror: un solo sector, nueve meses, una sola conclusión

Los que debieran controlar no controlan

Lo que presentamos a continuación, a manera de ejemplo, repito, no es un recuento histórico. Es una autopsia del presente. Una secuencia de hechos que ocurrieron todos en la misma geografía, protagonizados, seguramente, por el mismo grupo armado y tolerados por la misma omisión institucional:

16 sep. 2025 /  Ataque armado contra la estación de Policía de El Carmelo, Cajibío. El cabecilla alias «Marlón» lo filma y lo difunde como «parte de guerra». El Estado lo desmiente, pero no lo impide.

17 nov. 2025 /  Un dron cargado con explosivos es lanzado contra la estación de Policía de Cajibío. Falla el blanco por error del operador. Solo la torpeza del criminal evitó una catástrofe. No la inteligencia de las autoridades.

19 nov. 2025 /  Secuestro del hijo del cantante Giovanny Ayala y su manager en la vereda El Túnel, Cajibío. Autoría confirmada: Frente Jaime Martínez. Doce horas de angustia nacional sin respuesta oficial.

16 ene. 2026 /  Disidentes del Frente Jaime Martínez salen a la Panamericana en Santander de Quilichao e intimidan conductores. Se llevan 17 camionetas nuevas destinadas a un concesionario en Pasto y los dos tractocamiones que las cargan. Las autoridades guardan hermetismo.

24 feb. 2026 /  Homenaje póstumo a Belarmino Guejía Dizú, líder social asesinado en zona rural de Cajibío. Su crimen se suma a la larga lista de líderes sociales eliminados en el Cauca ante la impunidad institucionalizada.

26 mar. 2026 /  Tres cuerpos calcinados dentro de un vehículo en el kilómetro 11 de la vía hacia La Rejoya, Cajibío, sobre el puente del río Palacé. Investigación en curso, sin resultados conocidos.

25 abr. 2026 /  Explosión de un artefacto en la vía Panamericana, sector El Túnel, Cajibío. 21 muertos. Decenas de heridos. Varios vehículos destrozados. El Cauca de luto. El Estado, una vez más, llegó a recoger los muertos.

28 abr. 2026 /  Sujetos desconocidos intentan incendiar una estación de gasolina en El Cofre, frente a viajeros en la Panamericana. La catástrofe se evitó, esta vez, por fortuna.

8 may. 2026 /  Hombres armados en dos vehículos interceptan a un escolta de la UNP en El Cofre. Le roban una camioneta blindada Toyota Hilux modelo 2025, dos armas de fuego y otros elementos. Pérdidas: más de 230 millones de pesos.

17-19 may. 2026 /  Nueva intercepción en El Cofre. Esta vez la víctima es el coordinador de la Guardia Indígena del CRIC con su esquema de protección de la UNP. Son golpeados, retenidos y despojados de su camioneta. La ONU rechaza el hecho y pide investigación. El vehículo aún no aparece.

9 jun. 2026 /  Hombres armados disparan contra una camioneta de la UNP en Las Fresas, Cajibío, en la que se movilizaba el presidente del Partido Conservador en Caldono. El vehículo resulta impactado. Los ocupantes, por fortuna, ilesos.

Debieran de acabarse las excusas

Escribo sin rodeos ni eufemismos, al comandante en jefe de las Fuerzas Militares, al comandante del Ejército Nacional, al comandante de la Tercera División con jurisdicción en el Cauca, al director general de la Policía Nacional y al comandante de la Región de Policía No. 4. y, por supuesto, al presidente de la República, en su calidad de comandante supremo de las Fuerzas Armadas.

¿Cuántos muertos más necesitan para tomar el control del corredor de la Panamericana en Cajibío? ¿Cuántas camionetas blindadas tienen que robarle a la propia UNP antes de que se establezca un puesto de control permanente en El Cofre? ¿Cuántos líderes sociales, coordinadores indígenas y ciudadanos del común tienen que ser atacados en el mismo sector para que se active una respuesta que no sea el parte de prensa posterior?

El patrón es evidente, documentado y predecible. Todo el mundo en el Cauca sabe que ese corredor es peligroso. Los transportadores lo saben. Las comunidades lo saben. Los periodistas lo documentamos. Los organismos internacionales lo denuncian. La ONU lo rechaza públicamente. Solo parecen no saberlo —o no importarles— quienes tienen el mandato constitucional de garantizar la seguridad.

No hay inteligencia que justifique esta parálisis. Si la hay, entonces no se está usando. Si no la hay, entonces el problema es estructural y la responsabilidad recae directamente en quienes toman las decisiones de asignación de recursos, estrategia y despliegue territorial. De cualquier forma, la conclusión es la misma: hay responsables.

El Cauca que el Estado abandonó
Habitante de Cajibío observa daños tras ataque armado en Cauca
Imágenes creadas por: https://chatgpt.com/

Lo que ocurre en Cajibío no es una excepción. Es la regla. En el Cauca, el Gobierno Nacional perdió hace muchos años —y varios gobiernos— el control territorial, económico, social y político. Lo que queda es un Estado fantasma que aparece en los discursos, en los comunicados de prensa y en las ruedas de medios y consejos de seguridad tras cada masacre, pero que brilla por su ausencia en el territorio cuando puede marcar la diferencia.

Una exigencia, no una súplica

Desde Proclama del Pacífico no venimos a suplicar. Venimos a exigir, en nombre de las comunidades del Cauca que siguen muriendo, que siguen siendo desplazadas, que siguen viendo cómo sus líderes caen y sus derechos son pisoteados mientras las instituciones del Estado miran hacia otro lado.

Exigimos una presencia militar y policial permanente, no transitoria, en el corredor de la Panamericana entre Popayán y Santander de Quilichao, con énfasis en los sectores de El Cofre, El Túnel y Las Fresas. No operaciones de choque puntuales. Presencia disuasiva, continua y efectiva.

Exigimos que la inteligencia militar y policial deje de ser un concepto y se convierta en una práctica: identificar los patrones de acción criminal, anticiparlos, neutralizarlos antes de que produzcan víctimas. Si el mismo grupo ataca el mismo corredor en repetidas ocasiones, la falla de inteligencia es inexcusable.

Exigimos, finalmente, que el Gobierno Nacional deje de tratar al Cauca como un problema secundario. Este departamento no es la periferia del país. Es su corazón herido. Y un país no puede aspirar a la paz mientras su corazón sangra.


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