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Martes, 6 de octubre de 2026
lunes 7 julio, 2014 a las 9:32 pm

Los pueblos siempre construyen utopías

Jorge Muñoz Fernández
Jorge Muñoz Fernández
MATEO MALAHORA[email protected] 

“Cuando en la maravillosa invención de existir nos deleitamos con el triunfo la vida se convierte en Primavera, empero, si perdemos, también el infortunio debe transformarse en Primavera, en floración de estrellas, como en la soberbia y estupenda demostración de alegría protagonizada por los actores de Zorba el Griego frente a la desventura, donde la danza trasciende el fracaso y se convierte en una metáfora que restituye la realidad y recupera los sueños”.

Antes de que el color amarillo de la bandera colombiana inundara los sentimientos, los cuerpos, los campos, los caminos y calles de nuestro país, como la diáspora de los nacionales en todos los rincones del mundo, los guayacanes, elogio de la luz y apología de la victoria, con su magia amarilla, tapizaron la naturaleza y tejieron en el aire la Primavera del Fútbol Colombiano.

Fue como si “El sembrador” de Van Gogh se hubiese fugado de su obra impresionista para dedicarse a esparcir pinceladas de optimismo sobre la gris cotidianidad de nuestra geografía nacional, donde la luz había perdido, desde hace más de media centuria, su litigio a favor de la paz, la justicia y la esperanza.

Como un país recién hallado después de la tragedia abandonó el miedo, rompió la espada del odio y en defensa de la solidaridad con las víctimas, gracias a la Selección Colombia, hizo el primer milagro nacional en doscientos años de historias confrontacionales, condenó el desgarramiento de la violencia, el irrespeto por la vida y supo que estaba preparado, genuino y maduro para diseñar una nueva forma de convivencia pacífica, como si le rindiera homenaje universal al más grande humanista e idólatra de la solución benigna del conflicto armado colombiano, Estanislao Zuleta.

El profesor, el filósofo, con quien compartimos largas horas de utopías en el Bar Baco de la calle quinta en Cali, donde ceremonialmente amigos y alumnos escuchábamos sus cátedras bohemias que no teníamos el privilegio de escuchar en las aulas.

Entre expresiones de camaradería y su indiferencia por la solemnidad, íbamos escuchando su obsesión por la paz, su lúcido magisterio sobre la solución de los conflictos, pues pocos intelectuales como Estanislao contribuyeron a construir la utopía de la paz en Colombia, sostenida en su proverbial afirmación: “La erradicación de los conflictos y su disolución en una cálida convivencia no es una meta alcanzable ni deseable, ni en la vida personal ni colectiva. Es preciso, por el contrario, construir un espacio social y legal en el cual los conflictos pueden manifestarse y desarrollarse sin que la oposición al otro conduzca a la supresión del otro, matándolo, reduciéndolo a la impotencia o silenciándolo”.

Allí residía la Colombia del pensador iconoclasta, la del pensador inconforme, paradigmático, íntegro y severo en la concepción pacifista de la sociedad colombiana, que la imaginaba como lo hacían los moradores de Mesopotamia cuando interpretaban a su comunidad: un lugar donde podían reencontrar el paraíso perdido, porque habían creado un nuevo orden donde antes el caos administraba y disponía de la vida y de la muerte.

Cómo hubiera celebrado el más grande filósofo de la paz colombiana la cita del fútbol con un nuevo país, en el que la democracia sea construida con el diseño, sabiduría y arquitectura del pueblo, por el que sentía prodigiosa confianza política, admiración y respeto.

Bienaventurado sea el fútbol. Nos ha enseñado que en el país más violento de Latinoamérica no hay una bandera más fascinante y embrujadora que la paz.

Necesitamos nuevas utopías y lo estamos logrando, que nos ayuden a mirar horizontes colectivos y a comprender la ineludible importancia de la solidaridad nacional para convertirla en justicia social, que cancele los extremismos de izquierda y de derecha. Sólo en esas condiciones será posible el avance y profundización de la democracia. Al fin y al cabo el progreso no es más que la realización de los sueños. Hasta pronto.

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